“Érase una vez Tenochtitlán”. Entrevista a Alejandro Rosas

Conocía a Alejandro Rosas por su cuenta de X (antes Twitter) y por algunos de sus libros como México Bizarro y la trilogía de Érase una vez México, así que cuando me llegó la invitación para entrevistarlo con motivo de la presentación de su más reciente libro “Érase una vez Tenochtitlán”, en la 14ª edición de la Feria Internacional de la Lectura Yucatán (FILEY) 2026, no podía dejar pasar la oportunidad de hacerlo. Así, llegó el día 14 de marzo, fecha que marcaba en el calendario mi encuentro con Alejandro. Armado de unas cuantas preguntas, pues el tiempo para la entrevista era reducido, me dispuse a esperarlo en la sala de autores donde se realizan estos eventos. A pesar de que era la primera vez que iba a entrevistar a un escritor la verdad que me sentía con bastante confianza y sin nervios, tal vez porque ya lo “conocía” a través de sus opiniones en las redes sociales y por lo amenas que son sus letras en los libros que escribe.

La cita era a las diez y media de la mañana; él llegó muy puntual y después de la rigurosa presentación nos dispusimos a tomar asiento en una de las salitas, la más alejada de la puerta para no ser interrumpidos. Después de bromear sobre que éste era su último libro, a lo que él tocó madera (la mesa) y corrigió: el más reciente; inicié con mis preguntas previamente preparadas para el caso.

Pues bienvenido a Mérida, Alejandro. Me interesa que me cuentes, tal como cuentas al inicio del libro, sobre tu primer acercamiento a Tenochtitlán. Mencionas que tu papá fue el que te dio el empujón a esto ¿no? Te presentas como quien habla con los muertos, con la historia. Y justamente quisiera que empecemos con eso.

-¿Cómo inicia esta inquietud de divulgador de la historia?

-Fíjate que yo creo que todo tiene que ver con mis papás. Mi papá médico, todavía vive afortunadamente, mi mamá también. Mi mamá era una gran contadora, lectora y contadora de historias.

Y desde muy chavos mi mamá siempre nos hablaba de la mitología griega, de la historia universal, de películas de terror. Entonces siempre, siendo todavía muy niños, nos hacía como las versiones para niños. Y mi papá, a pesar de que él era médico y estaba dedicado al cien por ciento a la medicina pues es cirujano, tenía esta vena que le gustaba mucho el mundo prehispánico, particularmente mayas y mexicas.

Entonces yo crecí en ese ambiente y creo que desde ahí se me desarrolló la idea. No pensaba en la divulgación todavía, sino más bien en la historia. Siempre me gustó desde muy chavo y afortunadamente cuando llegué a la carrera, estudié Relaciones Internacionales, tuve la oportunidad de trabajar con Enrique Krauze y con él pasé trece años. Entonces ahí prácticamente me formé. Ahí sí ya con la intención, yo personalmente, de divulgar. O sea, de hacer una historia más digerible para un público general, para un lector general. Porque la academia tiene sus grandes historiadores, sus grandes investigadores y está muy bien ya que yo necesito de esa investigación y de esa academia para hacer mis interpretaciones de divulgación de la historia. Entonces creo que son complementarias. Pero me gusta mucho sobre todo contar esas historias basadas desde luego en un sustento adecuado y una investigación.

-Y entonces dices que cuentas la historia como a ti te hubiese gustado que te la contaran, ¿no?

-Sí, creo que se aplica a todos mis libros anteriores, pero en particular a este. Yo digo que hablo con los muertos porque al final me siento a escuchar lo que dijeron o a leer lo que dejaron. Las cartas de amor, el epistolario personal, los discursos, las notas.

Entonces me convierto en una especie de medium de lo que ellos dejaron. Los escucho, los leo. Por ejemplo, Madero nos está diciendo aquí en sus memorias tal cosa, Porfirio está diciendo esto en las suyas. Juárez le está escribiendo a Margarita esto. Entonces todo eso me permite en un momento dado, convertirme en el medium que lo trae a un lenguaje simple, sencillo, bien contado para el público en general.

Ahora, cuando escribí “Erase una vez Tenochtitlán” pensé cómo me hubiera gustado que me contaran la historia de Tenochtitlán, porque desde luego es complicada. Es complicada porque hay muchas versiones, hay muchos códices. Cada códice responde a un grupo indígena con una supervisión española en algunos casos. Entonces de pronto tienes quizá cinco versiones de un mismo hecho. Que al final eso es la historia. La historia es interpretación.

