Visibilizando a las hijas de la historia. Conversando con Isabel Revuelta

La última vez que Isabel Revuelta Poo visitó Mérida tenía siete años; lo recuerda con una sonrisa que resalta junto a su elegancia natural, y se sorprende un poco por el paso de los años.

Así iniciamos la conversación con Isabel, quien amable y de palabra precisa, regresa ahora a Yucatán como investigadora de historia del arte y escritora a presentar su libro Hijas de la historia 2. Mujeres que construyeron a México, una obra que da continuidad al volumen inicial donde delineó la figura de diez mujeres en un recorrido desde la Conquista hasta el siglo XX.

Es la primera ocasión que Isabel llega a la FILEY, y lo hace con el segundo volumen de Hijas de la historia, que reúne en sus páginas a ocho mujeres protagonistas de la historia nacional; gobernantes mayas, insurgentes, revolucionarias, artistas; mujeres que superaron las barreras de su época y le pintaron cara al tiempo, “cambiaron la historia desde la sombra y abrieron portales hacia universos infinitos con el arte”.

Antes de iniciar, Isabel Revuelta se ve apacible, sonriente. Platicamos sin prisa, sin importar que el tiempo suele correr muy aprisa en las ferias de libro, pero quizás la FILEY es diferente, más enfocada a la lectura, eso nos otorga un poco de calma, el reloj no marcha igual, pero iniciamos…

-¿Cómo te sientes al compartir con los lectores en Yucatán?

-Me siento muy acogida, porque me han escrito mucho, porque toda la gente ha sido sumamente receptiva, entonces, ¿qué te puedo decir?, estoy muy entusiasmada.

-Mérida tiene para México una historia particular en relación a la lucha de las mujeres,  en tu experiencia, ¿qué ha significado visibilizar la vida de las mujeres en la historia de México?

-Mira, yo tengo una deuda con las sufragistas, y quisiera que este trabajo las hubiera podido abarcar, pero es materia de otra investigación. Siempre lo he dicho, la gran revolución que tuvo el mundo fue la revolución feminista, donde finalmente se logran los medios para que la vida pública fuera abordada por las mujeres, con esa equidad y con esa ciudadanía que no se tenía siglos atrás. Entonces, claro, me siento muy emocionada de estar en la tierra de Elvia Carrillo Puerto (“Monja Roja del Mayab”), de Raquel Dzib Cicero, Beatriz Peniche Barrera, de muchas más. Mujeres muy importantes por el Primer Congreso Feminista en México, pero también faltaría Hermila Galindo y muchas otras, escritoras, mujeres de la prensa, en fin. Entonces, espero sirvan este par de libros, que simplemente son un trabajo de acercamiento, porque es enorme la labor que han hecho las mujeres en la historia.

-¿Cómo ha sido la recepción del público lector, cómo se comunican contigo las diferentes generaciones, tanto mujeres como hombres?

-Siento que es una obra que ha llegado a públicos que yo no me esperaba, porque no es un libro para mujeres, es un libro sobre mujeres para todos los mexicanos. Insisto, tenemos esta necesidad de conocerlos completos. Cuando conocemos la historia completa, nos sentimos mucho más integrados al país, a ese orgullo, a esa continuidad, que es muy importante que sintamos todos.

Entonces, he encontrado públicos, por ejemplo, jóvenes, que me dan retroalimentación de agradecimiento, porque conocen historias de las cuales no tenían ni la más remota idea. De hecho, hay periodos en nuestra historia que no nos los han enseñado.

Ahora, imagínate cuántas mujeres se nos han ido de esa letra, de ese registro de la historia. Entonces, hombres, jóvenes, jovencitas que me ayudan mucho porque me dicen que lo hago de una manera cercana. Yo insisto que el rigor académico lo busco siempre en mis investigaciones, pero a la hora de divulgarlo, a la hora de escribirlo, eso no está peleado con lo ameno. Y parece ser que estos libros lo han logrado, por lo menos eso me han dicho mis queridos lectores.

-La divulgación de la historia es algo fundamental, pero también un campo no siempre explorado por las y los académicos. ¿Has recibido comentarios de lectura desde la academia?

-Sí, sí, también el gremio académico, mis colegas, la verdad, es gente maravillosa que tiene una pasión por descubrir. Yo no podría hacer mi trabajo sin el trabajo de mis colegas historiadores. La historiografía la hacemos todos.

Lo maravilloso de la divulgación es que puedes hacerla de manera amena, llegando a mucho más públicos. He tenido acercamiento con doctoras tan importantes como Patricia Galeana, que ella también ha hecho una gran labor por acercar al gran público el papel de la mujer en la historia, y es una académica de primerísimo grado.

Muchos colegas ven hoy más la importancia de la divulgación, pues cuando tú conoces tu historia como ciudadana, como ciudadano, te sientes mucho más completo para plantear tu futuro y conocer mejor tu pasado.

