El imperialismo estadounidense y el sionismo israelí son la amenaza actual más peligrosa para la humanidad; el riesgo es latente, ya que la deshumanización vivida y transmitida en tiempo real del genocidio en Palestina, ha puesto a prueba nuestra capacidad de sentir dolor y activarnos, o de alienarnos para mirar sin sentir y quedar callados; otra vez “la banalidad del mal” está rondando el mundo. Pero, ante este panorama desolador, la solidaridad internacionalista es la fuerza de los pueblos que unidos se defienden de la barbarie: la humanidad depende de sí misma para sobreponerse de estos tiempos oscuros.

No hay miedo; jamás bajaremos la cabeza ante el imperio. Si nos imponen otro período especial, aún más agudo, seguiremos luchando por la patria. No excluimos la posibilidad de sentarnos a discutir con el enemigo, pero SIN CONDICIONES, SIN IMPOSICIONES, RESPETÁNDOSE NUESTRA DIGNIDAD NACIONAL, SIN CONCESIONES QUE MENOSCABEN AL PUEBLO Y SUS LOGROS.

Cuba no está sola y no lo estará en esta “hora de los hornos”, como ha quedado demostrado desde el triunfo revolucionario hace ya 67 años, cuando ante las continuas agresiones imperialistas los pueblos del mundo han alzado la voz y se han movilizado para defender a la Revolución Cubana, sus ideales y conquistas. No se olvide que el Comandante en Jefe Fidel Castro lo advirtió en 2001 con la claridad que caracterizó siempre su praxis: “¡Que nadie se haga ilusiones de que los pueblos se cruzarán de brazos y permitirán ser vendidos como esclavos en subasta!”.

Son tiempos de unidad y de resistencia pacífica ante las amenazas insistentes vertidas por Donald Trump de invadir a México con el mismo pretexto por el que invadió a Venezuela: que son los carteles de las drogas los que mandan en México y no la presidenta.