Mundial 2026 ¿una fiesta deportiva o un mundial con temor?

No puedo decir que soy un aficionado al futbol de toda la vida, sería un completo engaño. La realidad es que en mi infancia el futbol era un tema de segunda, tercera, cuarta… o tal vez quinta importancia. Nací en 1971 y creo que mi primer contacto consciente del mundial de futbol fue España 1982. En el 78 era demasiado pequeño y la fiebre mundialista no se vivía como hoy.

Pero a los 13 años, cuando por primera vez pateé un balón en las calles del barrio, fue cuando el deporte súbitamente me atrapó. Mi primer partido en una liga organizada fue hasta los 15 años, pero ya vivía dentro de mí la emoción de correr tras una pelota y competir contra los amigos en aquellas calles y plazas cívicas que mágicamente se convertían en estadios. Desde aquel momento el futbol se convirtió en una afición, un gusto y una pasión. Quienes están contagiados de este mismo virus pueden entenderme perfectamente.

Desde ese momento, el mundial de futbol se convirtió en el evento deportivo más importante para mí. Imperdibles todos los partidos de los mundiales del 86, 90, 94, hasta que la responsabilidad laboral ya puso prioridad al trabajo sobre ver tantos juegos como sea posible.

Este año el mundial de futbol será uno especial, nuevamente un mundial en casa, en México.

Aunque mucho se diga que realmente el evento es de Estados Unidos y que tanto a Canadá como a México les han repartido migajas, pero el mundial es el mundial.

Recuerdo haber disfrutado mucho como aficionado el mundial de México 86, además de ser el primer mundial que ya con plena consciencia anhelé su llegada, fue en casa. Las grandes hazañas, las inolvidables jugadas, los mejores goles de la historia de los mundiales, el de Maradona y el de Negrete. Inolvidable todo.

Siendo un adolescente en aquella época y hoy, siendo un hombre de más de medio siglo de existencia, la emoción es comparable. Vivir, así sea a la distancia otro mundial en mi país es un privilegio (aunque ahora estos eventos se han gentrificado y se han convertido en producto de lujo solo al alcance de unos cuantos) que con impaciencia espero para su inicio.

Pero a diferencia de mi versión adolescente e ingenua que vivió el mundial del 86, mi versión actual que vivirá el mundial 2026 se encuentra preocupada.

Muy atrás quedaron los días en que prendía la televisión solo para ver series, caricaturas y obviamente partidos de futbol. Ahora estoy mucho más consciente de los acontecimientos que ocurren en el país y en el mundo… y mi emoción mundialista se eclipsa.

La llegada de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos por segunda ocasión ha traído una serie de acontecimientos que han afectado las relaciones entre ese país y el nuestro… y el resto del mundo.

Las actitudes bravuconas de Trump esgrimiendo aranceles como armas poderosas (la economía puede ser más devastadora que las balas) tensaron las relaciones tradicionalmente cordiales entre el gobierno mexicano y el norteamericano.

Comprendo el interés y el discurso de Trump en su alegato de querer reposicionar la industria norteamericana protegiendo lo que dentro de su país se produce, y tratar de regresar las inversiones de las grandes empresas estadounidenses a su territorio, ya que muchas marcas de Estados Unidos han dejado de manufacturar sus productos ahí y han buscado otros lares donde su ganancia económica sea mayor (sin cuestionarse sobre las condiciones laborales de sus trabajadores en otros países, pero esa es otra historia). Sin embargo, la estrategia que ha esgrimido ha generado tensiones, reclamos y batallas arancelarias entre Estados Unidos y varios países.

