El mundo en manos de niñatos

La Corte Suprema de Brasil ha ratificado la suspensión del servicio de X (o Twitter como se le conoce todavía) en el país sudamericano tras la negativa de la empresa de Elon Musk de nombrar un representante legal y enfrentar las acusaciones de presunta comisión de los delitos de obstrucción de la justicia, organización criminal e incitación al delito.

Como no podría ser de otra manera, el magnate sudafricano ha sacado a relucir el juguete favorito de los multimillonarios que gobiernan el mundo: la libertad de expresión. La manida y roída libertad de expresión.

Bajo el amparo de la libertad de expresión, todo es permitido. Este concepto, a veces tan etéreo e inasible, se ha convertido en la coartada perfecta para la proliferación de discursos de odio que muchas veces son el caldo de cultivo para futuros crímenes de odio. Ha sido la vía de acceso de muchos países, pero, sobre todo, de muchas multinacionales, para financiar organismos, instituciones, fundaciones o toda clase de membretes, que sirven para desestabilizar gobiernos que están en contra de sus intereses.

En el año 2020, Elon Musk publicó un tuit que decía lo siguiente: “Otro paquete de estímulo gubernamental que no responde a los intereses de la gente, en mi opinión”. Un usuario de X le respondió: “¿Sabes lo que no fue lo mejor para el pueblo? Que el Gobierno de Estados Unidos organizara un golpe de Estado contra Evo Morales en Bolivia para que pudieras obtener el litio allí», a lo cual Musk sentenció sin el más mínimo reparo: “Daremos un golpe de Estado a quien nos dé la gana! Lidia con eso”. Esta respuesta demuestra el talante y el perfil característico de los personajes que detentan el poder en nuestro tiempo: niñatos caprichosos, oligofrénicos, narcisistas, supremacistas que piensan que sólo voluntad y sus más absurdas elucubraciones (ser el padre biológico de más de 100 hijos u obstinarse en viajar a Marte en lugar de resolver el problema del cambio climático en nuestro planeta).

Uno de los grades debates de nuestro tiempo gira en torno al carácter de nuestras sociedades. Si vivimos en democracias mediatizadas donde las tecnologías, la información son un elemento fundamental en la socialización y la mediación de las instituciones que se encargan de delimitar el funcionamiento de nuestra vida en convivencia, ¿vale la pena dejar tanto poder en manos de un cantamañanas que no responde ante ningún control y mañana puede cargarse un país si así lo desea?

Tal vez es momento de mirar hacia arriba.

Nació un día que Dios estuvo enfermo, grave. Pesimista esperanzado; juntaletras por vicio, estrella de rock indispuesto; demagógico, chilletas y sentimental. Licenciado en causas perdidas, voyerista de la noche. Ars longa vita brevis. Todo lo puedo en José Alfredo que me fortalece.