Hoy en día, prácticamente no hay nadie en el mundo que pueda decir con honestidad que no sabe algo del genocidio, y si así lo afirma es porque ha decidido ser parte de ese crimen, pues callar ante la barbarie es ser cómplice, no hay ya forma de tener medias tintas, no hay manera honesta moralmente de permanecer ajeno a este acontecer, no existe razón real para seguir ignorando el genocidio, esto, sin importar la postura de los diversos gobiernos. Por ello, debemos mirarnos a nosotros mismos en el espejo de Palestina y decidir a dónde queremos dirigirnos: a la perdida de todo sentido humano o al fortalecimiento de la humanidad a través de la solidaridad y la conciencia del derecho de todos los pueblos a existir.

Ante toda esta barbarie, como desde el primer día, los pueblos del mundo no podemos callar, no podemos silenciar la verdad, no podemos quedarnos quietos; la voz de la humanidad debe escucharse contra el genocidio y por un alto inmediato. La causa palestina hoy es, y siempre será, la causa de la humanidad.