La cocina de los ángeles

"La cocina de los ángeles". Bartolomé Estaban Murillo.

Por el título, cualquiera pensará que voy a criticar o hablar del colorido, de las actitudes de los ángeles, pero no; San Bartolomé acudió a Dios para poder alimentar a tantos mendigos, y Dios le concedió ángeles y alimentos en la cocina. Pero, era una cocina improvisada, para sorpresa del Santo, ya que él también vivía pobremente y compartía cuanto tenía. El pintor español Murillo logró ese cuadro tan expresivo, colorido en las sombras de la pobreza del lugar y riqueza de expresiones celestiales, caridad, ternura, alegría, amor y sorpresa del Santo.

Desde nuestros ancestros, en todas las religiones, han pensado que llegar al cielo es lo más deseado por todo mortal; muchísimas personas han tratado de conocer por distintos medios cómo se siente su pariente o amigo, dónde está, si en el cielo hay un lugar para cada uno, o si como dicen, después de la luz, que todos ven, los parientes reciben a otros parientes, ¿tienen acaso una casa para ellos? ¿un lugar determinado para una familia? 

Pero, después de haber visto ese cuadro me pregunté: ¿Habrá cocina en cielo, o justamente la comida la hacen los ángeles y es la hostia consagrada, y una vez recibida ya nunca tendremos hambre? ¿O será que si la recibimos aquí no necesitaremos otro alimento?

Si tienen cocina ¿Será que se siente la sazón acostumbrada? ¿Podremos degustar otros platillos de otros lugares, los vinos y las frutas que son diferentes a las nuestras?

Seremos etéreos ¿Pero, podrán nuestras almas cambiar de lugar? Si en vida quisimos visitar Tierra Santa, Las pirámides de Egipto, Egipto, El Bósforo o las Cataratas del Niágara, ¿no podamos hacerlo?

Si Jesucristo le ofreció el Paraíso al buen ladrón que fue crucificado junto con Él; ¿Entonces, es paraíso el cielo o alguna parte de él? ¿O será sólo para los Santos, los Ángeles y sus coros celestiales?

En el paraíso había una culebra, ¿será que existan animales, grandes y pequeños, como mosquitos, cucarachas, ratones, leones, pumas, elefantes y osos, o existirán como alma?

Los hindúes, en una religión, creen que el alma vuelve y se aloja en un animal. Según su comportamiento, si es violento podrá alojarse en un tigre o quizá una cobra, si se es tranquilo. Quizá en un elefante, un ratón o un mono. Tienen respeto a los animales, en algunos más que en otros.   

¿Tendrán descanso las almas de estar paradas o nunca se cansan, o están volando continuamente como los colibrís? ¿Será que en el cielo no existe el tiempo?  Los que estuvieron muertos un tiempo corto nos dicen que vieron a sus padres, como ellos los recordaban; entonces, en el cielo, ¿no cuenta la edad? ¿Estaban vestidos como los inhumaron o cremaron?

¿Podremos entendernos con otras almas de otras regiones del mundo? ¿podrá ser que exista un mismo lenguaje o ya no hay comunicación entre las almas?

¿Será que todas las almas llevan un sólo vestuario que es como las pintan? ¿un batón blanco, largo sin nada que lo identifique como bello o feo? Los que han visto a sus parientes no expresan cómo estaban vestidos ¿Los habrán visto vieron con sus ropas que les pusieron para inhumarlos?  Dicen que vieron un jardín ¿Será que ellos lo sembraron, desde, escoger las plantitas y hacerlos a su gusto o será que ya existe en todo un camino, un hermoso, florido y aromático que recorren todas las almas?

 ¿Será que a cada grupo de seres les dé un lugar dónde estar entre los miles de mundos que existen en el infinito del que no se conoce el fin, y se sabe que hay miles de planetas?

¿En los días dedicados a los muertos, todas las almas salen del Cielo?

¿Se conocerán los millones de almas que desde hace más de trece millones de años existen como almas?

 Desde niños, la religión alude al cielo o la eternidad en todas las oraciones, desde el Padre Nuestro, “Que estás en el cielo”, el “Ave María”, “así en el cielo como en la tierra”. En otras, para que seamos dignos de alcanzar las promesas y las gracias, aluden al cielo. Pero, la mayor parte de las veces que rezamos lo hacemos sin ponernos a pensar en el cielo o la eternidad. Nos queda una presión de fondo, tenemos que ser buenos siempre para ir al cielo.

En las escuelas nos enseñan que cuando el cuerpo se muere se convierte en energía; en luz, ¿Será que nuestra luz nunca se apague? ¿Es la que dicen que se atraviesa hasta llegar a donde nos esperan los parientes, entre jardines o en energía en la tierra, y de ahí que puedan saltar un rayo estruendoso y muy extenso? ¿O solamente nos convertimos en tierra?

