El nuevo gobierno de Yucatán deberá afrontar una serie de procesos de acumulación de riqueza en manos de una élite de la burguesía aliada al gobierno panista, que se apropió de territorios, despojó a las comunidades a través de medidas tramposas, desarrolló un claro desprecio por la cultura y las artes populares, y generó un abandono casi completo de los programas editoriales, y de fomento a la educación y a la cultura que habían demostrado su validez y alcance