La ropa lavada

Ayer la confesé a mi tía Carmen —como se confiesan las culpas chiquitas, agachando la voz—, que había dejado la ropa toda la noche en el tendedero.

—Es que lavé en la tarde, tía —le dije—; en la tarde es cuando el agua llega con más presión y no tengo que pelearme con la llave. A mediodía el sol ya no es sol, es un castigo. Y yo no quiero gastarle más calor al planeta, ni gastarme yo.

—No sé si hago bien o mal —le seguí—, pero no huele feo. La lavadora ya la exprime, la deja casi seca, casi viva. Ya no es como antes.

Ella sólo me escuchaba. Y en su silencio, escuché a mi abuela.

Mi abuela decía, antes de la seis, con voz de rezo: ¡Metan la ropa!

Quizá lo decía porque cae el sereno. La noche moja. Y en zona de humedad, la ropa amanece tiesa, con olor a moho y con bichos pegados. Porque para las abuelas, la ropa que no vio el sol, no está limpia.

En Yucatán, las abuelas mayas dicen otra cosa: que de noche caminan los aluxes chiquitos, camina la Xtabay con su pelo largo, camina el mal viento buscando donde meterse. Si dejas la ropa colgada, se meten en ella. Y cuando te la pones, te da calentura y pesadillas. Sobre todo, la de los bebés y la interior. Por eso la meten al caer la tarde.

Las abuelas del norte dicen algo distinto, pero igual de cierto: que la ropa tendida de noche es avisar que en esa casa no hay orden. Casa que deja su ropa de noche, deja su suerte afuera.

Y sí. El sol limpia, la luna espía.

Pero ahora nos toca a nosotras. Lavamos de noche porque es la única hora que nos queda. Entre los dos trabajos para poder vivir, el aseo de la casa, la comida y todo lo que hay que hacer, ya no hay tiempo de tender con sol.

Así que lavamos de noche, aunque el recuerdo de las abuelas todavía regañe bajito.

Nació en Torreón Coahuila, en 1968. Licenciada en Historia con un posgrado en Educación. Docente de asignaturas del área de Ciencias Sociales. Trabajó del 2016 al 2020 como Responsable Académica del Bachillerato Intercultural de Popolá en Valladolid, Yucatán y del 2016 al 2018 supervisando de manera académica a los 198 planteles del Telebachillerato Comunitario (TBC) en el mismo estado, actividades que la conectaron con las costumbres, tradiciones, formas de vida y el aprendizaje servicio propio de las comunidades rurales. Ha colaborado con la Dirección General de Bachillerato de la SEP en la creación del programa modular de primer semestre del TBC “Matemáticas, fuerzas y movimiento”, con la Universidad del Valle de México campus Mérida en la elaboración del programa de la asignatura Comparative History, así como en la revisión del programa de estudios del Bachillerato Intercultural de Yucatán bajo la supervisión de la Coordinación General de Educación Intercultural y Bilingüe CGEIB.