“De ninguna manera volveré a México; no soporto estar en un país más surrealista que mis pinturas”, declaró alguna vez Salvador Dalí, previamente André Bretón había descrito a México como “el país más surrealista del mundo”. Leer a Ida Rodríguez es un viaje al pasado para repensar el presente dentro de la gama de posibilidades para vivir a México, un país con sus contradicciones, que ha maravillado desde artistas hasta intelectuales, precisamente por el abanico geográfico, cultural, social, económico y/o espiritual que habita en el territorio.
América Latina resultó el sitio donde los exiliados tuvieron cabida, una voz e influencia para el desarrollo del arte alternativo, México como tierra fértil se ubica como sede en donde su misma complejidad, de acuerdo a Ida y parafraseándola, fue casi un obstáculo para que algunas corrientes como el surrealismo emergiera como una alternativa para conectar al artista contigo mismo.
México, con sus contradicciones en búsqueda de tener una identidad ha encontrado en estos migrantes opciones creativas, particularmente el surrealismo si bien en lo plástico tuvo variedades y mezclas como se puede leer en el texto de Rodríguez Prampolini, sin embargo comprender la línea histórica del país que si bien el exilio que se ha sufrido es por un cambio de vida en materia económica en otros países el motivo es diferente, es porque su raza fue eliminada, su manera de pensar, su manera de vivir, y lo que eso repercutió en su psique fue lo catártico lo que encontró su cauce en el arte y lo intelectual como por citar un ejemplo y Luis Buñuel, ¿cómo abrazar la fantasía, el sueño, las otras realidades?
Ante la pregunta de que si el surrealismo fue capaz de generar un cambio en el curso del arte mexicano, viene a mi mente, el papel de la literatura en los cambios en las expresiones artísticas y pienso en Elena Garro (1916-1998), la mejor escritora después de Sor Juana, iniciadora del realismo mágico mexicano, en ella se vive la mexicanidad desde el realismo mágico de cómo se vivía México, y como entre lo fantasmagórico y el sueño Elena lograba que sus motivos: pueblo, mujer y lo rural sea mostrado de otra manera.
Si bien el surrealismo y el realismo mágico son diferentes, considero que el segundo fue dotado de ese sueño alterno en el que habitaba el surrealismo, en el cual los objetos lograban ser animados como ocurre en la obra de: “El árbol” (1964) el cual carga con los pecados que la gente le echa cuando se los confiesa hasta el grado de secarse o bien cuando los días de la semana se personifican: “Don Flor le pegó al Domingo hasta sacarle sangre y el Viernes también salió morado en la golpiza” o bien cuando en el cuento “Qué hora es?”, Lucía Mitre parte de la vida terrenal al mismo tiempo que Gabriel Cortinas, un aparente fantasma, se la lleva con él. En los tres cuentos citados la convivencia de la vida con la muerte ocurre de modo natural, sea en un medio rural o urbano más allá de calaveras bailando o cantando como ocurre con la obra de Posadas y es que esta convivencia permea como parte de la dieta de lo mexicano, este surrealismo de formas, de realidades excéntricas, de ese yo inconsciente que emigra a lo externo para ser visto por lo demás fue una necesidad plástica, más íntima resultó la literatura que se empapó del arte que surgía. En el caso de Elena Garro, es de notar esa convivencia de la vida y la muerte, como ejemplo tenemos su libro de cuentos “La Semana de Colores” (1964) en donde a través de personajes como “Don Flor”, “Marta”, “Luisa”, “Lucía”, parecieran extensiones de la vida de la autora logrando que lo personal (se dice que las gueritas del cuento “La Semana de Colores” así como el amor entre “Lucía Mitre” y “Gabriel Cortinas” de “¿Qué hora es”, son biográficos) pudiera ser trasladado al arte, en la cual, lo surreal, lo fantástico, lo mágico, logrando mezclar en un mundo sobrenatural en el cual la muerte como personaje actuante encuentra modos de emerger y ser parte fundamental de las historias.
Ahora, ¿cómo expresamos la realidad en el arte?, ¿qué tomamos de fuera y trasladamos al público?, ¿estamos ante un retorno a lo originario? Al menos la agenda política es lo que ha dictado desde las políticas culturales pareciera que sí. ¿Ese sueño irreal tendrá salida o se permanecerá en el llamado de las autoridades para crear por encargo de acuerdo a las necesidades políticas? Creo que el reto es precisamente encontrar esa conexión del yo para crear, claro con las influencias externas, pero sí encontrando nuestra voz, y que México cuente otras historias más allá de una agenda pre establecida.
Referencias
Garro, E. (2006) La Semana de Colores México, Porrúa
Rodríguez, P. (1969) El Surrealismo y el arte fantástico de México. México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1983 pp. 43-103
Telediario (2024) Qué dijo Salvador Dalí sobre México, en https://www.telediario.mx/nacional/salvador-dali-que-dijo-sobre-mexico recuperado el 20 de septiembre de 2024.








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