Luchemos por la defensa de la soberanía de Venezuela y México

El pasado sábado 3 de enero, en los amaneceres del nuevo año, el pueblo y el gobierno venezolano encabezado por su presidente patriota Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, fueron las nuevas víctimas de la bestia imperialista llamada Estados Unidos, cuyo presidente Donald Trump, hombre perverso, delincuente, asesino, mentiroso y racista, ordenó la invasión a Venezuela, asesinó a más de 100 ciudadanos y secuestró al presidente Maduro y a su esposa bajo el pretexto de que es narco terrorista y liderar las bandas de los soles. Estas mentiras, nunca evidenciadas, hoy, han sido desmentidas por su propio Departamento de Justicia estadounidense.

La invasión a Venezuela, sin la aprobación del Congreso norteamericano, constituye una violación al Derecho internacional, al artículo 2 de la Carta de las Naciones Unidas, y una burla y vergüenza a la ONU y a la OEA que solapan sus constantes agresiones.

Y es que Donald Trump, a semejanza de Joseph Gobbels, el propagandista de Adolfo Hitler, le ha hecho creer al mundo que sus mentiras, dichas miles de veces y replicadas por los conservadores y medios de comunicación afines a su ideología supremacista, terminan por ser creídas por gente desinformada que las perciben como una verdad absoluta.

Y es que también, las ambiciones expansionistas de Donald Trump son comparables a su socio israelí Benjamin Netanyahu, que continúa desde hace más de tres años, cometiendo un genocidio en palestina, que hoy alcanza la cifra de 75 mil muertos, con la intención de su exterminio total y el despojo de su territorio para anexarlo. Esta agresión, igual que la sufrida por Venezuela siguen sin ser castigadas, y permanecerán en la impunidad en tanto que los organismos como la ONU y la OEA sean los alcahuetes de los imperialistas y sus representantes no actúen con justicia y sancionen los abusos de los poderosos.

Estoy convencido que Adolfo Hitler comparado con Trump y Netanyahu, sería apenas un niño de pecho que soñó en la conquista del mundo y desató la Segunda Guerra Mundial. Las locuras de uno y los otros guardan muchas similitudes. En tanto que el nazi se nutrió del odio racista para exterminar a 6 millones de judíos, sus émulos, Trump y Netanyahu, las bestias imperialistas, se alimentan de la sangre latina y palestina con fines expansionistas para saquear los recursos de los pueblos americanos y apoderarse de las tierras de los legítimos dueños de Palestina.

Hoy, el pueblo venezolano y su gobierno legítimo, como antes Cuba y otros pueblos latinoamericanos que incluyen a México, Asia y África, han sufrido agresiones imperialistas y luchan en resistencia por su libertad, la defensa de su soberanía y de sus recursos naturales, que, por siempre, desde el colonialismo de hace más de 500 años han sido saqueados y esclavizados por el poder de las armas por las potencias imperialistas. Por estos días, cuando  el mundo civilizado creía que las tormentas y tiempos negros de la historia ya habían terminado para dar paso a la auténtica democracia que haga posible a los pueblos darse el derechos de tomar sus propias decisiones, vemos con escepticismo e incredulidad, la amenaza de tormentas y vuelta a los tiempos oscuros del expansionismo, por  el resurgimiento de gobernantes locos, desquiciados de poder, cuyo máximos exponentes se llaman Donald Trump y benjamín Netanyahu que con el uso de la fuerza y la complacencia de los organismos mundial y americano, como lo son la ONU y la OEA, supuestamente árbitros de la paz y conciliación entre los pueblos, hacen lo que Poncio Pilatos, que en nuestro lenguaje popular significa hacerse pendejos ante evidentes transgresiones del imperialismo.

La desvergüenza y cinismo de Donald Trump que pretende el retorno del expansionismo con sus reiteradas proclamas de que “América es para los americanos”, en alusión a la Doctrina Monroe de 1823 del presidente norteamericano James Monroe, nos han hecho recordar tristes historias de las invasiones norteamericanas a México que nos despojaron con lujo de impunidad más de 2 millones de kilómetros cuadrados de lo que era nuestro territorio nacional antes de 1836.  No sobra recordarlo, para quienes increíblemente aún miran a los Estados Unidos como los salvadores del mundo y refrendan su destino manifiesto de sentirse los “policías del mundo”. Primero, en 1836 nos quitó Texas, luego en 1847, nos quitó la mitad de nuestro territorio que comprendía California, Nuevo México y Arizona, luego en 1853, nos quitó la mesilla desviando el Río Bravo y finalmente en 1914, invade Veracruz, en plena lucha revolucionaria. Nunca debemos olvidar, quienes nos consideramos mexicanos bien nacidos, que nuestro querido México a lo largo de su historia ha sido invadido, ocupado y saqueado por el imperialismo norteamericano con la complacencia y entreguismo de sus malos gobernantes. Y así, su poderío mundial se ha formado con la sangre y los recursos naturales de sus invasiones a México y pueblos pobres de todo el mundo.

