Quizá a alguno sorprenda el título de este modesto trabajo de reconocimiento y en memoria del colega Mario Renato Menéndez Rodríguez, fallecido a los 86 años de edad y más de medio siglo en el ejercicio del periodismo activo y de elevado valor profesional, acompañado de principios cívicos y éticos que lo llevaron a una lucha sin descanso y sin cuartel, afrontando todos los riesgos —hasta la vida misma—, por convertirlos en realidad mediante el trabajo incesante, aún bajo las más difíciles circunstancias de todo tipo.
Y es que, en la larga historia del periodismo mexicano, el quehacer consecuente de Mario Menéndez está entre las más fructíferas herencias del sacerdote y doctor José María Cos, que, en Sultepec, México, el 11 de abril de 1812 fundó el primer periódico independentista (El Ilustrador Nacional, más tarde El Ilustrador Americano) y no teniendo recursos ni medios con qué iniciar su publicación, lo hizo construyendo a mano las propias letras en madera y utilizando como tinta el añil de teñir ropa. El 11 de abril es actualmente el Día del Periodista Latinoamericano.
Hilos invisibles y vasos comunicantes en el tiempo y en el batallar por un periodismo digno unen a estas dos figuras que serán de mención inexorable cuando se hable de la historia del gremio en ese país, donde esta profesión ha contado con otros hijos ilustres que han sabido eludir el ambiente hostil y la corrupción y continúan en la lucha hoy mismo.
Posiblemente hasta algunos amigos, compañeros y colegas de México ignoren que la familia Menéndez hunde sus raíces en la ciudad cubana de Remedios (centro norte de la isla) y de allí partieron un día para establecerse en Yucatán, donde Rodolfo Menéndez de la Peña es considerado como Padre de la Educación. Aquí recibió a José Martí en las dos ocasiones en que el Apóstol de la Independencia visitó la península y tuvo a Menéndez de la Peña como firme puntal de apoyo y principal colaborador en estas tierras.
Mario nació, por tanto, vinculado a la pedagogía y al periodismo por antecedentes familiares y ello explica su temprana y febril actividad periodística, que comenzó en el Diario de Yucatán, del cual se alejó por evidentes discrepancias ideológicas y de principio, consustanciales con su carácter rebelde, independencia de criterio y pensamiento propio.
Al asumir la dirección de la revista semanal Sucesos —propiedad del empresario Gustavo Alatriste—, la convirtió en un medio de amplia circulación al producir reportajes periodísticos sensacionales como sus visitas a los entonces frentes guerrilleros de Venezuela, Colombia y Guatemala y las entrevistas a sus jefes respectivos.
También en ese semanario fue la entrevista al sacerdote e intelectual cubano Carlos Manuel de Céspedes, que sirvió para importantes esclarecimientos sobre las relaciones entre la Revolución Cubana y la iglesia católica de este país, un tema que había sido manipulado y distorsionado intencionadamente durante mucho tiempo por los consorcios informativos, tanto en México como en el resto del mundo.
Los sangrientos sucesos de Tlatelolco en 1968 ocurrieron cuando ya Menéndez había fundado su revista Por Qué?, que entonces reflejó con veracidad y objetividad lo que allí había pasado realmente, exhibiéndolo de manera gráfica y dramática, su actitud le costó caro: Por Qué? fue clausurada, asaltada y destruidos sus talleres mientras que el director fue a parar a la cárcel de Lecumberri y sujeto a proceso penal.
Logró salir en libertad a cambio de marchar exilado hacia Cuba, donde permaneció varios años, hasta la década de los 80 en que regresó a México. En Cuba no perdió el tiempo y estudió sistemáticamente filosofía y economía, ampliando notablemente su bagaje cultural, según el mismo reconocía.
En esos momentos lo conocí personalmente, durante sus habituales visitas a Prensa Latina —donde yo me desempeñaba—, a través de quién fue nuestro inolvidable amigo común, el colega brasileño Aroldo Wall. En esos tiempos pude estimarlo mejor y entender con más claridad sus ideas, no siempre coincidentes con las mías, pero invariablemente razonadas, profundas y honestas.
Haciendo realidad su sueño de regresar a México y reemprender la tarea iniciada, reeditó en la capital el semanario Por Qué? y en 1991 volvió a su natal Mérida y a su querida tierra yucateca donde lanzó el diario Por Esto! —que ya ha cumplido 30 años— y revolucionó por su forma y contenido el ejercicio de la profesión, tanto en el estado yucateco como en el alcance nacional. Debe recordarse que la circulación de Por Esto! fue perseguida y prohibida a los distribuidores en la capital del país, siendo víctima de ataques terroristas en varias ocasiones.
Amigo y solidario fue de todas las causas justas en México y en cualquier oscuro rincón del mundo, en particular en América Latina y el Caribe y muy en especial hacia la Revolución Cubana, que así lo reconoció al otorgarle la Medalla de la Amistad.
Si hacemos un recorrido de su trayectoria profesional y cívica, confirmamos cuánta razón hay en calificar al periodismo de Menéndez como de “madera y añil” y compararlo con el ejercido por el doctor Cos en el lejano siglo XIX.
En plena pandemia de la COVID 19 fue el trigésimo aniversario y entonces le envié un mensaje de felicitación que, en uno de sus fragmentos decía: Haberse mantenido durante tres décadas como diario de la identidad, la soberanía y la dignidad representa un esfuerzo verdaderamente loable y apreciado por todos los que aspiramos a una prensa con calidad profesional e invariables y sólidos principios éticos.
Así fue el Menéndez que conocí y recuerdo. Ahora resta para todos seguir siendo fieles a su legado.







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