Gilles Lipovestky dice que la intelectualidad y la moda no se llevan, mientras que la última trata de invadir nuevas esferas y de atraer nuevas órbitas, la otra trata de explicar los resortes y funcionamiento de las sociedades modernas; el filósofo lo dice una y otra vez, palabras que pudieran ser comprobadas en el último trapo mostrado por Bianca Censori, pedazo de tela transparente tan mísero que logró opacar hasta su nombre de pila y el ganarse ser nombrada sólo como “la pareja sentimental de Kanye West”, al menos, así la nombró la revista Cosmopolitan en sus páginas. Vulgaridad sin sello distintivo, reflejo de las pocas neuronas de su portadora y su machista compañero.
Sabemos que la moda se halla al mando de nuestras sociedades, que es seductora, efímera y frívola, pero también es arte, por eso son reprobables los desnudos tan obscenos y denigrantes que portan las mujeres de la alfombra roja en un mundo feminista en el que son más visibles que nunca. Lo normal en este nuevo mundo equitativo del siglo XXI sería ver a un Kanye West mostrando sus partes nobles de la misma forma que obliga a su acompañante a hacerlo.
Todavía recuerdo el espectacular vestido portado por la modelo Elsa Hosk en el Festival de Cannes del 2023, de esos que no sabías si se lo estaba poniendo o estaba a punto de quitárselo, vestido sugerente, innovador, original, lleno de creatividad.
Modelo perteneciente a la famosa colección “Late Stage Capitalism Watz” (Vals del capitalismo tardío) obra que hace mención a una época caracterizada por la expansión de la acumulación de capital, la internacionalización y centralización del capital. Creación de los diseñadores holandeses Viktor Horsting y Rolf Snoeren. Hombres egresados de la academia de Amberes cuya empresa fundan en 1993.
Ese vestido azul celeste, romántico de corte princesa, escote strapless y cintas anudadas a la cadera es de verdad espectacular al igual que el corset tono nude que se asoma de manera sexy y a la vez sensual dejando mucho a la imaginación.
Prenda que te hace dudar en la superficialidad de la moda, vestido para algunas personas feo, pero para otras como yo precioso, al menos, te hace voltear la cabeza como queriendo acomodarlo con la mirada sacándote una sonrisa, haciéndote ver que la moda no debe ser tomada con seriedad ni tanta formalidad, modelo no confeccionado para todos los cuerpos.
El vestido chueco de ilusión óptica que desafía la ley de la gravedad sin perder su estructura y belleza es portador de manera silenciosa de los principales autores del capitalismo tardío Ernest Mandel o Jürgen Habermas, alemanes que nos recuerdan las corporaciones multinacionales, el consumismo, la globalización, la producción capitalista, la organización del mercado, la utilización del Estado encargado de sostener un equilibrio económico y social, las fluctuaciones de la economía especulativa y las crisis continuas y permanentes como la que vivimos en el 2025, un vals que todos los terrícolas estamos por empezar a bailar con mayor o menor ritmo, pero todos en la pista de baile.










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