La iglesia: un elemento de continuidad importante dentro del sufragio femenino en Yucatán (Primera parte)

El papel de las mujeres en Yucatán durante el Porfiriato

Para entender la actuación de las mujeres en el siglo XX es importante tomar en cuenta los elementos de continuidad que han subsistido hasta el presente, profundizar en el recuerdo pretérito que aún prevalece en la mentalidad de la sociedad. Para ello es necesario remitirnos a los aspectos de la vida cotidiana, estudiar lo que ocurre en la familia, el hogar, las relaciones interpersonales, enfatizar en “aquello que perdura en la sociedad a lo largo del desarrollo histórico más que en los acontecimientos singulares”.

Para detectar esos elementos de continuidad es necesario revisar la herencia de la época colonial pues es en ella donde varios investigadores concuerdan al decir que surgieron los estereotipos femeninos tales como: la sumisión absoluta al hombre, la predestinación al matrimonio, la permanencia en el hogar, el cuidado de los hijos, el procurar el recato o la virginidad, viéndose la mujer durante los años de dominación española como objeto de compañía y ayudante del hombre. Estereotipos que han ayudado a construir el papel de la mujer dentro de la historia los cuales hasta la fecha perduran y son conservados por la sociedad y algunas mujeres ayudando a la formación de una serie de prejuicios a los que se enfrentan día a día.

Una continuidad importante en la vida de las mujeres de la época colonial al siglo XIX la cual todavía se puede detectar en el siglo XX que ayudó a construir y preservar esos estereotipos es la Iglesia. Al ser una institución fundamental dentro de la evolución de la mujer en la sociedad es necesario hacer una revisión de las alianzas que se han dado entre Iglesia-Gobierno para mantener el control femenino.

Durante el Porfiriato la Iglesia en Yucatán adquiere mayor progreso al fusionarse con el Estado. Franco Savarino dice que: “La Iglesia yucateca, en suma, administraba y supervisaba de lejos y desde arriba a una población de fieles que continuaban con unas prácticas autogestionadas de lo sagrado heredadas de la época colonial (…) Hacia finales del siglo XIX, sin embargo, la Iglesia decidió cambiar su actitud frente a la religión popular: Menos tolerante y decidida a hegemonizar el campo religioso”.

Ese cambio de actitud la llevó a vincularse con el Estado y con ello a recuperar terreno que había perdido en las Leyes de Reforma dentro de lo social, cultural, económico y político. A partir del porfiriato las relaciones Iglesia-Estado se homogenizaron para llevar acabo un mayor progreso dentro del territorio yucateco, ejemplo de ello es la labor del obispo Crescencio Carrillo y Ancona cuyo principal fin fue el de establecer “vínculos entre el obispado y los grupos oligárquicos liberales moderados y abandonar a los tradicionales aliados conservadores”, convirtiendo a la Iglesia poco a poco en una aliada indispensable en todas las acciones del estado; los grupos de poder regionales y la Iglesia se unificaron ayudando con ello a que esta última se volviera un actor importante en el orden de la cultura política y un termómetro dentro del campo social.

Las relaciones del obispo con uno de los hombres más prominentes del estado Don Olegario Molina Solís le abrieron a la Iglesia en Yucatán muchas puertas de poder. Esa “alianza progresista” para modernizar al estado sinónimo de las relaciones que se dieron entre don Olegario Molina y el obispado de Yucatán impulsó la evangelización de los indígenas, la fundación del Banco Yucateco, el restablecimiento de los diezmos, el aumento de los aranceles parroquiales así como la apertura de escuelas donde la mujer pudo educarse, la apertura a nuevos proyectos editoriales los cuales ayudaron entre otras cosas a difundir el papel de las mujeres dentro de la sociedad impulsando un modelo femenino visto no únicamente como soporte moral de la familia y la sociedad, sino también como apoyo de la Iglesia como Institución. Para la Iglesia las mujeres eran importantes desde el ámbito privado pues desde allí se convertían en las fundadoras de futuros cristianos por lo que al concedérseles tras las Leyes de Reforma el derecho de acudir a los centros educativos para instruirse la Iglesia no estuvo completamente de acuerdo pues creyó que podría alejarlas de la práctica de los preceptos religiosos, desatenderían sus más importantes deberes donde descansaba el bienestar social y a su vez al empezar a tener más actividades en el ámbito público las mujeres no podrían ser controladas con igual facilidad pudiendo llegar a limitarse esa vía con la que contaba la Iglesia para tener mayor presencia dentro de la sociedad. Al no poder evitar que ese fin se llevara a cabo trató que dentro de los centros educativos la institución católica estuviera siempre presente ya sea en las letras o bien en los profesores que impartían la educación, siendo ese uno de los principales papeles de los colegios católicos.