Soy católica, sueño en querer conocer algo de la eternidad, pero concluyo que es un secreto de religión, sin tiempo, sin caminos, sin cocina, sin animales ni plantas o jardines, y seremos como las figuras virtuales que ahora conocemos y utilizamos, aunque pienso que la memoria que ocupa Dios no es RAM.        

En una edición de Selecciones del Reader Digest leí un artículo: ¿Hay más vida después de la muerte?  Las distintas opiniones fueron que sí, pero no daban más explicación de que la vida continúa; una mujer que estuvo muerta unos seis minutos explicó que ella vino del cielo, se paró junto a su cadáver y vio las maniobras de darle vida nuevamente y se asombró del cambio de la tranquilidad que tenía ya, al no sentir el frio de la sala de operaciones, ni el olor a los medicamentos ni las preocupaciones de que no muriera de nuevo.

Otra lectura me llevó hasta una vidente que atendió a una señora que sufría de pesadillas en las que su hijo, muerto, aparecía queriendo llamarla llorando. La vidente invocó a ese espíritu que se presentó y su madre le preguntó si lo asesinaron, él respondió que fue un accidente, que ya no llorara, que él sabía que era descuidado, que la trituradora estaba funcionando y él no se dio cuenta que metió las manos y el aparato lo absorbió con fuerza, que la pararon enseguida pero ya era tarde. La señora se desmayó y la vidente tuvo que reanimarla sacándola y llevándola a un hospital.

Yo tuve la oportunidad de ver morir a una vecina, fui por el sacerdote, porque su hermana me lo pidió, la iglesia está tan cerca, a unos cuarenta pasos, esperé que en unos tres o cuatro minutos, mientras el padre  reunía las diversas cosas para la extremaunción y pudiera acompañarme; pero como ya había muerto, el sacerdote le hizo unas oraciones, con agua Bendita la bañó (le echo agua en todo su cuerpo vestido, las manos y sentidos) confortó a la familia y se despidió, se fue explicando que si querían la misa le avisaran; creo que había pasado una media hora después de haberse ido el sacerdote; y otra cuando ya todos estaban preparando el lugar del velatorio, le estaban vistiendo, cuando gritó llorando: —¡No, no puedo ir, no puedo quedarme ahí, lloraba, no he visto a mi hijo! ¡Me tenía de la mano mi padre, estaban esperándome todos! ¡No!— lloraba con angustia —¡Tengo que esperar a mi hijo. Todos se asombraron, le preguntaron: ¿Cómo sabes si va a llegar? Ella respondió:—Le vi, está viniendo en un camión. Quedó como muy cansada, casi adormilada, sin decir más, al llegar su hijo, como una hora más tarde, la besó y ella le besaba y acariciaba, y enseguida murió. Entre la primera y segunda muerte, se llevó cerca de dos horas más de vida, pero no expresó nada más.

De estas situaciones sólo pienso que se dan por la fuerza de la necesidad y el empeño, todas las relaciones familiares que son fuertes lazos de amor e intimidad, otras no tienen explicación, pero han sido reales y, posiblemente, hasta volver después de muertos, pero no pueden describir la eternidad o el cielo.

Rosa del Alba Cetina Quiñones
Nace el 14 de febrero de 1936 en la Villa de Espita Yucatán, de padres comerciantes dedicados a la madera. En 1942 la familia se traslada a vivir a la ciudad de Valladolid donde realiza sus estudios básicos y se decide por la carrera de Docente estudiando en la Normal, “Rodolfo Menéndez de la Peña” y poco después estudia la carrera de Preescolar como postgrado de la normal, ambas en la ciudad de Mérida, ya que en Valladolid no se contaba con escuelas superiores. En 2011 publica su primer libro llamado “Añoranzas” y se descubre como escritora de vivencias y experiencias. Es presidenta de la Asociación de Poetas y Escritores de Valladolid (APEV). Primer Lugar del Concurso Nacional Literario "Memorias de El Viejo y La Mar" convocado por La Secretaría de Marina-Armada de México en 2012. Es autora también de “Un lugar para empezar” (2013), publicado en Amazon, “De aquellos años” (2015), “Experiencias y Nostalgias” (2016), “Deshojando Recuerdos” (2018), “Cartas de amor sin amor” (2020) En el 2016 compila el libro “Antología de Poetas y Escritores Vallisoletanos” de la APEV, con el que obtiene la beca Pacmyc para llevar música y poemas a las escuelas de todos los niveles educativos, y al terminar cada participación donaban varios ejemplares en cada institución para que quedaran como testimonio en las bibliotecas escolares del grupo impulsor del talento vallisoletano.