Nunca he tenido muy claro dónde está el límite de la literatura. La última moda dice que todo texto puede ser literario y en las universidades se estudian cartas y diarios personales con la misma atención que si fueran un cuento de Borges, aunque con mucho menos jugo. Yo me he leído la correspondencia de Pedro Salinas y, qué quieren que les diga, es mejor su poesía.

No era una pandemia, era el fin del mundo. Un final que se estiraba. No es de extrañar que la poca población que quedaba se obsesionara con el tema de la muerte, explorándolo a través del arte