Pero el México de hoy, castigado con la Doctrina Monroe, y pasados más de 200 años, ha recuperado su dignidad desde 2018 con la presidencia de Andrés Manuel López Obrador y continuada por nuestra valiente y patriota presidenta Claudia Sheinbaum Pardo que han hecho saber a los Estados Unidos y a todo el mundo que a México se le respeta, que somos un país soberano e independiente y decidimos por la voluntad de nuestro pueblo darnos el gobierno que tenemos, sostener relaciones respetuosas con todos los pueblos y gobiernos del mundo, y decidir, por voluntad propia, el uso y destino de nuestros recursos naturales como el petróleo, el litio y otros minerales  así como sostener relaciones de amistad con quienes nos convenga y en condiciones de respeto y colaboración compartida. Reiteradamente lo ha dicho nuestra presidenta: “colaboración sí, imposiciones jamás”.

México, al igual que otros países como Colombia y Cuba en América, estamos amenazados nuevamente de ser invadidos por Estados Unidos. Estas amenazas, dichas por quien las dijo, evidenciadas con hechos como los ocurridos en Venezuela, nos exigen a los mexicanos además de la diplomacia, tomar las medidas preventivas de organización y movilización que muestren al mundo, que efectivamente, defenderemos nuestra soberanía hasta con la vida y merecemos por dignidad, ser respetados.

Ante la inminencia del peligro, hacemos un llamado a la unidad. El llamado convoca a todos los mexicanos bien nacidos, sin importar colores de partidos y dar la batalla pacífica a los vende patrias nacionales malnacidos que como en la década obscura de los años 40’s del siglo XIX ofrecieron en venta a la península de Yucatán a Inglaterra y los Estados Unidos. Me refiero a la “Casta Divina”, que provocó con el esclavismo, la explotación y la injusticia del pueblo maya, la “Guerra de Castas” en 1847 y terminó hasta en 1901 luego de la derrota de los rebeldes, con el castigo porfirista de la división territorial de la península.

Es conveniente hoy, el llamado a la unidad sin egoísmos, como otrora lo hiciera el Gral. Pedro Celestino Negrete, que siendo un conservador antireformista y antijuarista, ante el peligro de la invasión francesa de 1862 producida por los vende patrias de entonces, pronunció su célebre frase “yo tengo patria, antes que partido”, y en un gesto ejemplar de amor a México, ofreció a Juárez y a Zaragoza su espada y sus servicios en defensa de la patria.

Compañeros yucatecos: son tiempos de unidad y de resistencia pacífica ante las amenazas insistentes vertidas por Donald Trump de invadir a México con el mismo pretexto por el que invadió a Venezuela: que son los carteles de las drogas los que mandan en México y no la presidenta. Con ello, ofende nuestra dignidad, porque nosotros, en ejercicio de nuestra voluntad la elegimos como nuestra presidenta. Ese delincuente expansionista, que no tiene en su loca cabeza más ideas que el sexo y el poder que le dan las armas y su dinero, pero nada de humildad y recato, no para de ofender a los mexicanos y a nuestra presidencia, que muy lejos de respetarnos, nos tilda de criminales y narcoterroristas. Lejos de pensar en sus disculpas que no dará, por su soberbia y prepotencia que acompañan a sus locuras, exigimos ser respetados y por dignidad, nos defenderemos. Así, junto con la diplomacia y la protesta con la movilización popular, pueden contemplarse otras acciones como las siguientes:

Es momento de demostrar, que efectivamente, Morena es un partido–movimiento.

Con unidad, integremos un frente antiimperialista solidarios con Venezuela y por el derecho de la soberanía de México y todos los pueblos del mundo.

Las dirigencias de los partidos y organizaciones sindicales y populares deben coordinar las estrategias de las movilizaciones que deberán llegar a las casas, mercados, colonias, comisarías y plazas públicas.

Desde los comités seccionales, acordar las tareas de defensa que incluyan el reparto de volantes con visitas domiciliarias, informando verazmente de los hechos y la inminencia de peligro de una invasión injusta.

Sabotear la esencia del imperialismo: no al consumo de sus gasolinas, refrescos, mercancías y cualquier otro producto hecho en los estados unidos.

No viajar por paseo a los Estados Unidos, y sólo se hará por alguna necesidad.

En su momento, hacer protestas masivas. Frente a los consulados de los Estados Unidos, en las plazas, mercados. Hay que volver a las calles.

Y otras más, que se convengan trabajar en reuniones de organización.

¡Viva la soberanía de Venezuela, México y los pueblos del mundo!

¡Viva México y nuestra presidenta Claudia Sheinbaum Pardo!

Egresado de la Escuela Normal Superior de México en las especialidades de Historia y Civismo y Maestro en Historia por la Escuela Normal Superior de Yucatán. Inició su labor docente en la Sierra de Durango y posteriormente se trasladó a Mérida, donde impartió clases de español e historia en escuelas secundarias. Referente histórico de la izquierda en Yucatán, militante del Partido Comunista Mexicano, y líder en diversos movimientos magisteriales.