Nuevo Código de las Familias en Cuba. Una propuesta avanzada e inclusiva.

Hace poco más de 2 años fue aprobada en referendo la nueva la Constitución de la República de Cuba, la cual propone un marco regulativo caracterizado por la diversidad familiar. 

El código vigente desde 1975, fue avanzado para la época en que se aprobó, sobre todo por los valores que promovía para las familias cubanas, hoy se hace obsoleta luego de 46 años en los que la sociedad es otra y se requiere ajustarla a los nuevos tiempos. Las experiencias y evidencias de su aplicación han servido de plataforma para argumentar nuevas propuestas de inclusión que fortalecen valores como la equidad, la dignidad, el respeto y la responsabilidad, no solo desde lo biológico sino también, desde los vínculos afectivos y la solidaridad inherentes a este grupo social.

La propuesta de nuevo código es una oda a la inclusión. Ha sido un proceso arduo de un grupo de especialistas de diferentes disciplinas convocados por el estado para analizar e integrar el resultado de debates sostenidos, entre otros, en el proceso de aprobación de la carta magna.

Se trata de un recurso jurídico para la protección de todas y todos en cuestiones filiales que se requieren para ofrecer entornos de protección a las familias, incluyendo a las que no han tenido respaldo jurídico legal.

El proceso ha sido una construcción colectiva asumida por una comisión conformada por expertos de diversas instituciones. Además, la propuesta está siendo objeto de análisis en un grupo de Centros que trabajan temas afines al contenido del código, lo que ha permitido incorporar otras miradas y perspectivas que tributan a la salud de las familias entre los que se encuentran: los Ministerios de Educación, Salud, Seguridad social, Justicia, Relaciones exteriores, la Federación de Mujeres Cubanas, la Sociedad Cubana de derecho civil entre otros organismos con un perfil multidisciplinario.

En el documento se visualiza la voluntad política de ser coherente en el ordenamiento interno y con los tratados internacionales a los que Cuba se ha suscrito.

El estado reitera que las familias constituyen la célula fundamental de la sociedad, las protege y contribuye a su integración, bienestar, desarrollo social, cultural y económico, y al desempeño de sus responsabilidades. Crea las condiciones que garanticen el cumplimiento de sus funciones como institución y grupo social.

El documento declara entre sus principios la igualdad y no discriminación, pluralidad, responsabilidad, respeto, solidaridad, favorabilidad, interés superior, equilibrio entre orden público, autonomía y realidad.

Se aboga por los derechos de todas, todos y todEs a formar familia, tener una vida familiar, a la igualdad en materia filiatoria, al desarrollo de la personalidad, intimidad, proyecto de vida personal y filial. Promueve los derechos niños/as y adolescentes  como sujeto de derechos, de ser escuchados de acuerdo a su capacidad y autonomía progresiva. Así mismo el derecho de las mujeres al uso de tiempo de manera equilibrada y a su desarrollo integral sin sobrecargas domésticas y de cuidado.

Se destaca en el código el derecho de todEs al desarrollo de su salud sexual y reproductiva en la familia, independientemente de su edad, género discapacidad. También a la educación sobre reproducción  y planificación familiar. La protección a la maternidad y paternidad, así como la promoción de su desarrollo responsable y familias libres de violencia.

Se reconoce el valor de los abuelos, abuelas y otros parientes a una armónica y cercana comunicación entre ellos. El derecho de los adultos mayores y discapacitados, a su autodeterminación y preferencias, e igualdad de oportunidades en la vida familiar.

El documento se estructura en títulos, capítulos y sesiones, logrando expresar con detalles sus contenidos los que de alguna manera ya he enunciado.  Se profundiza en cuestiones del derecho a la alimentación, quienes tienen la obligación de ofrecerla, y quienes la reciben. También se amplían deberes y derechos sobre la adopción, sobre el cuidado y la responsabilidad hacia el adulto mayor dependiente. Así mismo se toma en cuenta la atención a situaciones de discapacidad, tema que ha venido ganando en sensibilidad y cuidados, pues no en pocas ocasiones las personas que viven con alguna deficiencia no encuentran el respaldo legal que necesitan.

