Me hago muchas preguntas, cuando de antemano creo que no hay respuesta. Parece tonto, pero no lo es, lo cierto es que me embarga un torbellino de sentimientos. Por momentos me creo el tipo clásico que ensombrece la alegría; otras veces un muñeco torpe que no sabe a dónde va; de vez en cuando me invade una profunda tristeza y veo, como en una gran pantalla, el horror, el sufrimiento, el crimen inaudito, la certidumbre de la espantosa realidad, viendo criaturas pequeñitas, sucias, casi sin ropitas, vagar en busca de algo que, ni él mismo, sabe qué.
Y si es que logra vivir unos cuantos años más se preguntará una y mil veces ¿por qué?, ¿por qué?, ¿por qué? Y tampoco tendrá respuesta. Y así sigue, en macabra marcha su andar en extravío hambriento, olvidado y seguro víctima de algún mal nacido para explotarlo o prostituirlo. ¡Y nosotros por acá deseando felicidades, riendo embriagados con alcohol y hasta con apatía, para seguir buscando felicidad en medio de la guerra cruel! Pero además, sin pensar que, en los mismos momentos de su alegría, unos padres viven muriendo al recordar a su hijo torturado o muerto en un acto de rebeldía para cambiar este mundo.
Y digo más: millonarios insensibles buscando la manera de incrementar sus dineros, incluso mal habidos; otros añorando el mundo de la inteligencia artificial, no para bien, sino para dominar ya totalmente a las grandes masas, de modo que jamás pretendan insubordinarse ante el egoísmo de los que manejan los hilos de esa inteligencia anómala. No pretendo desear que de un jirón las personas dejen de sentir alegría y mucho menos que deseen felicidad a familiares y amigos.
Pero no oculto mi deseo de hacer un alto en el camino para meditar sobre estas sombrías realidades que vive hoy la humanidad. Tengamos presente lo afirmado por Rabindranath Tagore: “Si lloras por haber perdido el sol, las lágrimas no te dejarán ver las estrellas”. Hasta aquí he sido sincero y lo seguiré siendo, tanto es así que le invito a un rato de alegría, por favor, sin alcohol. Y si comparte mi deseo de buscar alguna fórmula para mejorar un poquito el egoísmo de este mundo, entonces cuente conmigo, busquemos las estrellas de Tagore, y hasta le ofrezco mi sincera amistad. ¡Que así sea! Gracias. Por el momento, me retiro del tema, y para su meditación le dejo con nuestro José Martí: La amapola más roja y más leve crece sobre las tumbas desatendidas; El árbol que da mejor fruta es el que tiene debajo un muerto







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