En el siglo XIX “las mujeres yucatecas realizaban con empeño actividades relacionadas con la religión”. Entre las sociedades de beneficencia que se encontraban en Mérida estaban la de San Vicente de Paul, la de la Purísima y la de Jesús María las cuales crearon sus propios órganos en los que difundían y daban a conocer sus actividades, teniendo como objetivo asegurar la confianza que el sexo femenino había depositado en el cristianismo, siendo más benéfico para la Iglesia que para las mujeres porque gracias a ellas se ofrecía una fuerte oposición a las ideas liberales que dañaban sus intereses, prueba de ello fue la oposición que algunas mujeres hicieron a la libertad de cultos y la educación laica que el gobierno liberal dictaba.

Uno de los primeros medios impresos importantes que utilizó la Arquidiócesis de Yucatán para hacer llegar sus fines fue el Boletín Eclesiástico creado el 8 de diciembre de 1904 en tiempos de Mons. Martín Tritschler y Córdova apareciendo por primera vez hasta 1905 donde se registraban episodios del diario acontecer del Estado, se narraban crónicas de eventos y acontecimientos en la Diócesis, se publicaban las leyes de la Iglesia para su mejor conocimiento y se catequizaba a los laicos.

Más adelante como contrapeso a la prensa atea que circulaba por el estado, el Arzobispo aprobó una publicación semanal llamada La Verdad la cual era redactada por un grupo de jóvenes teniendo como principal fin difundir el evangelio y combatir a los enemigos de la Iglesia. Tritschler fundó también la Lectura Popular, compró con la ayuda de varios caballeros católicos El decano periódico yucateco, La Revista de Mérida y protegió el Semanario Católico CRITERIO fundado aproximadamente en 1933.

El Eco de la Fe publicado en 1870 y La Caridad que se publicó de 1868 hasta 1911 por parte de la Iglesia además de difundir la moral católica en Yucatán analizaban la manera de canalizar los principios femeninos dentro del ideario liberal con el objetivo de no perder fuerza dentro del sexo femenino, enfatizando cualidades como la obediencia, la crianza de los hijos, la modestia o la virginidad. Para la Iglesia la conducta de la mujer en la sociedad tenía que ser guiada por el hombre para que no se desviara del camino correcto, subrayando al mismo tiempo que dentro del ámbito del hogar era ella la responsable de todos los integrantes.

Para lograr los fines mencionados se implementaron acciones que impulsaron la participación de las mujeres en el ámbito público, como ejemplo, están aquellas que le permitieron ocupar puestos importantes dentro de las obras de beneficencia Guerrero Lara dice que: “la Iglesia otorgaba a las mujeres la opción de desempeñar papeles que en otros ámbitos solamente ocupaban los hombres”, convirtiéndose así las sociedades católicas de beneficencia las primeras en ser conformadas por mujeres cuyo papel a desempeñar sin ningún obstáculo fue llevar la palabra de Dios, amor, apoyo moral y caridad, cualidades que  han estado siempre ligadas al sexo femenino.

BIBLIOGRAFIA

Cortina G. Quijano Aurora, “Los Congresos Feministas de Yucatán en 1916 y su influencia en la Legislación Local y Federal”, PDF

Guerrero Lara María de los Dolores, “El “deber ser” femenino: la imagen de la mujer yucateca en el discurso social del siglo XIX”, Tesis para optar el título de Licenciado en Ciencias Antropológicas, UADY, Mérida Yucatán, 1997.

Martínez de la Parra Juan, Luz de verdades católicas y explicación de la doctrina cristiana, México, 1948.

Peniche Piedad, Martín Kathleen R., Dos mujeres fuera de serie, Elvia Carrillo Puerto y Felipa Poot, ICY, México, 2007.

Savarino Franco, “Religión y sociedad en Yucatán durante el porfiriato (1891-1911)”, PDF.

Nació en Torreón Coahuila, en 1968. Licenciada en Historia con un posgrado en Educación. Docente de asignaturas del área de Ciencias Sociales. Trabajó del 2016 al 2020 como Responsable Académica del Bachillerato Intercultural de Popolá en Valladolid, Yucatán y del 2016 al 2018 supervisando de manera académica a los 198 planteles del Telebachillerato Comunitario (TBC) en el mismo estado, actividades que la conectaron con las costumbres, tradiciones, formas de vida y el aprendizaje servicio propio de las comunidades rurales. Ha colaborado con la Dirección General de Bachillerato de la SEP en la creación del programa modular de primer semestre del TBC “Matemáticas, fuerzas y movimiento”, con la Universidad del Valle de México campus Mérida en la elaboración del programa de la asignatura Comparative History, así como en la revisión del programa de estudios del Bachillerato Intercultural de Yucatán bajo la supervisión de la Coordinación General de Educación Intercultural y Bilingüe CGEIB.