Homenaje en letras: Felipe Carrillo Puerto en el Boletín de la Universidad

I

Felipe Carrillo Puerto fue abatido el 3 de enero de 1924 por las balas reaccionarias de los grupos acomodados de Yucatán, los cuales veían en su figura el resquebrajamiento de su poder económico y político que venían amasando desde tiempo atrás. Los sucesos que desencadenaron la caída de su gobierno, la persecución que sufrió, su aprehensión y, finalmente, el fusilamiento inicuo del que fue víctima por parte de las huestes golpistas se ha relatado en cientos de páginas, desde aquel momento, ya en notas periodísticas, o en posteriores reflexiones, conferencias o pláticas de corte divulgativo o de rigor académico.

Pocas han sido las ocasiones en las que se le ha prestado atención a la forma en la que se ha enaltecido la imagen de Felipe Carrillo Puerto, los rituales que se han creado para rendirle homenaje por sus aportes políticos, legislativos, educativos o culturales, o los discursos pronunciados en eventos conmemorativos en el ámbito educativo o político con el fin de rememorar su señera figura progresista. Es innegable que faltan estudios históricos que permitan conocer con mayor detenimiento la imagen que se ha construido de Carrillo Puerto, así como la forma en la que su figura ha sido utilizada como estandarte de intereses políticos en la región.

Las presentes líneas tienen el propósito de realizar una revisión general de los textos poéticos y reflexivos que se generaron tras el asesinato de Carrillo Puerto, y que fueron publicados en el Boletín de la Universidad Nacional del Sureste en el núm. 1, de la época 2, tomo 4, de junio de 1924. Lo que interesa destacar es el sentido emotivo que se les imprimió a esos mensajes reflexivos y la imagen que se comenzó a construir sobre el extinto líder socialista de las tierras del Mayab.

Uno de los aspectos que más destacaron en este tipo de escritos fue la de señalar los altos ideales que guiaron con tesón el actuar de Felipe Carrillo Puerto para transformar las paupérrimas condiciones socioeconómicas en las que estaban postrados el pueblo maya, el campesinado y la mayoría de la sociedad. Así lo expresó en “A la memoria de Felipe Carrillo Puerto” el pedagogo Eduardo Urzaiz: “Altos ideales, varonil aliento, / trocados de momento / en materia insensible, polvo inerte, / al roce de las alas de la muerte. / ¡Cuánta noble ambición desvanecida! / ¡Cuánta idea valiente y generosa / para siempre perdida / en el recinto estrecho de una fosa!…”.

Celiano Pérez Vargas en “Felipe Carrillo” proclamó: “Víctima de tus grandes y nobles ideales, caíste como bueno, en una noche de traición y sangre. Paladín esforzado, apóstol infatigable de una idea, tus enemigos te sacrificaron, y ese es tu mejor galardón, tu triunfo definitivo. Convencido de tu misión, luchaste titánicamente por los humildes, por los oprimidos…”. Es notable el énfasis con el que se señaló que el asesinato de Carrillo Puerto se debió a sus ideales progresistas que promovían un cambio radical en beneficio de los oprimidos.

II

Desde la muerte de Felipe Carrillo Puerto, muchos escritores de cepa le construyeron una imagen de luchador social, combativo y fiero defensor de ideas progresistas enfocadas en edificar una sociedad cada vez más justa y equitativa. Se le granjeó como el hombre que impulsó transformaciones de gran calado en nuestro Estado para reivindicar a los oprimidos y los marginados. Así lo hizo notar Gómez Rul en “Felipe Carrillo”, al esbozar que: “las grandes conmociones sociales no se llevan a cabo sin que haya una figura de primer término, un CONDUCTOR DE HOMBRES que los inspire, los impulse y los dirija. La transformación social se efectuó en Yucatán por la energía, la constancia y la fuerza impulsiva de Felipe Carrillo”.

Líneas más adelante, Gómez Rul manifestó que Carrillo Puerto fue un hombre de grandes ideales, pujante y que hacía “vibrar en afinidad con todo aquel que descubriera ante su vista algo que fuera de elevación para su patria y para su raza”. Nos proporciona la imagen de un hombre de fuertes ideas progresistas, pero también persuasivo para convencer a todos aquellos a los que conoció con el fin de que sigan por la senda revolucionaria. Su actuar fue caracterizado de manera virtuosa, ejemplar e impetuosa, así como libre de prejuicios y de ataduras caducas contrarias a las brisas libertarias que proclamaba en cada acción política.