Entonces había que pensar ¿Cómo sería la manera más fácil de contar? Y fue así como se me ocurrió hacer este ejercicio de divulgación para contar desde cómo se crea el universo de acuerdo a la visión de los mexicas, luego la peregrinación cuando dicen que partieron desde el norte hasta llegar al lugar de la señal. La señal hoy sabemos que en la mitología mexica era el águila posada sobre un nopal. Y luego cómo se desarrolla todo el imperio. Básicamente eso es lo que yo quería contar o escribir como me hubiera querido que me lo contaran a mí.

-¿Esta forma de escribir la tienes enfocada al público general o buscas un tipo de lector específico?

-Es totalmente abierta. Yo no estoy buscando de dieciocho a veinticinco o como vienen los Lego de tres a noventa y nueve años. A ver, yo soy un estudioso de la historia, pero no soy académico. Sí hago investigación, he ido a los archivos, a la hemeroteca, hago historiografía. Yo creo que hay mucha gente que le gustaría estudiar o conocer ciertos pasajes históricos y porque eres abogado, médico, contador, ama de casa, ingeniera o arquitecta, no tienes tiempo y necesitas quizá libros más sencillos para poder tener un rato de esparcimiento y de conocimiento. Eso finalmente es la divulgación.

Yo no te voy a hacer un libro de quinientas páginas o de setecientas o tres tomos para explicarte todo lo que es México Tenochtitlán. Pero creo que en trecientas se puede contar muy bien y lo que yo propongo siempre es que esto sea lo que te desate la curiosidad. Si este libro cumple eso, ya di un paso en la divulgación, porque entonces a la gente que le gustó este tema quizá vaya a la biografía de Cortés, a Miguel León Portilla, a la historia de los mexicas. Y creo que eso es lo que tiene que hacer la divulgación. Das el material, desatas la curiosidad y siembras la semilla para que la gente luego ya vaya a buscar otro tipo de materiales.

-En tus libros cuentas la historia de una forma jocosa, irónica, muy amena, que hace que justamente enganches a cualquier público. Cuéntame un poco sobre esto.

-Es que creo que en México uno de los grandes problemas es que dicen que la historia es aburrida. Creo que es porque la historia en México ha sido tocada por la política en muchos momentos o casi siempre, no hemos tenido una historia al margen de la política. Es difícil pero se puede. Entonces creo que lo importante es que deje de ser solemne.

La historia oficial que nos contaron a través de los libros de texto es muy solemne. Eran personas de carne y hueso, con defectos y virtudes, o sea no había nada que los diferenciara. No éramos ni mejores, ni peores que en otras latitudes. Pero el problema es que le quitaron toda esa parte humana donde te puedes reír, donde te puedes burlar, donde el propio personaje quizá era llorón o quizá era bromista.

Todo eso lo negó la historia oficial. Entonces por eso tenemos esta solemnidad de Don Benito Juárez, Don Miguel Hidalgo, yo me imagino que se llevaban de codazo y de piquete de ombligo Juárez con Melchor Campo con Lerdo de Tejada, que son los cuates con los que se atravesó el país durante la intervención francesa. O Madero en algún momento dado seguramente bromeó con Villa o con sus ministros porque esa es la vida. No tendrían por qué ser solemnes. Hay que humanizar a los personajes históricos.

-Exactamente. Inclusive en tu escritura utilizas frases que se han hecho conocidas en este tiempo contemporáneo, como esa de “Por el bien de todos, primero los dioses” o “No hay gobierno rico con pueblo pobre”, lo cual hace muy amena y divertida la lectura.

-También como para que te relajes. Es una historia seria en el sentido de que todo lo que está ahí dicho no es ficción. Ojo, porque la divulgación de la historia no es ficción, no es novela. Claro, te diviertes porque le meto una frase jocosa, quizá un chiste, un sarcasmo. Pero todo lo que yo estoy diciendo en términos de lo que hicieron, lo que dijeron, lo que eligieron, está comprobado. Y pongo las fuentes al final para que si la gente quiere empezar a leer más sobre Cuauhtémoc o Moctexzuma, ahí está.

Entonces, claro, me permito ciertas licencias narrativas pero no históricas. Por ejemplo esos chistes contemporáneos como “Por el bien de todos, primero los dioses” o esa de “No hay gobierno rico con pueblo pobre”. Aplicado a ese momento. Pero la historia que si Axayácatl hizo, que si Moctezuma decidió, que si vendieron, que si atacaron, que si se vengaron, que si el sacrificio, etcétera. Todo está documentado a partir de la investigación que hice para este libro.