Esta batalla contra los productos extranjeros Trump la ha extrapolado a la migración hacia los Estados Unidos de América. Ciertamente esta administración federal no ha sido la mayor deportadora, ya que el presidente Obama en su primer mandato tuvo un promedio de más de mil deportaciones al día, más que cualquier otra administración en los últimos 30 años. Sin embargo, las formas en que el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE por sus siglas en inglés) en esta administración ha realizado detenciones han sido actos cargados de racismo, desprovistos de humanidad y han rayado incluso en el terror. Los agentes han detenido indiscriminadamente incluso a residentes legales, norteamericanos que nacieron ahí con ascendencia latina en incluso han separado a familias, deteniendo incluso a menores de edad apartándolos de sus padres. Las acciones de los agentes han generado indignación entre la misma población norteamericana, generando repudio y manifestaciones, que incluso han derivado en fallecimientos de manifestantes.

Esta es la primera bandera roja que genera incertidumbre a los aficionados latinos que aspiren a acudir a disfrutar el mundial en tierras norteamericanas. Y enfatizo lo de latinos, porque pareciese que el ICE ha enfocado sus acciones hacia este grupo de la población. Más de una ocasión he leído de detenciones incluso de personas con visas válidas y documentos en regla que pasan varios días detenidos, solo por ser sospechosos por su origen latino, pero no he leído de casos similares entre visitantes de otras etnias.

De la misma manera, las presiones de Trump contra nuestra presidenta en cuestiones de la lucha contra el narcotráfico mexicano (igual otra historia hablar de la alta demanda de sustancias ilícitas dentro de los Estados Unidos, las redes de distribución internas ahí, cómo les llegan a los cárteles mexicanos armas de uso exclusivo de las fuerzas armadas fabricadas en Norteamérica, etc.) han generado tensiones bilaterales importantes.

Realmente en mi ingenuidad por elección, quiero pensar que han sido una coincidencia estas presiones con el reciente golpe al mayor cartel del país y uno de los más peligros del mundo, el Cartel Jalisco Nueva Generación; la noticia que dio la vuelta al mundo: el abatimiento de Nemesio Osegera Cervántes, “El Mencho” el pasado 22 de febrero.

Estos hechos desataron una ola de violencia en diferentes ciudades y estados de México, siendo igual noticia a nivel mundial las reacciones del Cartel ante el operativo militar del gobierno mexicano.

Todo esto a escasas semanas del inicio del mundial.

Los comentarios entre varios amigos eran de que todo esto ponía en riesgo la realización de partidos del mundial en territorio mexicano. Evidentemente no es buena señal que la violencia en las calles del país se hubiera desatado; pero yo argumentaba que eso era un riesgo calculado y que reforzando la seguridad no debería haber problemas. Mi argumento era simple: las motivaciones de los carteles son distribuir su producto y generar ganancias económicas cada vez mayores. Teniendo un evento en el país que se espera atraiga a muchos visitantes (reitero que este es una argumentación dentro de mi elegida ingenuidad) les permitiría tener posibilidad de distribuir su producto entre los visitantes, así como cobrar “protección” a los empresarios de las ciudades donde se llevaría a cabo los partidos; por tanto, pensaba que el que los carteles cometieran atentados durante el mundial era poco probable.

Ciertamente, en la historia de los grandes eventos deportivos ha habido atentados terroristas. El primero y más sonado fue aquel cometido en los Juegos Olímpicos de Munich 1972, cuando miembros del grupo palestino «Septiembre Negro» irrumpieron en la villa olímpica, asesinando a dos atletas israelíes y tomando a nueve más como rehenes para exigir la liberación de presos palestinos.

El futbol no se ha salvado de estos atentados, ya que, en la Eurocopa de 1996, que se realizó en Inglaterra, el Ejercito Republicano Irlandés (IRA, por sus siglas en inglés) durante el certamen, hizo estallar un coche bomba en Manchester, dejando casi 200 heridos y grandes daños materiales en el centro de la cuidad.

Durante los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996, en el parque olímpico centenario estalló una bomba de fabricación casera, matando a 2 personas y verdadero responsable fue Eric Robert Rudolph, un extremista estadounidense con ideologías antiaborto y homofóbicas que confesó este y otros atentados.

Ambos atentados separados con apenas unas semanas de diferencia, en Manchester el 15 de junio y Atlanta el 27 de julio.

