¿Saben lo que se siente como CUBANO ver un misil antibalístico subir desde tu balcón en DUBAI?
Me levanté a las 6:30 como siempre. El despertador ni lo escuché, ya el cuerpo sabe a qué hora es. Me arrastré hasta la cocina medio dormido, puse la cafetera y mientras el café hacía su magia, abrí la nevera.
Pan integral, un poco de jugo. Nada del otro mundo, pero suficiente. El café salió fuerte, como me gusta, y me lo tomé mirando por la ventana mientras Dubai empezaba a despertar.
Guardé el almuerzo en la lonchera: arroz y frijoles de anoche y pollo que había sobrado. Cerré la casa, bajé, arranqué el carro.
Un día normal.
Llegué al trabajo y ya había movimiento.
Clientes tempraneros, esos que vienen antes de irse a la oficina, con cara de sueño, pero necesitados de que les destranquen la espalda y el cuello.
Empezamos como siempre: saludos, risas, la dinámica de todos los días. Teníamos el estudio lleno, era sábado.
Ese día estábamos con el entrenamiento de los nuevos entrenadores de estiramiento. Yo, como manager, me tocaba estar encima: revisando que aprendieran bien la anatomía, los puntos de presión, cómo hablar con el cliente al estilo japonés, ese balance entre ser amable pero profesional, cercano pero respetuoso. Es todo un arte. Pasé la mañana moviéndome entre camillas, corrigiendo posturas, respondiendo preguntas.
Todo iba bien. Todo iba normal.
Después del almuerzo regresé al estudio con mis compañeros. Estábamos ahí, conversando, organizando la tarde, cuando un cliente que vive cerca pasó y nos dijo algo casual, como quien comenta del clima mi hermano:
—»Parece que se complicó nuestra área”.
Me quedé mirándolo sin entender. No había visto las noticias. No tenía idea de qué hablaba.
Resulta que en las redes corrían rumores de un posible ataque a Irán desde Israel y Estados Unidos. Habían cerrado el espacio aéreo. La gente especulaba. Esas cosas pasan a veces aquí y no pasa nada. Un susto, un rumor, y ya.
Pero esto estaba a punto de cambiar.
Como a la media hora me suena el teléfono.
—Alejandro, me dijeron que me fuera para la casa ahora mismo. Corriendo. Se sintió una vibración muy fuerte en el edificio. Están evacuando todo.
Me quedé congelado.
—¿Cómo? ¿Qué pasó?
—No sé, pero todo el mundo está saliendo.
Colgó.
Sentí algo raro en el pecho. No era miedo todavía, era… confusión. Sorpresa. Estaba a punto de terminar mi turno de todas formas, pero esto era distinto. Les avisé a todos mis compañeros que se cuidaran, que cualquier cosa me escribieran. Agarré mis cosas y salí.
Las calles no eran las mismas.
Carros por todos lados, gente caminando rápido, mirando el teléfono, hablando por el celular. Dubai estaba en alarma total y yo apenas me estaba enterando. Manejé lo más rápido que pude esquivando el tráfico. El corazón me latía más fuerte de lo normal.
Llegué a la casa. Nos calmamos un poco. O intentamos calmarnos.
Se escuchaban cosas a lo lejos. Explosiones. Lejanas, pero explosiones.
Y ahí fue donde el cubano salió: “Voy a buscar unas cervezas”
Si hay que estar encerrado, por lo menos que sea con algo frío en la mano. Salí rápido a la tienda de la esquina, compré lo que pude, volví corriendo, parqueé los carros bajo techo y nos metimos.
El teléfono no paraba de sonar. Mis compañeros del trabajo escribiendo uno tras otro. “Alejandro, el edificio se estremeció fuerte”. “Sentimos una vibración brutal”. “Dicen que cayó algo al frente del estudio”. “¿Cerramos?”. “La gente se está yendo”.
