Ponencia presentada en la VI Conferencia Mundial Por el Equilibrio del Mundo
«Con todos y para el bien de todos». La Habana, enero, 2025.
La violencia contra las mujeres puede manifestarse de diversas formas; violencia física, sexual, psicológica, económica y patrimonial. Además, existen otros tipos de violencia específicos como el feminicidio, que es el asesinato de mujeres por razones de género, y el acoso callejero, que afecta la libertad y seguridad de las mujeres en los espacios públicos. Las estadísticas muestran que la violencia contra las mujeres en México es una realidad a la que nos enfrentamos y va en aumento. Según datos oficiales, en 2024 se registraron más de 670 feminicidios en el país, y se estima que sólo una pequeña proporción de los casos son denunciados y llegan a juicio. La Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) informó que el 66,1% de las mujeres mayores de 15 años han enfrentado algún tipo de violencia en algún momento de su vida.
La impunidad y la falta de acceso a la justicia son problemas persistentes en los casos de violencia contra las mujeres. Muchas víctimas enfrentan obstáculos al momento de denunciar los abusos y, en ocasiones, son revictimizadas durante el proceso legal. Además, existe una brecha significativa entre la cifra de delitos denunciados y las condenas efectivas. Es por eso que las mujeres han buscado nuevas formas de ser escuchadas y en este caso, la fotografía ha sido un altavoz.

La fotografía se ha convertido en un poderoso instrumento de expresión feminista en México. Más allá de ser un medio artístico, la fotografía feminista ha trascendido como una herramienta de denuncia, reflexión y transformación social. Las imágenes capturadas por mujeres y colectivos feministas le dan visibilidad a las luchas de las mujeres mexicanas.
La fotografía, como arte y disciplina técnica, tiene la capacidad de capturar y preservar imágenes mediante la acción de la luz. A lo largo de la historia, ha sido una poderosa forma de expresión artística, una herramienta de documentación y un medio de comunicación visual. Por otro lado, el feminismo es más que un movimiento social; es una revolución que ha transformado y sigue transformando el mundo. Es la voz que grita contra siglos de injusticia para reclamar lo que siempre ha sido nuestro: igualdad, respeto y libertad.
En este contexto, la fotografía feminista surge como una herramienta esencial de expresión, desempeñando un papel fundamental en la lucha por la igualdad de género y la reivindicación de los derechos de las mujeres. A través de la lente feminista, se han visibilizado las demandas y experiencias de las mujeres, estableciendo un impacto duradero que transforma tanto el arte como la sociedad. Los antecedentes históricos de esta corriente demuestran su capacidad para influir, sensibilizar y dar voz a las historias que han sido ignoradas.

Lejos de ser una guerra contra los hombres, el feminismo y la fotografía feminista son un llamado a cambiar las estructuras que oprimen, dividen y discriminan. A través del arte y la reivindicación, se enciende un cambio profundo: construir una sociedad donde cada persona, sin importar su género, pueda ser plenamente humana, libre para existir sin miedo ni límites.
A lo largo de los años, la fotografía ha evolucionado de manera significativa, tanto en términos de tecnología como de su impacto en la sociedad. En sus inicios, este arte era un proceso largo y complicado que requeriría placas y productos químicos para capturar y revelar una imagen. Sin embargo, con el paso del tiempo, se desarrollaron técnicas y avances que simplificaron el proceso, haciéndolo más accesible para el público en general.
Al ser más accesible, se permitió que distintos grupos sociales adoptaran la fotografía como una herramienta para contar sus historias. Un ejemplo emblemático de esta apropiación es el impacto del movimiento feminista de los años 60 y 70 en la fotografía. Durante este período de lucha por los derechos reproductivos y la igualdad salarial, las mujeres tomaron la cámara en sus manos para desafiar las narrativas patriarcales dominantes. En marchas y protestas como las del 8 de marzo, las imágenes capturaron la esencia del movimiento: pancartas denunciando feminicidios, cuerpos pintados como forma de protesta, y expresiones de duelo en colectivo en memoria de las víctimas de violencia.
Desde entonces, las fotógrafas han utilizado sus lentes para explorar temas que abarcan desde la violencia estructural hasta la maternidad y las luchas de las mujeres indígenas. Estas imágenes no sólo generan conciencia, sino que también ofrecen una narrativa alternativa, desafiando la visión histórica dominada por el patriarcado.
La fotografía feminista no busca idealizar a las mujeres, sino humanizarlas, revelando tanto su vulnerabilidad como su fortaleza en diversos contextos.
Un aspecto crucial de la fotografía feminista contemporánea es su capacidad de integrar elementos interdisciplinarios, como la combinación de performance y arte conceptual. Otra manifestación artística importante son las fotoinstalaciones y las intervenciones fotográficas. En México, estas prácticas se están volviendo cada vez más populares, ya que fusionan elementos fotográficos con componentes espaciales. La fotoinstalación es un proceso en el que las fotografías se exhiben en un espacio determinado, ya sea en un lugar público, una galería, etc., pero de manera no convencional. Esto implica que las imágenes no se limitan a ser simplemente impresas y enmarcadas; se integran con el entorno y se utilizan elementos como proyecciones, lo que da lugar a una experiencia visual, espacial y única.
Por otro lado, las intervenciones fotográficas consisten en la manipulación de imágenes fotográficas mediante diversas técnicas y medios, como la superposición, el recorte y el collage. Esta técnica se emplea para desafiar la realidad, cuestionar la veracidad de la imagen y explorar nuevas formas de narrativa visual.
Otro desarrollo significativo es el uso de talleres de fotografía como herramientas de empoderamiento comunitario. Colectivos feministas organizan espacios en los que las mujeres aprenden a utilizar la cámara para contar sus historias, denunciar abusos y crear un archivo visual de resistencia.

Las plataformas digitales también han revolucionado el impacto de la fotografía feminista. Instagram, Twitter y TikTok se han convertido en vitrinas globales donde las fotógrafas comparten su trabajo, se conectan con audiencias internacionales y movilizan a personas en torno a causas específicas. Esta difusión masiva ha permitido que las imágenes de mujeres mexicanas luchando por sus derechos resuenen más allá de las fronteras nacionales, fomentando la solidaridad global y el activismo transnacional.
Hoy en día, la fotografía también se está utilizando como una herramienta terapéutica, permitiendo a las mujeres narrar sus propias historias desde una perspectiva empoderadora. Estas imágenes no sólo sanan a quienes las crean, sino también a quienes las contemplan, al generar un sentido de conexión y esperanza.
En un país como México, donde las mujeres continúan enfrentando múltiples formas de opresión, la fotografía feminista se posiciona como una forma de resistencia y empoderamiento, demostrado ser un medio esencial para el feminismo, funcionando como un medio de protesta y denuncia, como un espejo que refleja las injusticias y como un megáfono que amplifica las voces de las mujeres, visibilizando las desigualdes y la violencia que existe contra las mujeres. Cada imagen es un recordatorio de que, a través del arte, es posible reimaginar el presente y construir un futuro más justo e igualitario.
NOTA: Ponencia presentada en la VI Conferencia Mundial Por el Equilibrio del Mundo “Con todos y para el bien de todos”, realizada del 28 al 31 de enero de 2025, en La Habana, Cuba.







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