Día de Muertos, celebración a la vida

Se dice que los mexicanos nos burlamos de todo, hasta de la muerte. Difiero de esta afirmación. En víspera de la celebración del Día de Muertos, es importante reflexionar sobre el significado que este día tiene para nuestro pueblo.

A lo largo del país se realizan celebraciones diferentes, pero compartimos en cada una de ellas un mismo significado: la celebración de la vida de quienes ya no están en el plano terrenal.

Ciertamente, pareciera que hay elementos que desvían la atención del significado de la celebración, como por ejemplo confundir el pan de muerto con una delicia culinaria y no con un elemento cultural de recuerdo de nuestros fieles difuntos. Hoy día, semanas (incluso meses) antes de las fechas de celebrar, ya las panaderías y supermercados ofrecen diferentes opciones de pan de muerto, que verdaderamente provocan un consumo masivo, que más pareciera un disfrute gastronómico que un festejo póstumo. Incluso se han creado variedades insospechadas de panes de muerto, como aquellos rellenos de crema pastelera, avellana, chocolate e incluso queso de bola, llevando al extremo gourmet la tradición. Claro, hay que adaptarse a los tiempos, yo recuerdo que cuando era pequeño, el pan de muerto era algo impensado en un altar tradicional yucateco, ya que esta era una tradición del centro del país, pero que hoy día se ha transformado en una aculturación muy bienvenida por todos.

En los altares tradicionales yucatecos se acostumbraba poner pan dulce, pero de la variedad de pan local, acompañado del tradicional mucbilpollo o pib (los puristas me corregirán afirmando que pib es el método de horneado enterrado, pero para la mayoría de la población pib es sinónimo de mucbilpollo). Que, por cierto; de igual manera, con mucha antelación es posible ver diversas publicaciones que ofrecen pibes por encargo.

Pero todo pasa a segundo plano cuando llega el día, y en todo el estado la atención se centra en lo realmente importante: recordar a nuestros seres queridos que han partido. Tradicionales o no, pero en las casas se ponen altares y se convierte en una verdadera celebración toda la preparación. Desde lavar y planchar los manteles, seleccionar las fotos de nuestros difuntos, elegir las ofrendas, preparar el café, el chocolate, elegir las flores y llenar los floreros buscando que queden lo más lindos posible y lo más importante: traer de regreso la memoria de nuestros seres amados que se adelantaron. Pero no de una manera triste, sino con la alegría de haberlos tenido cerca. Celebraciones que van desde los rezos, pasando por las historias y anécdotas sobre ellos, hasta la charla íntima y silenciosa con ellos.

Recordarlos no es una celebración a su partida, sino a su vida. Damos gracias porque su presencia fue significativa para nosotros y si bien nos duele que se hayan ido, nos hace felices que hayamos compartido un breve tiempo en este mundo. No, los mexicanos no nos reímos de la muerte, celebramos la vida y no permitimos que ni la muerte nos pueda apartar de nuestros seres amados.

Doctor en Ciencias de la Educación con más de 25 años de experiencia en educación. Asesor Técnico Pedagógico de Secundarias en Yucatán, México y catedrático de los programas de Licenciatura, Maestría y Doctorado en el ámbito educativo en diferentes Instituciones del Sureste de México. Integrante de equipos Nacionales y Estatales en el proceso de la Reforma de la Educación Secundaria en el 2006 e integrante de mesas técnicas estatales del nivel de secundaria. Capacitador Nacional y Estatal en los procesos de reformas educativas en el 2006 y 2011. Tallerista y ponente en Congresos Internacionales, nacionales y locales del ámbito educativo y de la lectura y la escritura.