Días de confinamiento por la COVID – 19. Poco más de las ocho de la tarde y los aplausos van disminuyendo. Dos extraños frente a frente.
CARMEN:—¿Todo bien?
GONZALO:—Bien, gracias. ¿Y usted?
CARMEN:—Bien. Sólo una cosita. Creí que en esa casa no vivía nadie.
GONZALO:—No me extraña. Pero hace años que me vine a vivir aquí.
CARMEN:—¿Es posible? No le había visto nunca.
GONZALO:—Estoy viajando continuamente.
CARMEN:—¿Azafato?
GONZALO:—Trabajo en tierra, pero sí, tiene que ver con el turismo. ¿Y usted? Déjeme adivinar, ¿empresaria…, profesora?
CARMEN:—Escribo.
GONZALO:—¿No me diga? A mí me encanta la novela policíaca, las de terror… Edgar Allan Poe… ¿Es usted famosa? Quiero decir…
CARMEN:—No, no pasa nada. Escribo para una agencia literaria: informes, documentación, presentaciones, correcciones… Y también trabajo de negro. ¿Sabe usted lo que…? (Gonzalo asienta con la cabeza). Pues eso.
Hace más de diez años lo dejé todo y me vine aquí a vivir, y a escribir una novela. Más que nada para mantenerme en forma.
GONZALO:—¡Qué interesante! Y qué suerte tener algo qué hacer en estos días tan… ¿Cómo se llama la novela?
CARMEN:—No está bautizada. Ya le digo: no tengo prisa.
(Pausa)
GONZALO:—Ayer la policía detuvo a uno que paseaba con un perro de peluche. Desde luego…
CARMEN:—Este pueblo no sabrá comportarse nunca. Ahora, sin las fiestas ni folclor, a ver cómo se las arregla.
GONZALO:—Sacaremos lo mejor de nosotros mismos, seguro.
CARMEN:—Espero.
GONZALO:—Han subido videos una hartá de graciosos. Con la gracia no se arregla nada, pero el ánimo es muy importante.
CARMEN:—Ya.
(Pausa)
GONZALO:—Cuando publique la novela, lo mismo se hace famosa y le veo por la tele, aunque…
CARMEN:—No creo. No me gustan las presentaciones. No soporto los actos públicos. Prefiero estar en la sombra. En el mundo de la escritura son todos y todas unos acomplejados, ególatras y vanidosos. No necesito la fama. Yo sólo necesito la pasta y toda la libertad del mundo.
GONZALO:—Para poder viajar, supongo.
CARMEN:—Ya viajé bastante cuando era joven.
GONZALO:—Entonces, ¿para qué quiere la libertad?
CARMEN:—Para moverme por los espacios interiores libremente. La gente tiene miedo a ocupar sus espacios y se atiborran de… Demasiado consumo, demasiados libros… Hoy día escribe cualquiera. Aunque no tenga nada importante qué decir.
GONZALO:—Si lo dice usted, que es creadora, pues…
CARMEN.- Yo soy una imitadora. Y no me quejo. Mi especialidad es el pastiche. He ganado algunos certámenes importantes, pero el premio se lo ha llevado el marketing; los auténticos farsantes.
GONZALO:—¡Qué fuerte!
CARMEN:—En el mundo académico y de los escritores hay mucha mierda, mucha banalidad. Y mucha tristeza a causa de la envidia. Todos y todas son unos párvulos insatisfechos. ¿Cree usted que si fueran felices escribirían? Son todos unos desgraciados existencialistas con pañuelos de colorines al cuello.
GONZALO:—Pero los que triunfan son buenos, ¿no?
CARMEN:—Triunfa quien gana una batalla. Yo no estoy hecha para la guerra. No veo al otro como enemigo. Leo a cualquier escritor; detecto sus claves, encuentro sus recursos y lo imito a la perfección, A veces lo supero.
GONZALO:—Eso es un arte.
CARMEN:—Artesanía pura y dura.
GOZALO:—Curioso… Pues me alegro tener a una vecina artesana con la que poder hablar de cosas interesantes.
CARMEN:—Gracias. Ya nos vemos mañana.
GONZALO:—En el mismo sitio y a la misma hora. Que descanse.
CARMEN:—Gracias. Igualmente.
FIN
Nota del autor: En esta pieza de teatro brevísimo, urgente. La propuesta escénica es que los dos personajes estén en la misma línea del escenario frente al espectador. En la vida real, estarían frente a frente.









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