Hoy, como todos los viernes, acompañé a mi abuelo a recoger leña porque mis padres los domingos venden dzotobichay en las afueras de la iglesia; siempre a la mitad del camino nos detenemos a beber agua de chaya y es cuando mi nool me cuenta cosas interesantes. Hoy le decía lo mucho que me gustaría conocer un lugar con nieve, jamás he visto un campo cubierto por ella o una montaña con su punta blanca, sólo la conozco por los libros de la escuela o la tele; me gustaría conocer un iglú en el que viven los Inuit.
Mi abuelo dice que es parecido al temazcal utilizado por nuestros antepasados para purificar el cuerpo, pero que ellos no lo utilizan para sudar sino para protegerse del frío y de algunos animales, él me dice que su media esfera ayuda a que esté caliente; mi maestra le dice aislamiento térmico. Ella me explicó que como el aire caliente sube; adentro, las camas para dormir son altas para así aprovechar el calor que se genera con ayuda de un pequeño quemador de aceite que siempre se enciende para calentar el ambiente, pero hay que estar pendientes de que no suba mucho la temperatura para que no empiece a derretirse.
Yo le explicaba al abuelo que la parte más fría es la entrada diminuta y que, eventualmente, hay que hacer pequeños huecos para que el aire fresco circule y se pueda respirar; los agujeros también sirven para que salga el vapor que la gente exhala.
Mi abuelo creo que aprendió algo nuevo porque no dejaba de mirarme, pero como siempre, él fue quien me dejó con la boca abierta cuando me dijo que la forma semiesférica del iglú no nada más se hizo para generar calor sino para recordar el vientre de nuestra madre, nuestro primer hogar, el lugar que habitamos nueve meses , tiempo en el que todo era seguro porque comida nunca nos faltó, no hacía frío ni calor, lugar en el que mientras nos preparamos para nacer estuvo lleno de amor y tranquilidad, un espacio en el que no había depresión, ni ansiedad, ni preocupación; por eso mi abuelo dice que una casa debe siempre ser así, como el vientre de una madre, un techo para dar y recibir cariño.










Muy bonita comparación entre un iglú y el vientre materno. Así debieran ser todos los hogares. Saludos, Ivonne !
Gracias Hortensia por leerme, que nuestra casa siempre, siempre, sea un igloo lleno de calor y amor
Me gusta tu narrativa estimada y querida Ivonne, el iglú comparado con el vientre materno para recibir el calor y protegernos del exterior; no se si algo tenga que ver, pero me hiciste pensar en la oficina Oval del Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, su guarida, su espacio, su nido.
Hola Mercedes,
No había pensado en la oficina oval pero ¡cierto! qué raro que sea oval, verdad? gracias por leerme, un abrazo
Gracias Hortensia por leerme, un abrazo lleno de cariño y que siempre, siempre nuestra casa sea un igloo lleno de calor y amor