Yucatán: el lugar de la sombra de los millones de árboles

Destruir la selva tropical para obtener beneficios económicos es como quemar un cuadro del Renacimiento para cocinar una comida

E. O. Wilson

La remodelación de la Plaza Grande de Mérida comenzó el martes 16 de abril de 2024 según los datos del gobierno estatal. Los trabajos se realizaron con el objetivo de “modernizar la plaza y mejorar la accesibilidad y sostenibilidad”. El diseño “nuevo” contemplaba incrementar 80 árboles para hacer un total de 105. La obra requirió una inversión de 137.5 millones de pesos según el Diario de Yucatán y, sin embargo, quienes caminamos durante los últimos días por esa zona buscamos sombra y podemos contar los árboles con los dedos de la mano. Hasta un tal don Jelipe se pregunta con ironía: “¿Qué es lo que el gobierno considera o llama “árbol”?

A finales de ese mismo mes (abril de 2024), el entonces gobernador panista develó frente al parque de Santa Ana una placa en la que afirma que su administración plantó un millón de árboles, “cifra histórica” para el estado y en tiempo récord. En el Corredor Turístico y Gastronómico del Centro Histórico, entre la calle 47 con 60, a un costado del parque de Santa Ana, el gobernador encabezó la plantación del árbol número un millón, un maculís de hojas rosadas (actualmente desaparecido junto con varios de los otros 150 de ese corredor). Y así, don Jelipe apareció orgulloso en la foto, con su camisa partidista y su gorra, sembrando.

Remodelación de la PLaza Grande de Mérida. Julio, 2024. Imagen: @posta.com.mx

Como se admite en documentos públicos, junto con los más de 244,000 árboles del Ayuntamiento de Mérida, se llegó a un total de 1,244,084 plantados durante cinco años, dato que representa más de 3,074 hectáreas arborizadas según el mismo gobierno (24.7 m2 por árbol), el cual anunció que sembraría 200,000 más sin especificar en qué zona o lugar del estado lo haría, quizá sea en los extensos y variados parques o áreas verdes de las ciudades y municipios, donde podremos sentarnos a la sombra de tanta fronda verde.

En el Quinto Informe de Gobierno se expone que lograron plantar 279,652 árboles, un total de 858.88 hectáreas solo en Mérida, aunque el Instituto Municipal de Planeación menciona que sólo existen 979 espacios públicos que suman un total de 683 hectáreas.  Deberían llamarla Mérida “la verde” y no “la blanca”, la “Amazonia yucateca”.

Por su parte, don Jelipe se ha dedicado a la jardinería casi toda su vida y ha sido empleado del Ayuntamiento en las cuadrillas de aseo de parques y jardines, y su tiempo libre lo destina a la poda y limpieza de terrenos, así que ha tomado algunos “árboles” del vivero del Ayuntamiento para sus trabajos extra. Al igual que muchos subcontratistas, los arbolitos del vivero sólo le sirven para “cobrar la entrega”, sin importar si estos se mueren o viven y crecen frondosos (mejor sino lo hiciera, porque volvería a cobrar haciendo el mismo trabajo). Sabe que difícilmente sobrevivirán; él ha plantado esos mismos en las cruzadas de cada año y casi siempre repite colocando nuevos esquejes donde el año pasado ponía un arbolito.

Mérida vista desde las alturas

Durante el periodo de 2007 a 2012, cuando don Jelipe comenzaba a conocer los secretos de la jardinería y el manejo de recursos, las acciones de reforestación sólo se dieron en 28 municipios con 78,939 árboles, en una superficie de 215 hectáreas, y otras 30 hectáreas del área natural protegida de San Juan Bautista Tabí y Sacnicté. Fue el momento de mayor deforestación en la Zona Metropolitana de Mérida, el cual coincidió con el desarrollo habitacional y comercial en varias zonas (fraccionamientos Los Héroes, Ciudad Caucel y Las Américas, y Plaza Canek, Macroplaza, Galerías y Altabrisa) que, a pesar de considerarse terrenos baldíos, proveían área verde a la escasa vegetación de la ciudad. No hubo programa de reforestación alguno a pesar de recibir 200,000 dólares del Banco Interamericano para el Desarrollo como parte del Programa Estatal del Cambio Climático. 

