Por estos días es común escuchar en centros de trabajo, transporte público o en hogares, alguna reflexión y comentarios en torno a la propuesta del nuevo Código de las Familias. Unos se enfocan en la diversidad de las familias con énfasis en el cuestionamiento de la inclusión de las familias homoparentales, las que, en última instancia no dañan a nadie, sólo se les incluye, pues hasta entonces han sido discriminadas. Otros, sin leer el documento, opinan acerca de si los padres perderán la autoridad sobre los hijos, al concederles “autonomía progresiva”, en fin, hay muchos temas nuevos en el debate público, pero me centraré en uno muy especial por ser el que me ocupa como profesional. El aborto en la adolescencia y el papel de la familia. Tema que indirectamente está contenido en el documento, al hacer énfasis en el derecho de los hijos a recibir información, ser educados y protegidos por sus progenitores y familia en general.
Siento que la adolescente se convierte de alguna manera en víctima; ella está enamorada, no ve ningún riesgo al intimar con su novio, además lo sabe su familia, se relaja y no siempre se protege, o no usa bien las píldoras o se rompe el condón. No conoce que existe la píldora de emergencia, que no ha faltado en la mayoría de las farmacias cubanas, tampoco lo sabe su familia, pues nadie las divulga y promueve. Ella no sabe qué hacer en caso de sospecha y cuando le falta la menstruación evade su realidad, se lo oculta al novio, se demora para hablar con mamá, en fin, ocurren innumerables reacciones que provocan que al final decidan solicitar la interrupción del embarazo (IVE). Por nuestras familias, aunque las regañen y reprochen, las aconsejan y acompañan en el proceso.

Digamos que estamos ante una adolescente de apenas 15 años que queda embarazada de su novio de 18 años que estudia en un tecnológico. Ellos, no conviven, pero las familias aceptan que se queden junto en una u otra casa. La madre de la joven, le advierte a la hija de la necesidad de cuidarse y protegerse. La hija le dice sí, nos protegemos, pero no se habla más del asunto, hay confianza, la muchacha es buena y tranquila, a penas sale de su casa.
Situaciones como estas son comunes, las familias no desean que su hija quede embarazada, se preocupan y hasta le preguntan, conversan, sólo que NO lo suficiente, pues no es garantía la palabra de la muchacha, es una adolescente de la que los padres no saben cuan informada está, aquí vale el acompañamiento en busca de la información necesaria y el método anticonceptivo que, dada sus características de la hija, sería el más adecuado.
En tiempos de covid-19, la atención primaria ha contado con algunos métodos como los dispositivos intrauterinos (DIU) que son efectivos y se fabrican en Cuba, lo que garantiza que muchas mujeres puedan estar protegidas.
Situaciones como estas son comunes ¿Cómo influirá el nuevo Código de las Familias en estos casos? Una de los aportes de la nueva propuesta es tener en cuenta el interés superior de niños/as, en este caso es una adolescente de 15 años. Ella es menor de edad, estudia, la mantienen sus padres, está en formación y proceso de desarrollo biopsicosocial, por lo que tener un hijo en estos momentos no es saludable para nadie, sin embargo, ¿por qué se llega a esta situación, si se puede prevenir?

Por qué la familia no se aseguró de saber cómo se protege la pareja, por qué no comprobó cuánto saben, cuan preparados estaban para tener relaciones sexuales con penetración, o se ocuparon de proporcionarles lo necesario para asegurar una sexualidad responsable y sana. Lo que ocurre es que se delega en la escuela la educación sobre estos temas, aunque se diga que en casa conversan y que su mamá es la que más les habla. Eso no lo dudo, sólo que la conversación no es profunda y no garantiza la protección real cuánta conciencia tiene una adolescente de lo que significa protegerse? Tal vez no crea que en la primera vez, sin protección, puede quedar embarazada.
El código estimula la responsabilidad plena de las familias en cuanto al cuidado pleno de sus hijos/as. La salud sexual y reproductiva, como la salud en general, es parte de esa responsabilidad, la preparación de las familias en estos temas es importante para que puedan orientar a las hijas en este caso. Es insuficiente las preguntas ¿Te etas cuidando? ¿Te estás protegiendo? Es básico saber qué método anticonceptivo usan, si es efectivo, si le hace bien a su salud. ¿Qué hacer si tienen algún síntoma o sospecha? Tal vez pudieran resolver con las píldoras de emergencia.
El código está promoviendo el entendimiento acerca de cómo podemos ayudar a que las hijas e hijos vayan ganando en autonomía progresivamente, eso es un proceso, la Educación Integral de la Sexualidad es responsabilidad de las familias, también de las instituciones escolares, los medios de comunicación y la sociedad en general. Lamentablemente se evade y se deja en manos de otros. Las familias no deben delegar, ni evadir temas tan íntimos y personales que tienen una tremenda repercusión social.

Las adolescentes no tienen la capacidad de comprender, si no se les prepara, los riesgos de tener relaciones sexuales desprotegidas, no interiorizan los posibles daños tanto de un embarazo, un aborto o una maternidad para ellas, para su bebé y también para la sociedad. El código amplía a los abuelos la posibilidad de que contribuyan y se sientan con derecho a formar parte de la educación de sus nietos, así como las personas que afectivamente tengan un vínculo emocional que beneficie el cuidado de la salud integral de las infancias y adolescencias.
Las generaciones más jóvenes necesitan contar con el apoyo de los adultos para comprender el mundo que las rodea, disfrutar de las oportunidades que le ofrece la sociedad en que viven, deben ser capacitarlos para tomar buenas decisiones, mostrándoles argumentos, conocimientos, información, evidencias que faciliten la interiorización de todo lo que les puede ayudar a ser más saludables y felices.

Que las infancias alcancen autonomía progresiva va a depender en mucho de cómo sean acompañados por los adultos que los rodean. Que no sean víctimas de la evasión de responsabilidades, de la omisión de información, que no sean protegidos, ni prevenidos de aquello que les puede dañar, es responsabilidad adulta. El Código de las Familias los protege, promueve que cualquier análisis relacionado con las infancias cuente con su voz y también con el análisis integral y profundo de los que tienen el encargo de la formación de la joven generación, de ayudarlas a crecer saludables y plenas.
El nuevo código es un recurso imprescindible para velar por el cuidado de la sociedad cubana y los beneficiados somos todas las personas sin excepción, pero el énfasis sobre las infancias y las adolescencias está en reconocer lo importante que ellos son en el presente y futuro de la sociedad, además de garantizarles mayor protección a partir de la responsabilidad adulta.










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