¿Otra vez reprobados en PISA? Exigimos culpables…

Los resultados de la más reciente aplicación de la prueba de PISA del 2025 recién se dieron a conocer y generaron, nuevamente, un gran revuelo en el país.

Desde el día de su publicación los comentarios en programas de televisión, radio, redes sociales y de la ciudadanía no se hicieron esperar. Como cada tres años, se levantaron las voces cargadas de indignación cuestionando, y casi buscando culpables de cifras que, si bien ciertas, es importante analizar más a profundidad.

Los opositores al sistema utilizan los resultados como un pretexto para acusar a un programa de estudios no consolidado que es hasta ilógico criticar. La llamada Nueva Escuela Mexicana, oficialmente plan de estudios 2022, comenzó su operación en septiembre de 2022 y la prueba PISA se aplicó entre abril y mayo de 2025. Lo que quiere decir que no tenía ni siquiera tres años completos de implementación cuando se aplicó la prueba.

En México participaron 7,843 estudiantes de 297 escuelas entre públicas y privadas. La población que participa debe tener entre 15 años con 3 meses y 16 años con dos meses, y deben haber completado al menos 6 años de educación formal y encontrarse en al menos el séptimo grado de estudios (en México equivale al primero de secundaria) en alguna escuela formal de manera total o parcial al momento de la aplicación (OCDE, 2026). Todos estos estudiantes son elegidos al azar entre los que cubran esta característica y seleccionados todos ellos por PISA, por lo tanto, no hay forma de saber, al menos con los datos disponibles, qué nivel educativo cursaban los estudiantes ni si alguno de ellos presentaba algún tipo de rezago por extraedad o por repetición al momento que presentaron la prueba.

Por lo tanto, se concluye que, en el mejor de los casos, los estudiantes evaluados cursaron al menos 10 años de educación formal (aproximadamente todo el nivel preescolar y todo el nivel primaria) con un programa de estudios distinto a la NEM. Entonces, bajo esta condición, se tendría que estar cuestionando lo que los participantes aprendieron tanto con el programa de estudios 2011 y el 2017, que era basado en competencias y no solo el último trayecto educativo que, insisto, apenas es incipiente y no se puede valorar como un plan de estudios consolidado.

Este es el primer argumento para tener cuidado con la lectura de las críticas al sistema educativo actual. Es completamente comprensible que los partidos políticos traten de sacar ventaja política ante estos resultados, igual es lógico que quienes defienden intereses opuestos al gobierno utilicen esto como estandarte para criticar. Por tanto, somos los ciudadanos quienes debemos cuestionar todo lo que leemos, vemos y escuchamos, tanto en los medios formales de comunicación, como en las redes sociales.

Tenemos que tener cuidado, porque es muy fácil repetir lo que escuchamos y no cuestionarlo antes de tener nuestro propio juicio.

Ante todo, soy un educador, no quisiera que se me confunda con un defensor a ultranza del gobierno, o de la corriente ideológica del partido en el poder, pero si un defensor de un sistema educativo que se mantiene gracias a los que somos parte de él, dese las aulas y las escuelas.

Ahora, analizando los resultados, evidentemente es muy fácil simplemente leer las cifras y presentarlas sin contexto. Pero analicemos un poco más a profundidad.

El total de países evaluados en esta aplicación fue de 91países, tanto miembros como no miembros de la OCDE, donde se evaluaron a 760,000 estudiantes. El énfasis de este año en la prueba fue ciencias, y se complementó con lectura, matemáticas y una innovadora evaluación del aprendizaje en el mundo digital (OCDE, 2026).

Importante enfatizar que los resultados de PISA están presentados en puntos totales obtenidos.

Revisando los números duros, México ocupó el lugar 64 de los 91 países evaluados, con un puntaje total de 403puntos.

