Cuidad de México, a 17 de marzo de 2025. Todo mundo tiene un plan hasta que recibe el primer golpe. Llevo nueve 9 días en la abreviada, caótica y fascinante CDMX y ya tendré que regresarme el miércoles a Mérida. Crónicas de una mudanza fallida. A veces la familia no es lo que parece.
Llevo un año espectacular (hay que pronunciarlo con mucha onda: es-pec-ta-cu-lar). Hay sarcasmo de por medio. Bueno, todo comenzó un poco antes. En noviembre me echaron del trabajo, emulé el loco fin de semana de John Lennon que duró meses, profundicé en el dolor y en el vacío (siempre que se toca fondo, hay que recordar que siempre hay más fondo). En diciembre salió una propuesta de trabajo. Se concretó hasta marzo. De repente, todo se fue al carajo. Más fondo, más miseria. Me ausenté de mi mismo.
Oh no, no quise sentir nada de eso. Denme al algo para entumirme.
“You can´t always get what you want…”
En todo eso venia pensado mientras camino un par de cuadras hacia el gimnasio. Pensar es mi bendición y mi perdición. Ocho o nueve de la mañana. Olvidé que soy provinciano y no me puse una sudadera. Aplausos, Enrique Vera.En la esquina de la plaza donde se encuentra el gimnasio, la típica escena del rompimiento (pobre tipo al que dejan, nueve de la mañana, game over). El rompedor de la relación está cruzado de brazos. Quiere largarse de ahí pero no se va por lástima; el cortado está recargado sobre una jardinera en una pose lastimera que me recuerda a la estatua de El Pensador región cuatro. Nueve de la mañana. Tremendo sinvergüenza el rompedor de la relación. No son horas, caradura. Ah, el punzante aguijón del amor.
El amor es lo que sientes por alguien y es eso mismo que ese alguien siente por alguien más. El amor no se crea ni se destruye, solo cambia de cama.
Pero bueno, hacer ejercicio me ayuda a liberar endorfinas y a pensar en la existencia humana. Si quieres estudiar el comportamiento humano, ve a un gimnasio. Ya no utilizo audífonos porque ahora tengo que soportarme (nada sencillo). Una conversación cualquiera: “Pues sí amiga, es que sí es buen un partido”. No, querida. Tù no quieres casarte, ni tener hijos, ni tener un trabajo “cute” con la carrera “cool” que estudiaste, es el capitalismo pisándote talones, exigiéndote hacer una transacción con el único capital que tienes: tu atractivo físico. Todo esto me hace pensar en la ultima boda que asistí de mi generación. Puras transacciones.
Es el capital, amigos.
En fin, el frasco (y sus remanentes) hemos decidido divorciarnos por diferencias irreconciliables. Todavía queda por resolver ese agujero negro qué hay en mi corazón. Tal vez salir de Mérida fue una bocanada de esperanza.
Posdata: la cereza del pastel fue la estafa que me perpetraron dolorosamente con unos falsos boletos del Vive Latino. Paulina, si estás leyendo esto… ojalá estés usando ese dinero para algo positivo…o no, ojalá estés en el averno de los gandallas. ¿Será que la persona que me bloqueó en el trabajo por capricho, mi tío el canalla, el cual me invitó amablemente a desalojar su departamento y Paulina la estafadora se conocen o son síntomas de nuestro tiempo? ¿Simples sinvergüenzas o evidencias una fragmentación de cada vez más evidente de los vínculos sociales ? Por cierto, quiero dejar algo bien claro. Como dijo la gran Pamela Anderson: “No soy una víctima. Me he puesto en situaciones peligrosas y he sobrevivido a ellas”.
Prendo la tele: Teuchitlán. Otra clase de geografía por medio del horror.







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