Acercarme a las palabras de la escritora inglesa Virginia Woolf siempre me generan cierta inquietud y por lo general requiero releerla más de una vez para intentar comprenderla. Releo para acercarme un poquito más a su esencia, intento sentir la intención de sus oraciones, no siempre es fácil cuando se trata de Virginia. Aunque dude en aproximarme a ella siempre logro romper la resistencia de mis pensamientos, y al final algo conecta, sus obras tienen ese magnetismo, su perspicaz literatura me confronta y me despierta.
Intento descifrar el tono de su literatura, desde ahí creo mis propias interpretaciones, en este caso, se trata de una conferencia que impartió en enero de 1926 en un colegio de señoritas en Kent, donde compartió una serie de reflexiones sobre el acto de leer, finalmente, en 1932 tras una revisión, publicó el texto titulado “¿Cómo debería leerse un libro?”.
Virginia Woolf apunta que la cualidad más importante de un lector es la independencia, indica que no hay consejo que valga, en este caso, es mejor seguir el instinto y la razón para emitir conclusiones propias, así como alejarse de todo lo que destruya el espíritu de libertad que brinda la lectura. Para la autora acercarse a un libro sin prejuicios es imprescindible, para apreciar de manera más completa el contenido, lo cual permitirá descubrir lo que un autor o autora verdaderamente ofrece.
El proceso de lectura para Virginia consta de dos aspectos importantes; primero, abrir la mente, captar todas las impresiones y lograr un total entendimiento; y segundo, comparar y juzgar con tolerancia y severidad un texto con tal de que podamos extraer lo bueno, lo malo e identificar las áreas de mejora. A esto le agregamos que cada autor ofrece un mundo diferente a lo que la autora apunta que los diferentes géneros exigen del lector un acercamiento distinto, y aquí hace una aclaración, existen libros que estimulan la creatividad, que refrescan un poco la mirada y otros que requieren de un análisis crítico, y como la gran novelista y ensayista del siglo XX que fue habla acerca de la poesía y la novela como dos géneros extraordinarios que demandan al lector una comprensión profunda, donde se transmiten sensaciones, emociones, y donde la reflexión juega un papel fundamental.
Para Woolf la lectura no es un proceso fácil sino un arte muy complejo, pues pide al lector imaginación, perspicacia, conocimiento, juicio y con el tiempo educar el gusto por la literatura, aunque insiste en que el sentido del gusto es la mejor guía, así que hay que seguir siendo lectores, ser pacientes, darle tiempo a las letras a que formen algo en tu interior; y más en estos tiempos donde leer se vuelve un acto revolucionario y de resistencia, pues estamos constantemente asediados con infinidad de distractores que no solo disminuyen la capacidad de atención y concentración sino que se vuelve una manipulación colectiva.
Finalmente, la rebeldía en la lectura es importante, por eso cierro con unas palabras de Virginia con las que nos recuerda que nadie nos diga “cómo leer, qué leer y el valor que le damos a lo que leemos”.







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