-Ahora, una pregunta de investigación, quizás de metodología, ¿cómo eliges a las mujeres que estudias?

-Por los procesos históricos, porque sus vidas están hilvanando esos procesos. Y lo comentaba hace un momento, hay muchos periodos que no están claros en nuestra historia, no nos los enseñaron en la escuela. La forma de enseñar nuestra historia todavía no es completa, no es integral.

Yo busqué eso en estos dos libros, que en realidad es un libro en dos volúmenes, son dieciocho personajes, que con sus vidas tejen un periodo histórico. O sea, que esas mujeres, varias de ellas, se complementan en un solo periodo. Busco ilustrar un periodo a través de lo que hicimos las mujeres. Y por eso elegí ciertos personajes. En el volumen uno, pues claro, la inicial Malintzin, porque es justamente esa época fundacional, la que da origen a México.

En el segundo volumen que presentamos ahora en la FILEY, empiezo con el mundo maya; estoy en tierras mayas y me siento muy orgullosa de poder hablar, más bien, humildemente, de lo que fue esa aristocracia, de lo que fue esa mujer, de la Reina Roja de Palenque, la gran señora de las generaciones. También, cómo fue hilvanándose la vida de las mujeres, con esas grandes ciudades-estados, como lo fue en el Clásico maya.

Y lo mismo sucede, por ejemplo, en el nudo histórico del siglo XIX, la lucha que hubo entre los republicanos y los conservadores. Ahí aparecen los tres proyectos que hay en ese momento, donde Concepción Lombardo, esposa de Miramón, está participando, al igual que Margarita Maza, muy activa. Y para acabar todo este nudo tremendo de la historia, Carlota, con el Segundo Imperio, junto a Maximiliano. ¿Qué pasaba con las mujeres?

Esas tres mujeres, desde su punto de vista cada una, ilustran perfectamente esos tiempos aciagos del México del siglo XIX, buscando el rostro y la forma de nuestro gobierno. Finalmente, acabamos siendo una república a partir de 1867. Pero todo el periplo que pasaron estas tres mujeres participando en él, ilustra muy bien el proceso.

El libro termina con Leonora Carrington, que ilustra la aventura y lo que hacen las mujeres del siglo XX. En este caso, una artista tan poderosa como Leonora. Entonces, escojo a las personajes, digamos, para que se ilustre el proceso.

-Pensando en el recorrido que realizas hilvanando a las mujeres con los procesos históricos, ¿qué cambios y/o continuidades encuentras hoy en la sociedad?

-Efectivamente, y si hacemos un ejercicio, por ejemplo, estas sufragistas que ya mencione, y es que estamos ante un suelo aguerrido, sufragista, hay muchas deudas. La continuidad es eso, que todavía no somos una sociedad en el mundo que permita que los anhelos, los sueños y el potencial que tenemos las mujeres se desarrolle al cien por cien. Todavía no hay una sociedad que lo garantice. Quizá en algunos países más adelantados, por ejemplo, en los países escandinavos. Pero si volteamos a vernos en México, no está garantizado ni siquiera algo tan básico como la seguridad y la integridad física de una mujer con el problema tan serio que tenemos de la violencia. Esas son deudas todavía muy, muy grandes.

Pero también, por otro lado, tenemos que aplaudir lo que han hecho otras en ese camino para que nosotras gocemos de cosas que sí tenemos ahora. Imagínate que Sor Juana, con ese intelecto, no pudo estudiar. Hoy por hoy las mujeres podemos hacerlo con una determinación muy grande. En la sociedad de Sor Juana no se le permitía. Nosotras lo hemos logrado por ellas. Ahora es nuestro derecho.

Y eso es un cambio significativo y maravilloso. En muchos otros temas también, el tema de la equidad laboral, vamos bien, vamos avanzando, hay pendientes, pero te puedes dedicar a lo que escojas, digamos, de una manera profesional. Insisto, todavía hay mucha deuda con respecto a la vida de una mujer que se pueda desarrollar al cien en la sociedad, pero eso es mundial y hay que empezar por México.

-Al final del capítulo de Leonora Carrington hay unas palabras que dedicas a tu hija e hijo, ¿cómo ha sido en el ámbito personal el acercarte a estas mujeres, qué impacto ha tenido?

-Por supuesto que me mueve. Fíjate, en ese capítulo, Leonora Carrington es descubierta por una de sus familiares que no conocía el tamaño de su obra y el tamaño de su personalidad en México. Es una periodista de The Guardian, viene a México a entrevistarla y se vuelve una relación entrañable.

