El pasado 14 de marzo del presente año, en el primer día de la Feria Internacional de la Lectura de Yucatán, en el stand de Secretaría de Cultura y las Artes, tuve el gusto de presentar el Dossier del número cinco de Disyuntivas: Cuaderno de Pensamiento y Cultura. En esta edición, se reunieron textos de mujeres que desde diferentes espacios hacen y reflexionan sobre los feminismos.
Este número del cuaderno con el título “Feminismos: historia, literatura y resistencia” reúne el trabajo de nueve mujeres que, desde distintos espacios, académicos, literarios, de activismo, se han comprometido por abonar a la lucha en contra de la violencia hacia las mujeres. Muchos de los nombres en estas autoras sin duda los hemos visto en otros espacios, siendo parte de un movimiento intelectual y reflexivo en la entidad, así como de un activismo que ha ayudado sobremanera a tantas mujeres.
Este es un conjunto de textos que, aunque contempla contextos más amplios, nos invita a reflexionar sobre las situaciones también locales relacionadas a la relevancia de las luchas feministas en nuestra entidad. Me parece que es, sobre todo, una invitación a continuar en la lucha desde distintos espacios, pero continuarla también dentro de nosotras mismas, al seguir pensando y reflexionando, sobre los avances, las tareas pendientes y sobre nuestros propios sesgos. Es una invitación a seguir aprendiendo y a seguir comprometidas con nosotras mismas y con una causa histórica.
A continuación, quisiera comentarles un poco sobre los textos y los grandes ejes temáticos que abordan las autoras. Pero solo lo suficiente, con la intención de hacerles saber qué pueden encontrar en los textos y animarse a adquirirlo para descubrir, así como yo lo hice, un espacio donde sentir preocupación y enojo, pero también encontrar alivio, esperanza y ternura.
Los grandes temas de estos trabajos son, como dice el nombre del cuaderno, feminismos desde la historia, literatura y resistencia. En la parte de historia podemos encontrar un recorrido histórico de movimientos feministas del siglo XIX en Latinoamérica y lugares como Chiapas y Yucatán. Uno de estos textos es el de Francesca Gargallo, quien fue escritora, editora y traductora, con una formación en filosofía y estudios latinoamericanos. Desde su texto titulado “Feminismo latinoamericano: una lectura histórica de los aportes a la liberación de las mujeres” nos va contando la relevancia y peso histórico de movimientos feministas del siglo XIX pero también reconoce algunas limitaciones que se han tenido, por ejemplo, al luchar por llegar a cambios legislativos y una vez logrado ese propósito, bajar la guardia, dejando espacio para retrocesos en derechos.
La autora también nos recuerda que, sin restar la relevancia histórica de las luchas feministas liberales, anarquistas y socialistas de ese tiempo, también es cierto que los feminismos aun no consideraban el racismo como un elemento fundamental para entender las desigualdades estructurales de nuestras sociedades. El racismo se hacía presente al ser “incapaz de reconocer en las formas de vida de las mujeres de los pueblos originarios pensamientos y prácticas de mejora de las condiciones de vida de mujeres insertas en una relación de sobrevivencia y reafirmación grupal”. Hoy en día, nos recuerda Gallardo, los movimientos más disruptivos se encuentran justo en comunidades indígenas que hacen una crítica al modelo de vida occidental, en donde muestran no solo resistencia a través de la defensa del territorio, sino alternativas de una vida más, mucho más, amable con el medio ambiente.
En una línea similar se encuentra el texto de Elizabeth Barrios con el texto titulado “Historia del Feminismo en Chiapas. Mujeres en el Congreso Nacional de Obreras y Campesinas, 1931-1934” donde nos habla de los primeros tres congresos feministas de esos años y me parece muy rico el rescate de la pluralidad de voces que se encuentran, sobre todo de los conflictos o discusiones que podía haber entre el grupo de mujeres liberales y mujeres comunistas. También, siguiendo en esta línea sobre movimientos feministas, se encuentran los trabajos más del presente de Isabel Cristina Cetina Castillo y Tania Elizabeth Meza Pérez, quienes reflexionan sobre el movimiento feminista en Mérida y sus manifestaciones.
Isabel en su texto “Crónicas de luchas feministas y cavilaciones sobre lo que ocurre en Yucatán”, nos explica sobre las luchas feministas en Mérida, y sobre cómo la Mérida conservadora, tradicional e hipócrita hace críticas y burlas al movimiento feminista. Pero es importante seguir hablando y escribiendo, para que la voz de quienes son testigos de los eventos feministas —como las marchas del 8M— no sea solamente la de medios conservadores o la del Estado. Tania, hace justamente esto en su escrito “Cubran a la madre, maten a sus hijas” donde nos recuerda el triste suceso del 2019 en Mérida cuando en una manifestación por la lucha de decidir sobre nuestros cuerpos y la maternidad, así como por la despenalización del aborto, se hicieron pintas al monumento a la madre y la sociedad conservadora, machista e hipócrita, criticó duramente el suceso, estando en ese grupo incluso intelectuales reconocidos y el mismo alcalde de la ciudad. El ayuntamiento incluso puso una denuncia por vandalismo. De nuevo, la crítica sobre la forma “correcta” en el que las mujeres deben manifestarse, porque de lo contrario son demasiado emocionales, locas, feminazis.