En ciencias México obtuvo 414 puntos. La media de los puntajes de los países que participaron en la prueba fue de 482, y el país con mayor puntaje fue China con 597. En lectura se obtuvieron 408puntos, la media fue de 461 y el país con más puntaje fue Singapur con 535. Y finalmente, en matemáticas se alcanzaron 388 puntos, siendo la media 463 y China el de mayor puntaje con 612.

Los datos duros son fáciles de interpretar como un total desastre, y que incluso ha habido voces criticando a la presidenta cuando recalca la mejora en ciencias, donde se obtuvieron 4 puntos por arriba de la previa aplicación (a diferencia de lectura y matemáticas, donde en ambos hubo un retroceso de 7 puntos).

Evidentemente, los números reflejan una realidad y deberían de ocuparnos. Pero… ¿esto es privativo de México?

Lo que los sensacionalistas y ventajistas no mencionan es que la misma OCDE, en su informe general de PISA 2025 presenta realidades crudas y tristes.

Con base en los resultados obtenidos, la OCDE declara que de 2015 a la fecha los puntajes de los países evaluados han tenido una caída constante aplicación tras aplicación, en matemáticas en este período ha habido una caída de 22 puntos, y en lectura de 28 puntos. Si, a escala global cada aplicación ha revelado que en matemáticas y lectura los países evaluados, tanto miembros como no miembros de la OCDE han tenido una drástica caída, y la tendencia es estable. La excepción es ciencias, que en estos 11 años ha tenido resultados relativamente estables (OCDE, 2026). De la misma manera, el mismo informe PISA 2025 señala que esta es la aplicación que menor promedio de puntajes ha tenido en miembros de la OCDE hasta ahora en ciencias, lectura y matemáticas.

No nos engañemos tratando de culpar al COVID 19 por esta tendencia negativa, la misma OCDE reconoce que el bajo desempeño en lectura es una tendencia visible mucho antes de pandemia (OCDE, 2026).

La OCDE igual establece que las brechas en los resultados obtenidos no tienen correlación con el dinero invertido en educación en los países evaluados, ya que pone como ejemplo a Camboya, donde con menos recursos ha obtenido altos puntajes, caso opuesto Luxemburgo, que es el país que más invierte en educación, pero que obtiene puntajes por debajo de países como Francia e Italia que invierten menos de la mitad de lo que invierte Luxemburgo (OCDE, 2026).

Entonces, si con esto inferimos que no necesariamente la inversión en educación garantiza una mejora, no se puede dejar todo a pedir a los gobiernos que inviertan más, sino que tengan inversiones estratégicas para potenciar los recursos.

PISA 2025 incluyó, como ya se mencionó, un apartado de aprendizaje en el mundo digital, y los encontrado es de llamar la atención. Los resultados demostraron correlación inversa entre el tiempo de uso de dispositivos digitales en la escuela y el aprendizaje; ya que afirman que el uso limitado o moderado de los mismos se asocia con mejores resultados académicos (OCDE, 2026).

Sobre el uso de la IA generativa, la OCDE reconoce que esta primera mirada no es positiva, ya que se encontró que los estudiantes que utilizan la IA para tareas escolares específicas como hacer resúmenes de textos, han obtenido puntajes más bajos en ciencias en relación a los que no utilizan la IA para realiza sus tareas (OCDE, 2026).

Evidencia empírica que, de alguna manera, refuerza la intención del gobierno federal de regular el uso de los dispositivos electrónicos en las escuelas del país; que, por cierto, ha generado mucha crítica, pero que considero que algunas voces tienen sesgos, ya sea partidistas, ideológicos o, peor aún, de desconocimiento de la propuesta y se dejan llevar por comentarios de noticieros y redes, que muchas veces son malintencionados.

Los resultados obtenidos por México son preocupantes, como ya se mencionó, pero desde mi juicio, es más preocupante la baja global en los puntajes de los países que forman parte de la aplicación de la prueba PISA de manera periódica.

