Perfil de un burgués

El egoísta es dañino, enfermizo, envidioso, desdichado y cobarde.

José Martí

Evidentemente no resulta fácil llegar a establecer las características básicas de un burgués. Hay que investigar, diferenciarlo de otras anomalías sociales que, no obstante, muchos persiguen en toda su vida estéril y vacía. Y por supuesto, si usted ha vivido muchos años como yo le resultará más expedito el camino para ubicarlo con acierto. Es natural, por otra parte, que cualquier persona conoce de su existencia en nuestro gran mundo, pero lo que probablemente muchos no sepan qué “atributos” deben caracterizarlo. En fin, con su permiso procedo:

Surge de familias acaudaladas o formado en el camino de su vida por negocios turbios, especulaciones, lavado de dinero, chantajes, y hasta trabajar como sirviente de familias mafiosas. Y en ese “brillante” camino llega a acumular una gran fortuna que lo hace acreedor de su condición social. Vale aclarar que se sabe un permanente candidato a Presidente de su país, por ejemplo, como el de Estados Unidos, donde ser burgués es condición sine qua non en las elecciones con el fin de mantener la ideología aberrante del gran poder económico muy por encima de cualquier derecho humano.

Al burgués no se le puede hablar de guerras, genocidios, el hambre, las enormes injusticias que se cometen contra la humanidad ni muchas etc., porque entra en pánico y le obstruye su capacidad de generar nuevas y “valiosas” ideas para aumentar su riqueza. Es una de las razones por la que el imperio y otros especímenes que lo admiran, tampoco están dispuestos a colaborar con algunos dólares para sumarse a gobiernos y organizaciones  que quieren enviar ayuda solidaria a otros pueblos que han sufrido fenómenos naturales causando grandes pérdidas de todo tipo.

Un burgués habla distinto, camina distinto, se viste distinto, vive distinto, tiene una presencia arrogante, y no es posible concebirlo sin ir regularmente a la iglesia con su esposa distinguida. -Permítame una aclaración: cuando llegan a la Iglesia, le tiran unas monedas en el piso a algún mendigo, y al penetrar al recinto religioso, hasta se arrodillan para confesar sus pecados, y, por supuesto, son borrados siempre que cumplan con el castigo de rezar, y dejarle ¡eso sí! unos pocos billeticos al señor Cura. ¡Han limpiado sus culpas! ¡Ya pueden volver a su “honesto” quehacer! Un nuevo ciclo de pecados se ha cumplido.

Vendrán otros, y así hasta su muerte que recibirá muy honrosa sepultura, con derroche de fastuosidad, y una lápida que dice: “Aquí yace el honorable y pundonoroso señor tal…que dedicó todo su vida a hacer el bien y muy solidario con las causas más justas…y bla, bla, bla”. A todo eso hay que incluir a un tipo que, haciendo gala de su palabrería barata y repetitiva, despide el duelo (gran hombre, amigo de sus amigos, defensor de la democracia, padre de familia ejemplar; y todo con una gran hipocresía, porque él sabe que el occiso frecuentaba un prostíbulo lujoso de la época, o era dueño de otro similar.

Claro, concurrían al sepelio muchos personajes, entre ellos politiqueros de pacotilla, los llamados sargentos políticos, los aspirantes a burgués, guatacas, que así se llamaban en Cuba a los personajes que perdían su dignidad a los pies de su jefe político (si jefe, lo que usted diga jefe, estoy para servirlo en cualquier cosa jefe), en fin, un verdadero bochorno de ser humano. Naturalmente, este tipejo se puede encontrar en cualquier lugar de nuestro mundo, pero vestido de cuello y corbata, es el mismo que desea ardientemente ser recibido por el emperador de turno. Cuando lo ve, nervioso y aturdido por su presencia, no sabe qué hacer, y solo se le ocurre decirle que está a su disposición para cualquier encomienda relacionada con la democracia y los derechos humanos. Cuando se marcha de la cueva, muy satisfecho, respira hondo en su avión particular porque logró unos milloncitos de dólares, parte de ellos para sus “gastos personales”.

Bien, mis amables lectores. Como apreciaron me he referido, sobre todo, al burgués del patio, que ha logrado su fortuna mediante mecanismos digamos que vulgares o de pacotilla. Pero existe el otro, el de abolengo y/o herencia; los reinados, que acumulan riquezas de incalculable valor, y hasta personajes a los que se le rinden honores de la alta sociedad, y otros burgueses de talla grande que se esconden tras montañas de dinero, y hasta usan la religión para encubrirse.

Algo parecido a un personaje creado por Walt Disney, llamado Rico Mac Pato, que tenía un gran cuarto con una montaña de monedas de oro, a la que se arrojaba victorioso para acariciarlas. Es seguro que los más viejitos lo recuerden. Hasta en aquellos materiales infantiles que se llamaban “muñequitos”, servían para ahondar, cada vez más, el culto al Dios Dinero. La pantalla era unos paticos muy simpáticos, y el mayor resultaba el Don, el mismo  que nadaba en las monedas.de oro.

Bien, ojalá que este perfil le haya resultado de algún interés. Como apreciará lo he utilizado porque puede catalogarse como un reflejo veraz de un gobierno típicamente entreguista, sin una pizca de dignidad nacional entregado como dama impura a  mezquinos intereses. En ese contexto es que se siente feliz y realizado. Pero no se da cuenta que tras él viene un manojo de pueblos decididos a enterrarlo para siempre.

Es originario de la La Habana, Cuba, con 48 años de experiencia en los medios de comunicación, fundamentalmente en la radio. Periodista, escritor, analista de programación, asesor de primer nivel, director de programas, entre otros. Es colaborador habitual del Portal de la Radio Cubana, y antes del periódico Tribuna de La Habana. Ha recibido diversas distinciones, entre ellas, la Medalla “Félix Elmuza” de la UPEC (Unión de Periodistas de Cuba); Medalla “Raúl Gómez García” del Ministerio de Cultura de Cuba; Premio Ramal de Periodismo Radial por la Obra de la Vida en la Radio “Juan Emilio Friguls”; Reconocimiento al Mérito Periodístico por sus aportes al Periodismo radial y la Excelencia del Trabajo Realizado; Sellos conmemorativos de 60 Aniversario de la UPEC y 85 Aniversario de la Radio Cubana. Por otra parte, a solicitud del ICRT (Instituto Cubano de Radio y Televisión), ejerció funciones de Jurado Nacional del Festival Nacional de la Radio, a cargo de las actividades de propaganda y programas informativos, durante ocho años consecutivos. De manera autodidacta y con el apoyo de prestigiosas figuras logrado un considerable conocimiento de la Comunicación Social. Igualmente, diseñó metodologías que han sido implantadas en el Sistema Nacional de la Radio cubana. Por otra parte, es autor de tres libros: “Los programas informativos en la Radio”; “La Radio, Arte, Técnica y Magia” y “Una Mirada a las Tinieblas”; este último aprobado y en proceso para su publicación. Además, ha impartido cursos y talleres a periodistas del Sistema Nacional de la Radio en Cuba.