W. G. Cantón Sayago, en “In Memoriam”, pronunció que el líder motuleño convidaba al desdichado a tomar valor y conquistar los espacios políticos y sociales que por largo tiempo se le habían negado: “Levántate —le has dicho: —El hacendado / no es más que tú; defiéndete a ti mismo…… / hay un sol que te alumbra: EL SOCIALISMO, / y a tu sola inacción, no hay potentado”. En “Homenaje al grande que ha caído”, el Lic. B. Ríos Franco expresó que: “al apagarse su espíritu, por obra de una veintena de degenerados, improvisados y falsos redentores, ávidos de mando y de poder, sufrimos un dolor indiscutible, intenso y sangrante, al verter sobre el cuerpo yerto del hombre integral legítimas lágrimas de dolor”.

Algunos de los pensadores y poetas más reconocidos de la época conocieron en primera persona al líder socialista, con los que trabó una honda amistad o una relación de colaboración con muchos de ellos, los cuales compartían la visión de su proyecto político para la transformación de Yucatán. Como se ha observado hasta el momento, estos hombres de letras construyeron en la persona de Felipe Carrillo Puerto la imagen de un hombre íntegro, noble, honesto, cometido de un espíritu batallador y reformista.

III

El esquema arquetípico que se construyó sobre la persona de Felipe Carrillo Puerto adquirió un matiz místico e incorruptible basado en los altos ideales que propugnó durante sus años de lucha revolucionaria y que procuró poner en práctica cuando asumió la potestad del Estado hacia 1922. En este sentido, se le encumbró como un hombre en cuyo apostolado persiguió el bienestar de las clases sociales que habían sido oprimidas por el antiguo régimen. Es así como se le calificó de redentor, salvador y mártir.

Eduardo Urzaiz, en “El Simbolismo de la Resurrección”, esgrimió que el trabajo de “apostolado” que realizó consistió en un peregrinaje “de aldea en aldea y de ciudad en ciudad” para predicar la verdad y en la que le seguían “los humildes, los desposeídos, aquellos a quienes su palabra de vidente muestra el miraje dorado de una ilusión, mientras más intangible más hermosa”. Esa misma imagen de apóstol la difundió Aurelio Velázquez en el poema “Felipe Carrillo” al decir que: “Abrió en la vida su sonrisa casta / como el perfume de su apostolado; / tuvo una fuente de bondad, al lado / de su altivo clamor de iconoclasta”.

En “Tiberio Graco y Felipe Carrillo”, Oscar Ayuso y O´Horibe apuntó que el “Dragón de los ojos verdes” liberó a las clases desvalidas, especialmente a los mayas, de la opresión en la que encontraban con el fin de que lucharan por la igualdad de los hombres ante la ley, en la que estén posibilitados de exigir el cumplimiento de los principios constitucionales que fueron declarados en 1917. Este trabajo de apostolado, como se le refirió en múltiples ocasiones, hizo que “los humildes, los proletarios, manifiestan el profundo sentimiento que les causa la muerte de su bienhechor. Le han levantado una estatua en su corazón, deshojan sobre su tumba las rosas de la gratitud y envían rayos de gloria sobre sus despojos yertos”. Para cerrar de manera contundente al decir que “el Apóstol de la causa igualitaria ha ceñido a su frente la corona de Mártir. Ha llegado a la cumbre de lo excelso por el camino angosto del dolor. Ya es digno de entrar en el templo de la Inmortalidad”.

En otra colaboración que salió en el Boletín de junio de 1924, “Felipe Carrillo Puerto y la educación de su pueblo”, de Fernando Gamboa, se exclamó desde el principio: “El mártir que con su sangre ha sellado el triunfo definitivo de los ideales más caros, alentó siempre en su vida de prócer insigne, el anhelo vehementísimo del mejoramiento moral, intelectual y material de su pueblo”. Más adelante señala su carácter de apóstol, al decir: “Felipe Carrillo, como apóstol, ignoraba los alcances de la perversidad”. Esta es la imagen que se comenzó a cimentar del líder rojo desde el momento en que cayó víctima de las balas de la reacción y de la ignominia de la clase poderosa que se veía amenazada por su gobierno.

José Ramón Pérez Herrera
Licenciado en Historia por la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY). Actualmente es docente y Coordinador del Área de Ciencias Sociales de la Unidad Académica de Bachillerato con Interacción Comunitaria de la UADY. Ha participado en Encuentros Académicos, Coloquios y Congresos como ponente con trabajos relacionados a la historia de la educación y de las instituciones de beneficencia pública, y temas educativos y didácticos. Es columnista del periódico Novedades Yucatán.