El dossier también incluye dos textos que se acercan al feminismo desde la literatura y la historia cultural. El primero, de Verónica García quien analiza la figura de Gertrudis Gómez de Avellaneda, una de las autoras más importantes del romanticismo cubano del siglo XIX. A través de su obra y de su biografía, el texto muestra a una mujer que desafió muchos de los mandatos sociales de su época: desde rechazar un matrimonio arreglado a muy temprana edad hasta construir una carrera literaria propia. En este sentido, la autora recupera la idea de Avellaneda como una figura profundamente rebelde para su tiempo, a quien algunas críticas han considerado incluso una de las primeras feministas en sentido histórico.
A su vez, el trabajo de Georgina Rosado titulado “De lo personal a lo político en la narrativa literaria de Rosario Castellanos” sobre cómo la vida personal de Rosario Castellanos influyó en su escritura y en su feminismo, dándole una sensibilidad en la forma de escribir que hasta el día de hoy nos mueve y nos conmueve. El texto hace un repaso por distintas obras, como Balún Canán, donde se cuenta la historia de una niña y su nana indígena, a quien con el tiempo deja de reconocer. “Cruel es la sociedad en la que mujeres indígenas son necesarias, pero no tienen nombre” nos dice Georgina. También aborda Mujer que sabe latín… (1971), recordando el contexto urbano de las décadas de los sesenta y setenta, cuando existía un importante movimiento social de mujeres que luchaban por sus derechos políticos, sociales y reproductivos; y al mismo tiempo, una fuerte campaña de estereotipos de belleza y de formas prescritas de realización femenina.
Por último y algo muy importante es que Georgina aclara sobre la común y odiosa comparación que insiste la sociedad en hacer, respecto a “las escritoras de antes, como Rosario Castellanos, sí eran feministas, no como las de ahora”. En realidad, las de antes y las de ahora, nos dice Georgina, somos todas feministas, seguimos queriendo lo mismo: “una realidad alterna, donde vivamos felices, libres y en plena igualdad”.
El artículo de Elvia Benítez titulado “Amores que matan”, reflexiona sobre la relación entre las ideas tradicionales del amor romántico y la violencia contra las mujeres. El texto recuerda algunos casos de feminicidio que han marcado profundamente la discusión pública en México y plantea la necesidad de cuestionar las formas en que socialmente se ha construido la idea del amor de pareja. La autora señala que muchas formas de violencia se sostienen en la idea de posesión sobre las mujeres, y propone repensar las relaciones afectivas desde principios de igualdad, respeto y cuidado mutuo, y se pregunta: “¿Cómo podríamos entender entonces el amor como seres sociales, necesitados de cariño, compasión, cuidados y compañía? ¿Cómo construir y vivir las relaciones amorosas y de pareja en un clima de calidez, entendimiento y equidad?”
Por último, están los textos sobre educación, de Daniela Olivares y Rosa Cruz.La primera, con su trabajo titulado “Educación feminista para (re)construir la sociedad” nos recuerda la importancia de ser siempre autocríticos y de que deconstruirnos implica ser conscientes de que todas y todos podemos tener actitudes machistas, incluso quienes nos identificamos como feministas, porque muchas veces no reconocemos nuestros propios privilegios o no sabemos identificar las luchas y situaciones de otras minorías. La educación aparece como un camino fundamental, aunque avanzar en él resulta difícil dentro de una cultura profundamente machista.
Por su parte, Rosa reflexiona sobre la necesidad de una educación con perspectiva de género que no se limite únicamente a discursos institucionales o a protocolos formales. Su texto plantea preguntas fundamentales: qué tipo de educación necesitamos para prevenir la violencia, cómo se construyen espacios educativos realmente seguros y qué papel juegan las instituciones en la transformación de estas desigualdades.
Los textos reunidos en este dossier de Disyuntivas sin duda hacen reflexionar sobre lo que hace falta. En lo personal me recuerda la urgencia de organizarnos, aun con miedo, porque los años venideros no parecen ser más fáciles. Presenciamos actualmente un ascenso de ideas de extrema derecha, que incluye la existencia de incels y de fundamentalismos religiosos y políticos que buscan eliminar diversidad y formas de vida no hegemónicas, como borrar pueblos completos y su historia. Las mujeres necesitamos cuidarnos entre nosotras, pensar, escribir, compartir y tener espacios, como es este cuaderno, donde leernos y darnos apoyo. Las luchas feministas, como muestran estas autoras, es diversa, entonces la invitación sigue siendo aprender y seguir radicalizando nuestro pensamiento a través de la deconstrucción.
Los textos de estas autoras son también inspiradores. En ocasiones ser feminista pueda incluir sentimientos de desesperanza, enojo y frustración; pero también es verdad que, en el camino por una sociedad más igualitaria, en varios aspectos ya hemos ganado. Porque al hacer el ejercicio de cuestionar, de ser autocríticas, de escribir y de compartir, hacemos comunidad, creamos redes y creamos espacios seguros y de confianza entre mujeres. Eso nada nos lo puede quitar.






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