El más ahorrativo en árboles fue Rolando Zapata (2012 a 2018), con sólo una reforestación de 1,413 plantas nativas y adecuación de 413,365.78 m2: “acondicionado como un espacio público natural al entorno ecológico requerido”, algo que, a su parecer, no requería vegetación, sólo infraestructura y deforestación.

El presidente López Obrador afirmó que su gobierno plantó 35.6 millones de árboles en Yucatán y Quintana Roo (en promedio, casi 17.5 millones para cada estado). Para tratar de entender qué es lo que el gobierno considera “árboles”, nos muestra un listado de los que plantó: ramón, guayaba, cedro, caoba, ciricote, chacté–viga, cacao, chicozapote, aguacate, pimienta, mango, moringa, achiote, sábila, agave, vinilla, pitahaya, piña, chicle, orégano, nopal, zacate limón, jengibre y plátano (Segunda jornada laboral de siembra, 2021).

Cuando muchos de nosotros escuchamos “árboles”, en nuestro concepto e imaginario suponemos que se trata de vegetación de alrededor de 4 metros de altura y una fronda de 5 a 6 metros de diámetro como mínimo, y no un zacate limón que cabe en la palma de la mano o una suculenta, de la cual caben casi diez en una maceta, o agaves y piñas que no tienen fronda. Don Jelipe sabe que por cada uno de ellos cobra lo mismo y mejor si sólo le piden sembrar zacate limón o platanitos.

Además, en alguna parte de la ciudad hay unos 116,665 arbolitos de las once cruzadas forestales anuales realizadas por el Ayuntamiento de Mérida desde 2014 hasta 2024. La doceava cruzada inició con una meta de 8,500 piezas plantadas en 18 días. Vila aseguró que cuando él fue alcalde sembró 85,000 ejemplares. Algo en los números no cuadra.

En 2025, cuando creíamos que el verde es suficiente, el gobernador Huacho Díaz prometió un “renacimiento verde”, sembrando 1,320,000 árboles. Tampoco especificó dónde. Quizá exista un plan estatal secreto para generar techos y muros verdes.

Don Jelipe es feliz trabajando en jardinería, pero acepta que tiene sus momentos de sombra gris, pues admite que, a muchos, inclusive a los mismos trabajadores del Ayuntamiento, no les gusta los árboles porque generan “basura” con las hojas secas y también atraen bichos, mucho menos siembran algo en sus viviendas. Sabe que la mayoría tiene planchas de concreto donde debería existir un jardín o área verde —hasta en el reglamento de construcciones de la ciudad establece como mínimo 30%—, pero nadie respeta eso. Lo sabe porque él mismo ha ido a cortar los árboles. Piensa que debería existir una ley que obligara a todos a sembrar un árbol. Y, en efecto, esa ley existió; fue en la sesión del 11 de enero de 1821, cuando se creó una iniciativa que establecía que los Ayuntamientos de los pueblos debían sembrar anualmente un número determinado de árboles para reponer los que se cortaban. “La ley no daba tregua, pues cada vecino por sí o por otra persona que lo representase, tendría obligación de plantar, en terreno propio o en el común o realengo, cinco árboles cada año y los vecinos sin terreno propio debían concurrir, en la fecha que se les prefijase, al terreno baldío que les designara la autoridad municipal y dejar sembrados los árboles respectivos”.

close up picture of gardener’s hand holding the sapling of the plant

Pasa lo contrario, en 2016, la cobertura forestal de Mérida era de 41,750 hectáreas y para 2023 esta cifra se redujo a 38,816 hectáreas. A pesar de que la Ley de Desarrollos Inmobiliarios del Estado de Yucatán en su Art.16 señala que cada nuevo desarrollo deberá preservar un mínimo de 30% para áreas verdes urbanas, el Ayuntamiento de Mérida sólo exige 20%. Pero las empresas constructoras no respetan ninguna. Es más redituable talar todo, lotificar, luego construir y relegar los espacios residuales como área de donación para vegetación (datos del Sistema de Información de Cambios de la Cobertura Forestal en la península de Yucatán).