-Cuéntame un poco sobre esta investigación. ¿Cómo te acercaste a las fuentes?

-Mira, en primera instancia yo creo que una gran labor de divulgación la han hecho los arqueólogos a través de la revista Arqueología Mexicana. Tienen ya más de 20 años, me parece, con la revista. Es una revista hecha por arqueólogos pero para divulgación.

Hay veces que es un poco complicado porque luego también los arqueólogos ya tienen términos muy de ellos. Ahí viene todo, los dioses, los mexicas, los teotihuacanos, pero también la vida cotidiana, los animales, o sea, todo. Entonces esa fue una de las primeras fuentes.

La otra es la obra que han dejado arqueólogos como Eduardo Matos Moctezuma o Leonardo López Luján, que para mí son como mis dos gurús. Me puse a leer mucho de lo que habían hecho, los textos que tienen, los libros. Y fue así que después de leerlos, ver sus videos, sus entrevistas, y lo pongo en el prólogo, fue lo que me motivó a decidirme a escribir una historia de divulgación que bien, no es mi tema de especialización, pero creo que se podía contar desde el punto de vista de la divulgación. Entonces las fuentes son la revista Arqueología Mexicana, todas estas obras que tienen los arqueólogos y también, afortunadamente, ya hay muchos códices que se pueden consultar con sus traducciones al español de hoy. Y con todo eso fui armando la historia que quería contar. Y creo que terminó cuajando bien.

-Y también otra cosa que me parece importante en los libros que has estado publicando últimamente, es el diseño. Es un diseño muy llamativo donde las imágenes y los colores llaman la atención. ¿Cómo surge esta idea del diseño?

-Bueno, esa es totalmente una idea de la editorial Planeta. Pero lo fuimos ajustando porque originalmente no tenía los dos colores, que es el azul y el rojo. Bueno, sí lo tenía, pero me parecía que eran un azul y rojo que a mí no me gustaba mucho. Y yo les dije que tratemos de empatar el azul y el rojo como era originalmente, como lo utilizaban al interior de Tenochtitlán. Porque hay vestigios arqueológicos que te permiten saber que el azul lo utilizaban, por ejemplo, para toda la parte que era de Tláloc, el dios de la lluvia. Y el rojo era para Huitzilopochtli, el dios de la guerra, el sol, el dios tutelar. Y entonces por eso el libro lo ves en azul y rojo. Y el tono que tú puedes ver en el libro es lo más cercano a como lo utilizaban los mexicas. Se han hecho ya algunas interpretaciones y recreaciones de cómo pudieron haber sido los colores en Tenochtitlán. Y estamos muy cerca con este libro, con las páginas, con las cornizas, de igualar lo que hacían los mexicas en términos de sus colores y algunas imágenes, y lo quisimos poner en el libro.

-Tienes ya una trilogía de “Érase una vez México”. Aquí te quedaste cuando llegan los españoles, los castellanos. ¿Habrá una segunda “Érase una vez Tenochtitlán”?

-Yo creo que sí. No para el próximo año, yo creo que será para el 2028. Será “Érase una vez Tenochtitlán, la caída”. Porque efectivamente éste termina con la llegada de los españoles, pero ahora lo padre del siguiente volumen no es contarte la historia de la conquista como siempre, desde la perspectiva de los españoles, sino al revés. Igual, siguiendo la línea de “Érase una vez Tenochtitlán”, contarla desde lo que pasaba, lo que se pensaban, lo que sentían, lo que decían los señores de la nobleza tenochtca que no estaban de acuerdo con Moctezuma, su hermano Cuitláhuac, qué pasó con Cuauhtémoc. Todo desde su perspectiva. Entonces sería el complemento para terminar hasta la caída de Tenochtitlán solo que esta vez no será una trilogía sino dos volúmenes.

-Y ahora de manera personal me surgió una duda al finalizar de leer ¿Por qué Moctezuma siendo Moctezuma el intocable, el intermediario de los dioses, el tlatoani del imperio más poderoso de la epoca, el más guerrero y vencedor. ¿Por qué no enfrentó a Cortés sabiendo que no eran dioses ni tampoco “los corre ve y dile” de Quetzaolcoatl, incluso, sabiendo todos los augurios que venían tiempos oscuros ¿Cómo explicas ese comportamiento de Moctezuma?