Cuando se va Joanna Moorhead a escribir las memorias de Leonora -incluso Leonora muere en ese tiempo y las publica años después-, lo que hace la periodista es dedicárselas a sus tres hijas y les dice “yo espero que ustedes vivan como esa pariente que a mí cuando era chiquita me dijeron es la oveja negra de la familia, nadie queremos saber nada de ella”. Pero el mundo ya había cambiado para que Joanna Moorhead, la sobrina de Leonora Carrington, a su vez a sus hijas, les pueda decir ojalá vivan como la prima Leonora, que vivió bajo sus propios términos.

Y por supuesto que me mueve de manera personal, porque yo vivo bajo mis propios términos, lo vivo todos los días. Estar aquí contigo en esta entrevista es algo que yo me he labrado, que yo he decidido, que yo he buscado tener en mi vida con trabajo.

Tengo una hija que es doctora, que está estudiando medicina, tengo un hijo que va a estudiar ingeniería y le puedo decir a los dos, sin ser hombre o ser mujer, que en esta sociedad la deuda es con todos, que estemos parándonos en unos años y decir no tenemos que hablar de literatura de mujeres nada más, no tenemos que hablar de historia de mujeres, porque ya está tejida, porque ya está pareja, a eso aspiro, y a eso aspiro justo con mis hijos.

-Hay un ensayo de la escritora venezolana Teresa de Parra que se llama «Influencia de las mujeres en la formación del alma americana”, donde ella analiza la figura de Malintzin, de Sor Juana y otras mujeres, y ahora le encuentro sintonía, pues tú llamas también las mujeres que construyeron México, ¿cómo podrías definir el papel de la mujer en la construcción de México?

-Estas 18 mujeres que son el ejemplo, al contar sus vidas, sus acciones, sus tragedias, sus aciertos, sus dolores, sus amores y su legado, justamente construyen también la historia de nuestro país. No es necio decir que sin la otra mitad no conocemos el proceso. Es imposible entender la Historia Universal sin la participación de las mujeres. No podríamos entender una sociedad actual sin las mujeres.

Y justo en nuestra historia, que es un álbum de familia, están las ancestras, y sin ellas no se puede comprender el estar aquí, porque faltaría la otra mitad, esa otra semilla que está en nuestra fundación. Por eso creo que el hablar de estas 18 mujeres que hicieron cosas tan claras para la historia, es también hablar de un tema general. Cómo participan miles de mujeres, incluso anónimas, en esos periodos, en el periodo actual, en la construcción de una sociedad. Es importantísimo verlo. Estamos volviendo a repasar la historia desde el punto de vista de completarla con el quehacer de las mujeres.

-En la introducción de este segundo volumen mencionas que con las primeras diez mujeres del volumen buscaste dar un panorama general, y al principio traíamos a la memoria un poco la deuda con algunas mujeres yucatecas, entonces ¿habrá un tercer volumen de Hijas de la Historia, lo has pensado?

-Es un trabajo que sin duda realizaré. Lo estoy realizando desde hace seis años. Tengo mucho material, por supuesto, que es algo que está en el futuro.

Tengo ganas de escribir también de otros temas, pero la investigación sobre mujeres será permanente en mi carrera. Así que sí, muy probable.

-Esperamos leerlo pronto. Y bueno, ya para ir cerrando, ¿cómo definirías a Isabel Revuelta?

-¡Ay, qué buena pregunta! Pues fíjate que me considero una mujer que ha tenido la suerte de conocer a mi país por conciencia. Lo empecé a conocer a los diez años.

Conocer esa historia, esa historia de mis familiares, de mis ancestros cercanos, y después conocer de mis ancestros lejanos, que es la gran historia. Me siento muy unida a México.

Y eso me da mucha fuerza y pasión. Y espero contribuir como una hija de la historia. Yo obviamente con mi minúscula, pero en ese gran lienzo que aportamos todos a la historia de México, quiero pensar que estoy dando una puntada.

Es así como pienso.

Licenciado en Ciencias Antropológicas con Especialidad en Historia por la Universidad Autónoma de Yucatán. Es editor de "Disyuntivas. Cuaderno de Pensamiento y Cultura". Colaborador de Por Esto!, La Jornada Maya, Novedades de Yucatán y diversos medios impresos y digitales. Coautor del libro "Héctor Victoria Aguilar. Esbozo para una biografía" (SEGEY. 2015), coeditor del libro "Migración cubana y educación en Yucatán. Actores, procesos y aportaciones" (SEGEY, 2015), autor de "En voz íntima" (Disyuntivas ediciones, 2017). Miembro de la Asociación Mexicana de Estudios de la Caribe (AMEC) y del equipo de promoción de Archipiélago. Revista cultural de Nuestra América (UNAM-UNESCO), miembro de la Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe (ADHILAC). Fue coordinador académico de la Casa de la Historia de la Educación de Yucatán de 2010 a 2019. Actualmente es Coordinador de la Cátedra Libre de Pensamiento Latinoamericano «Ernesto Che Guevara».