Habría que preguntarse si la tendencia a obtener menores puntajes es debido a que todos los países estamos en franco retroceso educativo o si acaso la forma de evaluar es, verdaderamente, poco adecuada para los contextos.

Yo recuerdo que desde que inicié mi trabajo en el magisterio, casi 30 años atrás, los profesores experimentados me decían: si todo el grupo está reprobado, no es culpa de los alumnos, sino de la forma en cómo el profesor los está evaluando. Entonces, aplicando la misma lógica me pregunto ¿valdría la pena revisar la forma de evaluar a los países participantes si la evidencia indica que la forma en que ahora se les evalúa arroja cada vez menor desempeño?

Ciertamente hay mucho que mejorar. Las condiciones en que muchas escuelas operan en el país son verdaderamente adversas para el aprendizaje. En mi estado, donde las temperaturas llegan hasta los 42 grados centígrados en ciertas épocas del año, estar en escuelas de turno vespertino con aulas sin aire acondicionado, a veces con ventiladores no en las mejores condiciones y además con grupos arriba de 35 estudiantes, verdaderamente es un reto ya no digamos enseñar a los alumnos, sino mantener su atención.

Aulas con mobiliario incómodo, sobrepobladas, sin suficientes materiales didácticos a disposición del profesor, con climas adversos, profesores de secundaria que tienen horas en hasta cuatro escuelas y tienen que estar desplazándose entre ellas. Profesores de secundaria que para poder tener tiempo completo pueden llegar a tener hasta 12 grupos, y por consiguiente incluso más de 400 alumnos propiciando que sea hasta difícil llegar a conocer a todos, ya no digamos hacer una evaluación formativa de cada uno de ellos.

Porque es justo reconocer que el mismo informe PISA 2025 destaca que los profesores en México son altamente valorados por sus estudiantes, ya que el 81% de los estudiantes participantes afirmaron que sus maestros demuestran interés en el aprendizaje de los alumnos, y que 77% de los participantes afirmaron que sus maestros siguen explicando hasta que todos entienden. Dato muy importante es que el 83% dice que sus maestros dan ayudas extras cuando lo requieren.

Entonces habría que preguntarse qué se requiere cambiar, y creo que no solo son los programas de estudio.

No se trata de buscar culpables, ni tampoco de buscar pretextos. Mi interés no es decir que los resultados de PISA son irrelevantes y no debemos preocuparnos. Al contrario, creo que si debemos poder hacer un análisis, pero más profundo y tratar de generar cambios, pero tratar de rescatar lo que está bien, y al menos, lo que los estudiantes dicen, es que lo que sí está bien, son sus maestros. Entonces habría que seguir trabajando para que las condiciones en donde se generan los aprendizajes sean más propicias y más contextualizadas para ello.

Y sobre la prueba, reitero, habría que valorar si es importante generar evaluaciones más contextualizadas a los países. Es importante que la misma OCDE sea autocrítica y valore la pertinencia de la prueba PISA.

Mientras tanto… a seguir adelante en las escuelas. Como siempre, los docentes sosteniendo como pilares la educación del país y a esperar, ahora cuatro años, para la nueva aplicación de PISA.

Referencias

OECD (2026), PISA 2025 Results (Volume I): Future-Ready Students, PISA, OECD Publishing, Paris,https://doi.org/10.1787/73451bc5-en.

Doctor en Ciencias de la Educación con más de 25 años de experiencia en educación. Asesor Técnico Pedagógico de Secundarias en Yucatán, México y catedrático de los programas de Licenciatura, Maestría y Doctorado en el ámbito educativo en diferentes Instituciones del Sureste de México. Integrante de equipos Nacionales y Estatales en el proceso de la Reforma de la Educación Secundaria en el 2006 e integrante de mesas técnicas estatales del nivel de secundaria. Capacitador Nacional y Estatal en los procesos de reformas educativas en el 2006 y 2011. Tallerista y ponente en Congresos Internacionales, nacionales y locales del ámbito educativo y de la lectura y la escritura.