Vacunas cubanas contra la COVID-19: entre la urgencia y la prudencia

Cuba tiene en estos momentos en diferentes fases de pruebas cinco candidatos vacunales contra la COVID-19. Resultado del potencial científico desarrollado durante todos estos años, el archipiélago ha sido, hasta el momento, el único país de América Latina y el Caribe en obtener los inmunógenos que permitan enfrentar la actual pandemia, que sigue cobrando muertes y no da respiro a los sistemas de salud del mundo.

Desde que comenzó el actual año, las cifras de contagios en la Isla han ido en incremento, así como las de personas fallecidas o en salas de terapia intensiva, en una situación que los expertos han llamado el segundo rebrote de la enfermedad, motivado por la combinación de varios factores que dieron al traste con el contexto epidemiológico exhibido a finales del 2020, cuando parecía que todo estaba controlado y que esperar por la vacunación prometida no sería un problema adicional, pues los reportes de casos eran mínimos y transcurrieron varios días sin muertes por esta causa.

En medio de ese estado de incertidumbres y con medidas de gobierno cada vez más severas que buscan el control, sin encontrarlo aún, la apuesta de muchos ciudadanos es por la vacuna, como salvadora del momento y alivio para detener las muertes que como gotas van enlutando a familias, amigos y compañeros de trabajo.

El escenario virtual y las redes sociales han sido los canales más a la vista para que muchas personas dialoguen y compartan sus visiones sobre cómo el país debe enfrentar esta situación, y como primera condición señalan la necesidad de vacunar, ya, empezando por los grupos más vulnerables. Incluso, algunos se cuestionan por qué Cuba no ha comprado las vacunas producidas por países aliados como Rusia y China, las cuales han sido adquiridas por otras naciones de Latinoamérica, que ya la ponen a sus habitantes.

La respuesta directa a esas preocupaciones no se ha dado desde ningún estrato oficial, pero para quienes siguen de cerca la evolución de los acontecimientos, con solo entender el significado del nombre de dos de los candidatos cubanos, se podría entender el porqué de cada paso.

Soberana 01 y Soberana 02 son dos de los candidatos y sus nombres son el símbolo de la independencia que busca el país en la producción de una vacuna para proteger a su gente. Indica que la ciencia pudo y no desmayó en sus intentos, que el camino hacia la posibilidad de inmunizar a toda la población es factible a partir de las realidades y necesidades propias y con el empleo de las capacidades tecnológicas y de recursos humanos que el país estimuló desde los primeros días luego del triunfo de enero de 1959.

¿Ha sido lento el proceso aprobatorio para el inicio de la vacunación? ¿Debió adquirirse alguna de las que ya están en el mercado? Estas y otras muchas interrogantes han estado presentes en no pocas personas, que ante la incontrolable situación buscan la protección que necesitan y con el desespero habitual que acompaña al miedo, piden a gritos una solución por cualquier vía.

Para ser coherentes, hay que admitir que si de algo se ha hablado bastante en los medios de comunicación en Cuba ha sido de los candidatos vacunales y cada dos o tres días los científicos creadores de los productos y directivos de las entidades responsables comparecen en espacios radiales, televisivos, digitales o tradicionales y explican y ofrecen las razones por las que han sido necesarias tantas pruebas para la validación antes de la arrancada final.

Los ensayos preclínicos y clínicos se ejecutan siguiendo cánones internacionales, que tienen que hacer cumplir las agencias regulatorias de cada país. En el caso cubano, el Centro para el Control Estatal de Medicamentos, Equipos y Dispositivos Médicos (CECMED) tiene esa responsabilidad. Tanto el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB) como el Instituto Finlay de Vacunas (IFV), de donde han emergido las cinco propuestas, comenzaron todo el proceso desde la adaptación del antígeno vacunal a las plataformas existentes.

Y todo ello se ha realizado con un cronograma riguroso que de violarse puede inhabilitar el candidato, por lo que el llamado a ser pacientes y esperar la conclusión de los ensayos clínicos, es una apuesta a que la vacunación será segura y protegerá de manera efectiva.

Los expertos lo han reiterado en disímiles ocasiones. Para lograr seguridad con una vacuna se necesitan años de comprobación, sin embargo, con la COVID-19 y ante su alto índice de mortalidad, se han tenido que «violar» muchos protocolos en el tiempo, pues la compleja situación creada no permite su «estricto» cumplimiento como antaño, aunque la seguridad de las personas no puede estar en juego.

