Soy profesor, no analista geopolítico ni nada por el estilo. Sin embargo, desde hace años pienso que los países tienen los gobernantes que se merecen, para bien o para mal; ya sea porque los eligieron en jornadas democráticas, o porque han permitido que personajes tiránicos se perpetúen en el poder.
En mi juventud e inexperiencia consumí propaganda y noticias tendenciosas que me orientaron hacia una opinión tendenciosa y sesgada de lo que pasaba en mi país y el mundo. Con los años aprendí que no todo es blanco y negro, sino que hay claroscuros; que no hay héroes y villanos y que toda acción viene de un interés, descarado o velado.
No soy ciego, ciertamente en muchos países hermanos latinoamericanos existieron movimientos legítimos para recuperar la soberanía e independencia de nuevas colonizaciones de grandes intereses económicos disfrazados de libre comercio; pero que con el tiempo se desvirtuaron y convirtieron en regímenes autoritarios, y pienso que es deber de los países democráticos cuestionar y exigir el respeto de los derechos de los ciudadanos de aquellos países, pero hasta ahí. Respetando la soberanía de los pueblos.
La primera semana de 2026 destaca con la noticia del ataque militar de los Estados Unidos a Venezuela y el derrocamiento de Nicolás Maduro. Hasta hace unos años, las noticias del derrocamiento de líderes de países yihadistas parecían muy lejanas a nuestra realidad, pero ahora, con esta intervención en un país latinoamericano es imposible no preocuparse por lo que Donald Trump pueda hacer.
No soy un defensor de Maduro, todo lo contrario, soy un crítico. Sin embargo, los motivos que esgrimió Trump me suenan más a un pretexto que a una verdadera defensa de su soberanía y sus ciudadanos. Curiosamente, unas cuantas horas después de la invasión (porque no se puede llamar de otra manera), Trump anuncia que empresas estadounidenses entrarán a invertir y reparar la infraestructura petrolera venezolana, entonces me pregunto ¿cuál es el interés real en Venezuela?
Esto se siente muy cercano y que debería preocupar a cualquier país que tenga algo que deseen los grandes intereses. ¿Qué le impide a Trump esgrimir un pretexto e invadir cualquier país latinoamericano? Bien sabemos que ningún país al sur de la frontera norteamericana tiene los recursos militares para poder hacer frente a una invasión estadounidense, entonces estaríamos totalmente expuestos.
Desde la primera ocasión que Donald Trump externó su deseo a contender por la presidencia pensé que la mayor parte de la población norteamericana lo tomaría a broma. Posterior a su primer mandato pensé que el electorado estadounidense habría abierto los ojos. Ahora, ya veo con preocupación que no es una broma y que verdaderamente es alarmante para el mundo.
Pero principalmente, como mexicano me preocupa que nuestro país también tiene muchos recursos que evidentemente los grandes intereses económicos anhelan, y que con el narco y el crimen organizado también hay un pretexto ideal. Es momento de no quedarse callados y condenar lo sucedido y respaldar a nuestra presidenta, que ya veladamente Trump ha cuestionado su postura.






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