Aún se pueden observar en algunas zonas de la ciudad, árboles muy grandes y antiguos, tales como ceibas. Como una medida derivada de estrategias para conservación del “patrimonio verde”, el Ayuntamiento creó la declaratoria de protección para 26 árboles por sus características específicas, entre ellas, para los que miden más de 15 metros y más de 50 años de antigüedad. Don Jelipe les da mantenimiento a muchos de ellos y los considera una belleza natural, están catalogados y, a pesar de ello, han sido talados.

La sombra es lo que pensamos; el árbol es lo real.

Abraham Lincoln

La Organización de las Naciones Unidas propone que toda la ciudadanía vea al menos tres árboles desde su casa, que las empresas desarrolladoras proporcionen 30% de cubierta vegetal o de copas de árboles en cada barrio y una distancia de 300 metros entre las viviendas y el área verde más próxima. 

La gente sigue talando sus árboles para dar cabida a sus toldos y pisos de cemento, las inmobiliarias y desarrolladoras de vivienda siguen deforestando áreas “protegidas” en todo el estado, mientras el actual gobernador comienza a sembrar árboles con poca probabilidad de supervivencia y en zonas donde serán vistos como hierbas y quizá olvidados hasta la próxima campaña de reforestación, donde se encontrarán ya muertos, pero propiciando un espacio para sembrar otro con las mismas posibilidades.

Referencias

  • https://www.yucatan.com.mx/merida/2024/04/17/yucatan-llega-al-millon-de-arboles.html
  • Vargas-Silva, G. (2019). Biomecánica de los árboles: crecimiento, anatomía y morfología. Madera Y Bosques, 25(3). https://doi.org/10.21829/myb.2019.2531712
  • Trejo Torres J. (2021). Bicentenario de una ley que protegió los árboles en 1821. CICY.

Arquitecto y Maestría en Arquitectura por la Facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Yucatán. 2004 y 2010 Profesor de la Facultad de Arquitectura de la UADY de 2011 al 2017, de la Universidad Vizcaya de las América, del Centro Universitario de Valladolid (CUV) y la Universidad de Yucatán (UNY). Arquitecto responsable de los proyectos de Restauración de catorce edificios religiosos patrimoniales en el Estado de México derrumbados por el sismo de 2017. Asesor en dos proyectos sociales de vivienda en comunidades rurales sobre autoconstrucción asistida (en PLANCHAC 2015 Vivienda Popular como unidad doméstica sustentable; Medio ambiente y cultura) y Construcción de vivienda vernácula (en Tahdziú 2005). Y como Investigador asociado en el área de Seguridad en la construcción en los conjuntos de vivienda en serie del proyecto CONAVI – CONACYT clave 236282 y clave SISTPROY UADY 2015001. (2015 – 2016) Arquitecto copartícipe en la reconstrucción de viviendas destruidas por el sismo de 2017 en localidades de Chiapas, coordinando a estudiantes de Arquitectura participantes. Docente de las asignaturas de taller de materiales, Restauración, Taller de Proyectos y Teoría e historia de la arquitectura regional, Diseño Bioclimático, Así como de diversos cursos de materiales y sistemas constructivos, Técnicas de restauración y Autoconstrucción asistida de vivienda. Actualmente investigador sobre eficiencia en el uso de materiales entre los que destacan la madera, la tierra, la piedra y otros materiales naturales, así como la realización de proyectos arquitectónicos de vivienda.