Yo todavía procesando todo, les respondí rápido: “Sí, cierren todo ya y váyanse. Tengan cuidado. Estén alertas con cualquier cosa”. Después se confirmaría que efectivamente algo había caído cerca, interceptado antes de causar daño, pero en ese momento nadie sabía nada con certeza. Solo sabíamos que había que moverse.
Al rato, todo parecía estar mejorando. Las explosiones se habían detenido. Respiramos. Abrí una cerveza.
Entonces me asomé al balcón.
Y lo vi…
Un misil THAAD asere.
Subiendo.
Mira eso es algo que se pueda describir fácil. Es una línea de fuego ascendiendo en el cielo, brillante, violenta, rápida. Como un rayo al revés. El sonido llega después, un rugido sordo que te retumba en el pecho. Nunca en mi vida había visto algo así. Es impresionante. Es aterrador. Te hace agacharte sin querer cuando explota en el aire.
Sale uno.
Sale otro.
Otro más.
Explosiones en el cielo. Las paredes de la casa tiemblan. En la calle, la gente corre.
Mi teléfono suena con la alerta del gobierno: REFÚGIENSE. PERMANEZCAN EN INTERIORES.
Me alejé del balcón. Me senté en el sofá. Abrí la cerveza que había dejado en la mesa. Le di un trago largo.
Necesitaba calmarme. La cerveza no estaba ayudando mucho. El corazón latía muy rápido, era difícil sentarme, estar de pie…
Decidí acostarme. Cerré los ojos. Intenté dormir.
A los pocos minutos, la alarma volvió a sonar.
Más explosiones.
Me levanté de un brinco mi hermano.
Preparé una mochila: documentos, agua, algo de comida, las llaves, el pasaporte. Por si había que salir. Por si esto se ponía peor.
Después de un rato, todo se calmó otra vez.
El gobierno empezó a comunicar.
Mensajes claros, directos: las operaciones militares estaban siendo exitosas, las intercepciones funcionaban, llamaban a mantener la calma.
Me relajé. Un poco.
Me acosté. Esta vez sí me quedé dormido.
A la mañana siguiente, haciendo el desayuno…
Para que entiendan la magnitud
Dubai nunca ha sido atacado así. Nunca.
Esta ciudad lleva décadas siendo un oasis en medio del caos de Medio Oriente. Mientras alrededor todo se complica, aquí la vida transcurre tranquila. Rascacielos, turismo, negocios, gente de muchas nacionalidades conviviendo sin problema.
Es de los lugares más seguros del mundo.
Por eso cuando ayer empezaron las alertas, nadie sabía cómo reaccionar. No hay memoria de esto. No hay un “la última vez que pasó” porque nunca había pasado.
Ver misiles interceptores saliendo desde tu ciudad, escuchar explosiones, recibir alertas del gobierno diciéndote que te refugies… eso no es parte de la vida aquí. Eso es algo que ves en las noticias de otros países, no algo que vives desde tu balcón.
La respuesta que nadie esperaba ver, pero que funcionó a la perfección.
Hay que decirlo claro: el comando militar emiratí respondió con una precisión impresionante.
En cuestión de minutos, los sistemas de defensa antiaérea estaban activos. Los misiles THAAD y Patriots interceptando en el cielo, uno tras otro. Las comunicaciones del gobierno llegando claras, directas, sin pánico. «Permanezcan en sus casas. Las operaciones de intercepción están siendo exitosas.»
Y lo fueron.
Cada amenaza fue neutralizada. Cada intercepción, exitosa. Mientras el cielo se iluminaba con explosiones, abajo el mensaje era contundente: todo está bajo control.
No hubo caos descontrolado. No hubo desinformación. El sistema funcionó exactamente como debía funcionar. Las Fuerzas Armadas de UAE demostraron por qué esta región es una de las más protegidas del mundo.
Aclaración: La imagen la tomé yo desde mi balcón. La estela blanca que cruza el cielo es el misil interceptor THAAD en plena operación.







Responder