-Yo personalmente creo que hay varias razones. Número uno es que los mexicas eran muy generosos con la gente que llegaba. Porque realmente nunca hubo un conflicto directo con los mexicas. O sea, nunca hubo una batalla antes entre mexicas y españoles. Sí sabían que los españoles habían tenido batallas allá en Centla, en Tabasco. Incluso antes de ser sus aliados, los tlaxcaltecas habían tenido tres o cuatro batallas muy duras  con los españoles, en algunas hasta les mataron algunos caballos. Número dos, creo que él, Moctezuma, tan supersticioso que era quizá llegó a pensar que podían venir de parte de Quetzalcoatl, pero creo que fue su carácter dubidativo. Él no quiso entrar en conflicto directo porque evidentemente hay muchos momentos a lo largo de todo este proceso, en que pudieron haber aniquilado a los españoles. Que quiza hubieran llegado más, desde luego, pero al menos la expedición de Cortés en el momento en que mayor gente tuvo, eran unos 900 soldados y sus aliados talxcaltecas, no hubiera sido difícil eliminarlos pero Moctezuma fue muy respetuoso del hospedaje que siempre brindaban.

Pero es que además la historia de la conquista es la historia del teléfono descompuesto. Imagínate, Marina era la traductora, traduce casi literal lo que está diciendo Cortés pero quizás no lo entiende porque la cosmogonía es diferente. Entonces imagínatela explicando: es que tienen un Dios que se divide en tres, Padre, Hijo y Espíritu Santo; Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo, pero además tienen un acto donde la sangre de su Dios se convierte en vino y el pan en el cuerpo y te lo comes. Entonces imagínate todo eso que Cortés le explicaba así como te lo explicaría un católico quizá hoy en día ¿cómo lo iba a explicar Marina a Moctezuma? A lo mejor ella les decía: háganle caso porque es más fuerte, tiene caballos, tienen armas, pelean mejor o huelen muy feo, ve tú a saber qué. Hay que partir de tratar de entender eso, no fue tan fácil. Hay una frase por ahí de Moctezuma cuando está hablando con Cortés donde le dice prácticamente lo típico del mexicano “estás en tu casa”  y Cortés se agarró literal de ahí para decirle a Carlos V que dicen aquí que esta es nuestra casa. Obviamente era una cortesía. Porque Moctezuma le dice a Cortés: yo sé que esto puede ser de tu señor, pero yo gobierno en su nombre y hazle como quieras. Y ahí va a venir el desencuentro. Pero creo que mucho tiene que ver la comunicación de quién sabe que dijo Marina, quién sabe cómo interpretaba ella lo que le decía Cortés y también quién sabe cómo interpretó Moctezuma esos primeros intercambios de palabras.

-Yo creo que diste con el clavo, justamente lo importante es la comunicación y creo que para comunicar historia este es un buen ejemplo, porque tu libro nos hace divertirnos, nos hace conocer la historia, nos hace acercarnos a nuestra propia historia como mexicanos. Para finalizar solo me gustaría que nos hicieras una invitación a leerte ¿Por qué crees que es importante leer tu libro?

-Mira, hoy que la peregrinación ha llegado hasta Mérida para la FILEY, estamos de placer porque los mexicas se pasaron del Valle de México y hoy estamos aquí en la Península de Yucatán. Mira, generalmente uno ve todas estas culturas mayas, olmecas, zapotecas, separadas, pero yo creo que los mexicas resumen perfectamente todo lo que fueron todos esos pueblos, porque ellos van juntando un poco de todo por donde fueron pasando. Entonces yo invito a la gente a que se acerque al libro para que veamos desde otra perspectiva nuestro pasado indígena, no desde una ideología o política, sino que son historias muy interesantes, de ahí venimos, al menos una rama de todas las que forman al mexicano actual, venimos de esos tres mil quinientos años de historia.

-Pues Alejandro, te agradezco mucho, bienvenido a Mérida o como diría Moctezuma, a tu casa.

-Muchas gracias, me encanta, gracias.

Y así, con un apretón de manos y el respectivo autógrafo en el libro que nos reunió, me despedí de Alejandro más no de sus letras. Si tienen la oportunidad de leer cualquiera de sus libros no dejen pasar esa oportunidad pues les aseguro que se pasarán un buen rato y seguro aprenderán algo de la historia de México.

Antropólogo social, diplomado en Mediación Lectora. Ha sido coordinador de programas educativos, curador textual, promotor cultural y evaluador de proyectos sobre derechos humanos y de educación superior.