Es así que, a pocos días de que marzo concluyera, directivos del Grupo de las Industrias Biotecnológica y Farmacéutica de Cuba (BioCubaFarma) fueron enfáticos durante uno de los ya habituales contactos con los medios de comunicación nacionales y foráneos: a partir de agosto se prevé desarrollar la vacunación contra la COVID-19 de toda la población cubana, con la aplicación de las dosis requeridas de las vacunas más efectivas.

El doctor Eulogio Pimentel Vázquez, vicepresidente de BioCubaFarma, explicó que mientras continúen registrándose resultados favorables en los ensayos clínicos aprobados en su fase III de Soberana 02 y de Abdala (otro de los candidatos vacunales), entonces antes de que culmine el 2021, toda Cuba estará inmunizada.

El científico señaló hace muy pocos días, en un programa en vivo de la televisión nacional, que en el octavo mes del año habrá suficientes cantidades de dosis para la población cubana potencialmente vacunable, además de las demandas que podrían hacer otros países interesados en adquirir cualquiera de los inyectables. Serán cerca de 30 millones de dosis las que estarán producidas para la fecha señalada, teniendo en cuenta que para lograr la inmunización cada persona deberá inyectarse tres veces.

Por lo tanto, para fines de mayo estarán vacunados 1.7 millones de habitantes de La Habana y cientos de miles en el país. En agosto habrán recibido sus dosis ya seis millones de cubanos. Antes de que acabe el 2021 el pueblo cubano habrá sido inmunizado con frutos genuinos de la ciencia de este pequeño país, se afirmó en el espacio radiotelevisado.

Los días siguen corriendo y los ensayos se amplían. Los primeros abarcaron a voluntarios pertenecientes al grupo de riesgo de los trabajadores de la salud, del sector biofarmacéutico y otros definidos por el Ministerio de Salud Pública en La Habana, capital del país, pero en los últimos días del mes anterior las pruebas llegaron a tres provincias del Oriente, en las cuales 150 mil personas forman parte del ensayo. Con las noticias adelantadas por Pimentel puede concluirse que falta muy poco para su extensión a todo el territorio nacional.

Cuba tiene además en estudio otras vacunas: la Mambisa y Soberana Plus, de reciente incorporación. Esta última es una de las formulaciones evaluadas en el proyecto de Soberana 01, pero que se desarrollará como refuerzo y se utilizará en pacientes convalecientes o en combinación con otras.

El inicio de la vacunación masiva de toda la población cubana será un hecho en cuatro meses, y lo que para algunos puede parecer una eternidad, para otros es solo la respuesta mesurada y objetiva ante un fenómeno nuevo.

Mientras llega ese momento, solo hay una protección segura. Cumplir las medidas higiénicas y de distanciamiento físico en las que tanto se insisten desde el inicio de la pandemia y, además, no confiarse en que con la inyección de la vacuna todo quedará resuelto.

Le falta mucho a la ciencia por investigar y comprobar; hay que esperar a resultados a más largo plazo antes de cantar la victoria definitiva. Por ello, la precaución debe seguir acompañándonos y protegiéndonos ante una enfermedad sin rostro, pero mortal.

Pelayo Terry Cuervo es Licenciado en Periodismo y Máster en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de La Habana. Fue Corresponsal de Guerra en Etiopía entre 1988 y 1989. Reportero y Corresponsal Jefe en La Habana de la Agencia de Información Nacional (actualmente Agencia Cubana de Noticias), subdirector del semanario Tribuna de La Habana (1997-2000), subdirector del diario Juventud Rebelde (2000-2009), Director de Juventud Rebelde (2009-2013) y Director del diario Granma (2013-2017). Actualmente es editor del sitio web Cubaperiodistas, de la Unión de Periodistas de Cuba. Ha sido conferencista y tribunal de tesis en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana y presidente y miembro de varios jurados de la UPEC, entre ellos el Nacional de Periodismo José Martí, por la obra de la vida, el Juan Gualberto Gómez, por la obra del año, y el Premio Nacional de Periodismo 26 de Julio, del cual ha sido presidente en los dos últimos años. Fue premiado en varios concursos periodísticos en Cuba y consultor en temas de Periodismo y Comunicación. Fue colaborador de los diarios Por Esto! (diciembre 2017-junio 2020) en el tratamiento del tema Cuba, tanto en reportes informativos como en artículos de Opinión.