Rusia dio primero con la esperada vacuna

El anuncio hecho por el presidente ruso Vladímir Putin de que el Centro Nacional de Investigación Epidemiológica y Microbiología (Gamaleya) había registrado la vacuna Sputnik V contra el coronavirus en el registro estatal de medicamentos del Ministerio de Salud de Rusia, desató estupor y dudas reales y fingidas sobre la calidad, eficiencia y seguridad de esta vacuna.

Y no podía ser otra la reacción en Occidente, espacio político para el que Rusia es un país que solo recién abandonó su curso entregado a la construcción del socialismo y no podría tener la capacidad de convertirse en el primero en el mundo en producir la vacuna contra la temible COVID-19.

Se olvidaron los gobernantes occidentales que a pesar de los dramáticos cambios que experimentó Rusia en los siglos XX y XXI, el país logró proteger y conservar el conocimiento y experiencia de una vieja escuela soviética de virología (en términos históricos y por su capacidad creativa frente a las pandemias). Lograr una vacuna contra la COVID-19 se había convertido en la más alta prioridad de todos los gobiernos y más de doscientos laboratorios del mundo luchan denodadamente por encontrar una solución que ponga fin a la terrible pandemia.

Las corporaciones farmacéuticas de las grandes potencias, ávidas de una ganancia segura y suculenta, se lanzaron en una carrera internacional desenfrenada para ser los primeros en encontrar la vacuna salvadora, olvidándose de la cooperación internacional, la solidaridad colectiva y de los intereses del público global.

Al convertirse Rusia en el primer país del mundo en lograrlo, los más poderosos y ricos del planeta no pueden aceptar esta realidad.

En el Congreso estadounidense, el doctor Anthony Fauci, autoridad máxima de EEUU en inmunologías había afirmado recientemente que: “En Estados Unidos estamos avanzando rápidamente y no pienso que aparecerán vacunas antes que las nuestras ni que vayamos a depender de otros países para obtener la vacuna”.

Aparentemente, ignoraba el experto estadounidense, que los rusos empezarían la vacunación voluntaria masiva a partir del primero de octubre, mientras que su vacuna homóloga estadounidense MRNA-1273, creada por la corporación Moderna no estará lista hasta el 3 de noviembre, como había anunciado Donald Trump por motivaciones electoralistas, sino para el comienzo de 2021. (La mayoría de los expertos consideran que la británica estará lista a mediados de 2021). Y esto es a pesar de los 8.000 millones de dólares que el Gobierno norteamericano entregó a las biotecnológicas nacionales.

La corporación china Sinopharm anunció que su vacuna estará disponible para fines de este año. Frente a este éxito ruso, no le quedó ninguna otra alternativa a la OMS, al Gobierno norteamericano, al alemán, a los representantes de la Big Pharma y a los medios de comunicación globalizados que poner en duda la efectividad de la vacuna rusa Sputnik V, aunque será muy difícil ante la opinión mundial.

Rusia ha dado el primer paso hacia adelante y este paso ha incomodado a los más ricos y poderosos de nuestro planeta, pero ha alegrado, al mismo tiempo, al resto de la humanidad, que es la mayoría. El complejo farmacéutico globalizado (Big Phrma)) ya se frotaba las manos pensando en las suculentas ganancias que le traería la vacuna contra el coronavirus tan anhelada por la humanidad. Y de repente aparecen estos rusos que, el mismo día del anuncio del registro de su vacuna Sputnik V, han recibido pedidos por 1.000 millones de vacunas de 20 países. Estas solicitudes hicieron bajar enseguida las acciones de Pfizer en un 0,8%, las de Novavax en 7,7% y las de Moderna en un 2,5%

Estas tres corporaciones están incluidas en la lista de la Organización Mundial de Salud (OMS) como creadores de la vacuna contra el COVID-19 que están en el tramo final o fase tres, en el que se evalúa la seguridad y la eficacia de la misma. Sin embargo, entre esas no se incluye la vacuna anunciada por Rusia por no “generar la confianza”, según el principal inmunólogo norteamericano, Anthony Fauci quien había declarado: “Espero que los chinos y los rusos realmente estén probando la vacuna antes de administrarla a alguien. Las afirmaciones de que tienen una vacuna lista para distribuir antes de hacer las pruebas son, cuanto menos, problemáticas”.

Las corporaciones de EEUU ya habían recibido más de 8.300 millones de dólares para el desarrollo de la vacuna contra el coronavirus. También poseen la autoridad de establecer el precio, determinar la distribución de la vacuna poniendo sus intereses comerciales encima de las prioridades de la salud. No hay que olvidar que el mercado mundial farmacéutico es de 1,3 millones de millones de dólares y la misma Johnson & Johnson que está preparando su vacuna contra la COVID-19 ya proyectó obtener en 2020 más de 86.000 millones de dólares. La inesperada entrada de Rusia en este mercado farmacéutico hace peligrar sus cálculos financieros.

Manuel Yepe Menéndez (La Habana 1936), desde 1954 fue combatiente insurreccional en La Habana como integrante de las Brigadas Juveniles de 26 de Julio en la Universidad de La Habana. Trabajó en la reproducción y distribución del alegato de defensa de Fidel Castro "La historia me absolverá". En 1958 dirigió la revista clandestina del M-26-7 ACCIÓN, que se editaba semanalmente en La Habana y se identificaba como Órgano de la Juventud Cubana. Es Licenciado en Derecho, en Dirección de la Economía y en Ciencias Sociales. Se ha desempeñó como Director de Protocolo en el Ministerio de Relaciones Exteriores, Embajador de Cuba en Rumanía. Fue Director General de agencia de noticias Prensa Latina; vicepresidente del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT); director del periódico Guerrillero de Pinar del Río, y Director Nacional (fundador en Cuba) del proyecto TIPS del PNUD. Desde 2000 hasta la actualidad es miembro del Secretariado del Movimiento Cubano por la Paz. Fue comentarista de temas internacionales de los diarios POR ESTO! (2008-junio 2020). Agosto 2020