Comentarios al libro “Los cuidadores del cerro”

Los cuidadores del cerro es un libro que representa un puente entre las voces de los abuelos y abuelas, y a la vez nos enseña a valorar las tradiciones mayas. Pero antes quisiera agradecerle al maestro Luis Antonio Canché Briceño por permitirme acompañarlo en la presentación de su libro. No es sólo una antología de cuentos, sino un acto de resistencia cultural y preservación de la memoria oral maya. En cada página podemos encontrar relatos caracterizados por sabiduría y enseñanza. Las personas que lo hicieron posible al compartir estas historias muestran la cultura maya, viva y latente.

El trabajo es el resultado de los grandes conocimientos heredados por nuestros antepasados, provenientes de la sabiduría maya. Estos catorce relatos son herencia de la oralidad maya, que fue posible redactar a través del maestro Luis Antonio. Su conocimiento sobre la cultura maya, la lengua, las costumbres y la cercanía hacia los habitantes de Chumayel, Mama y Peto, entre otros municipios, son también el gran compromiso y pasión que nos transmite en un libro que se distingue por ser una colaboración comunitaria.

Es importante destacar la gran labor que realizó al escuchar las historias de vida y las anécdotas de los pobladores de esos municipios. El libro está escrito en español y en lengua maya, lo cual me parece un gran acierto, pues respeta la voz viva de quienes nos muestran sus realidades cotidianas. En cada relato se podrá encontrar una pequeña semblanza para conocer a quienes ayudaron a crear “Los cuidadores del cerro”. También es relevante mencionar que entre los relatos podremos encontrar la historia “Un viaje lento al pueblo de Birú”, de Gloria María Concepción Briceño Guillermo, madre del autor.

Todos los cuentos del libro reconstruyen los saberes de nuestros antepasados que con el tiempo se han ido olvidando. Sin embargo, es también un claro ejemplo de que la cultura maya prevalece a través de la lengua, la escritura, las tradiciones y los saberes. Al comenzar a leer nos introducimos a la identidad maya, a la resistencia de lo que el colonialismo nos ha ido quitando. Nos comparte entonces que no existe una única manera de ver el mundo. Por ello, cada página muestra la forma de ver el mundo desde las tradiciones vivas y nos hace recordar que no solo existe un único conocimiento, como el académico o el científico: hay más.

Este trabajo valida el conocimiento maya y hace muestra de su mundo simbólico, dándole espacio a cada persona para hablar de sus realidades. En los cuentos nos habla de los animales protectores, de los cuidadores de la milpa, del mal aire, de la bujería y los aluxes, así como también de historias fantásticas de animales que hablan entre sí, o los sueños, los presagios, los muertos y las personas que se convierten en animales conocidos como Wáay, y de los santos.

Mientras iba leyendo recordaba algunas historias que ha contado desde nuestra infancia, como por ejemplo “El camino a Junto Cháak”, sobre los finados y las velas que al final terminan siendo huesos, o esos “Pequeños remolinos” del mal aire, recordando lo que mi mamá y mi abuela me decían de no dormir cerca de una ventana abierta para no agarrar un “mal aire”, nocivo para la salud.

Me gustaría mencionar que me llamó mucho la atención la semblanza de Doña Juana Bautista Xiu Gonzalez, con esas nociones de sobadora, que me hizo recordar el caso de una compañera de trabajo que no podía embarazarse y comenzó a ir con distintos doctores sin mayor resultado, hasta que un día me comentó que luego de haber ido con una sobadora por fin lo había logrado.

Sé que para algunas personas es difícil creer en estas prácticas y rituales, pero quienes hemos tenido contacto con familiares, amistades y conocidos que nos han compartido sus historias, sabemos que los aluxes esconden objetos o hasta lanzan piedritas para hacerse presentes. O también cómo la maldad entra a través de la comida, según relata el cuento “El hechizo de doña Xt’uup”, sobre la brujería.

Para finalizar, quisiera mencionar el cuento “El santo negro”, recordando una historia que nos comparte Elena Poniatowska en su novela “Hasta no verte Jesús mío”, pues ambas historias abordan el tema religioso y la aparición de personas muy parecidas a esos santos. Con mucho gusto reconozco el trabajo realizado por el maestro Luis Antonio para reunir y publicar estos relatos y preservar la tradición oral maya. Hoy se está perdiendo, pero gracias a organizaciones, programas de radio, libros o convenciones continúa más que viva. La lengua maya no sólo es parte de la cultura yucateca, sino igualmente una identidad que visibiliza la necesaria y bienvenida resistencia.

Es Licenciada en Antropología Social por la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY). Ha participado en la logística del congreso UC-Mexicanistas en el marco de la Feria Internacional de la Lectura Yucatán (FILEY) entre 2014 y 2024. Es columnista en Novedades Yucatán y también ha publicado en Universo de Letras de la UNAM “Unalome” y “Para aquellos amores que existieron”. Participó con la ponencia “Un paseo por Mérida en resistencia” en el Encuentro Cultural y Literario “Mérida en su caleidoscopio”. Además en su tesis de licenciatura se interesó por investigar sobre la violencia de género y sus obstáculos en las instituciones públicas. Se ha desempeñado como docente en educación básica y educación superior. Ha sido jurado de diversos eventos. También ha participado como ponente en distintos proyectos desde su formación como antropóloga.