Se incluyen temas avanzados como el de la reproducción asistida, y los marcos legales en que será posible, asunto que no está presente, pero que ha sido preocupación de personas con problemas de infertilidad.

Se abunda en la autonomía progresiva de las infancias y adolescencias, de manera que puedan ser sujeto de derechos y no continúen siendo objeto, sin titularidad alguna, pues es saludable que puedan decidir en un momento dado que prefieren, cuál es su deseo, qué los hace más felices.

La práctica evidencia que en situaciones como casamientos antes de los 16 años, las muchachas deben acudir con sus tutores a los servicios de salud sexual y reproductiva por solo colocar un ejemplo. Ellas no cuentan con autonomía para decidir sobre sus cuerpos. Situaciones como estas tienen sus complejidades, pues se apuesta porque no se apruebe el casamiento antes de la mayoría de edad, concebida a los 18 años. Se requiere de un trabajo intenso y amplio para que los más jóvenes asuman actitudes de autocuidado que contribuyan a su protección anticonceptiva como alternativa para no tener embarazos no deseados, no ni planificados.

En muchas familias cubanas el matrimonio infantil (entre 14 y 16 antes de los 18 años) está naturalizado, lo que responde a tradiciones culturales, situaciones socioeconómicas. Sin embargo, esta situación no favorece el desarrollo positivo de las adolescentes de estos tiempos, donde para alcanzar el bienestar social se necesita de una preparación técnico profesional que se logra con la educación sistemática, típica de estas edades.

Es un documento extenso y abarca una gran variedad de temas. Su lectura por momentos es compleja, por lo que el debate colectivo y público contribuirá a esclarecer cualquier incomprensión.

Algunos temas aparecen por primera vez, pero responden a su ausencia en el código vigente y responden a cuestiones que necesitan encontrar solución. Se necesita seguir sensibilizando a quienes no ven más allá de su individualidad y ámbito familiar, sin dar crédito a las muchas realidades existente que no han estado siendo  protegidas por este código.

Hay personas que, sin leer la propuesta, repiten opiniones y comentarios escuchados, sin conocer a ciencia cierta de qué va el asunto, incluso toman partido sin leer, sin haber visto el documento, sin valorar en cuánto se beneficiarán la mayoría de las personas por su elevado carácter protector e inclusivo de innumerables respuestas a problemas que no se visualizaban en la vigente norma jurídica, que muestra realidades no resueltas, pero de valor y trascendencia para la dignidad humana.

Hoy Cuba está siendo cuestionada y agredida por sus enemigos por defender el derecho a decidir en qué sociedad queremos vivir. El nuevo código es una expresión de justicia social. Mucho se ha trabajado para incluir la mayoría de las problemáticas que quedaban fuera.

Por supuesto que es perfectible y podrá ser mejorado con los aportes y los debates colectivos donde se esclarecerán las dudas y propuestas más complejas.  

Natividad Guerrero Borrego
Es Licenciada en Psicología, Master en Sexología, Doctora en Ciencias Psicológicas, Profesora Titular e Investigadora. Es autora de varios libros y numerosos artículos en revistas cubanas y algunas extranjeras. Es miembro de la Comisión de Grados Científicos de Salud Pública y de varias Asociaciones Científicas cubanas. Actualmente conduce una sección fija sobre orientación psicológica y sexológica de la Emisora Habana Radio, de la Oficina del Historiador de La Habana. Dirigió por muchos años el Centro de Estudios sobre la Juventud (CESJ), perteneciente a la Unión de Jóvenes Comunistas de Cuba, fue jefa del Departamento de investigación y Docencia del Centro Nacional de Educación Sexual CENESEX, donde se desempeña en la actualidad como especialista de esa institución, abanderada de la inclusión social en Cuba. Es miembro de varias Asociaciones Científicas (Psicología, Pediatría, SOCUMES y SOCUDEF). Ha recibido varios reconocimientos, entre ellos, la Orden “Carlos J. Finlay”, otorgada por el Consejo de Estado de la República de Cuba y Reconocimiento especial “Ángel Custodio Arce” otorgado por la Cátedra de Género, Salud y Educación Sexual de la Universidad de Ciencias Pedagógicas de la Habana.