Y más recientemente, en el marco de la semifinal de la Champions League, el torneo de futbol de clubes más importante del mundo, que el 1 de mayo de 2002 enfrentó a dos de los equipos más importantes de España y el mundo: Real Madrid contra el Barcelona. Esto fue aprovechado por el grupo terrorista vasco Euskadi Ta Askatasuna (ETA; «País Vasco y Libertad» en euskera) para hacer explotar un coche bomba a las afueras del estado Santiago Bernabéu, el templo Madridista. Este acto dejó 17 heridos y afortunadamente ningún fallecido.

Todos estos atentados tuvieron un denominador común: un motivo político o ideológico.

Bajo esta lógica, lo ocurrido en México no tendría un elemento que pudiera pensar en atentados por parte de los carteles para boicotear el mundial.

Pero, repentinamente, todo cambió.

Y es donde nuevamente entra Trump, quien iniciando el año 2026 convirtió sus reiteradas amenazas en acciones intervencionistas y colonialistas, cuando en enero invadió Venezuela, derrocando al presidente Nicolás Maduro y deteniéndolo, con acusaciones de terrorismo y narcotráfico (que por cierto hasta ahora no se han comprobado), que parecieron más pretextos para controlar el petróleo venezolano que verdaderos delitos comprobados.

Y el 28 de febrero el ejército norteamericano, en una operación conjunta con Israel realizaron un ataque militar conjunto contra Irán, que derivó en la muerte del líder supremo del país, el Ayatola Ali Jameneí. A diferencia del operativo militar en México que derivó en el abatimiento del Mencho, en Irán se realizó un bombardeo que afectó y asesinó a gran número de población civil, incluyendo un alto número de niños.

Este ataque propició una reacción iraní atacando bases y objetivos militares norteamericanos e israelíes en la región del golfo pérsico. Israel, Barehin, Qatar entre otros.

Aunque oficialmente no ha habido una declaración de guerra por parte de Estados Unidos, de hecho, el enfrentamiento ya es sin duda una.

Y repentinamente el elemento político-ideológico entra en la ecuación del mundial de futbol.

Ya de por sí la amenaza del ICE era un factor desmotivante para asistir a partidos en ciudades como Miami, Los Ángeles, o Dallas, ahora esta guerra que enfrenta Estados Unidos contra Irán le agrega un factor de alto riesgo.

Importante recordar que Irán es uno de los países clasificados al mundial 2026 y jugará contra Nueva Zelanda y Bélgica en Los Ángeles y contra Egipto en Seattle.

Es inevitable pensar en la verdadera posibilidad de un atentado en el mundial en territorio estadounidense. Y no solo en los juegos donde participe Irán, sino prácticamente en cualquiera de las sedes.

De repente, a menos de 100 días del inicio del mundial, el anhelo y la ilusión deportiva se convierte en un justificado temor.

No cabe duda de que hay muchísimas cosas más importantes que el futbol, incluso más que el mundial. Pero sin duda el mundial es el evento más visto y seguido en el mundo.

Espero que en unos pocos meses vuelva a escribir nuevamente sobre las emociones que este tercer mundial en México me dejó, y no sobre un primer atentado mundialista. Que todo lo que prevalezca entre junio y julio 2026 sea lo superfluo de la pasión futbolística y nada más.

Que todos disfrutemos del mundial y las hazañas futboleras.

Doctor en Ciencias de la Educación con más de 25 años de experiencia en educación. Asesor Técnico Pedagógico de Secundarias en Yucatán, México y catedrático de los programas de Licenciatura, Maestría y Doctorado en el ámbito educativo en diferentes Instituciones del Sureste de México. Integrante de equipos Nacionales y Estatales en el proceso de la Reforma de la Educación Secundaria en el 2006 e integrante de mesas técnicas estatales del nivel de secundaria. Capacitador Nacional y Estatal en los procesos de reformas educativas en el 2006 y 2011. Tallerista y ponente en Congresos Internacionales, nacionales y locales del ámbito educativo y de la lectura y la escritura.