Es miércoles por la mañana. Son vacaciones de verano y aquel día lo había destinado para acudir al taller “El Abrelatas”. Estaba por conocer en persona a Alejandra Flores, a quien conocía solamente a través de las redes sociales. A las diez de la mañana llegué al Café del Ocho (Teatro 8 de octubre). Empujo la puerta para entrar. Alejandra organizaba las hojas, plumas y demás materiales para dar comienzo al taller.
Norma Alejandra Flores es escritora, editora, periodista y gestora cultural. Es una luminaria para quienes inician en la escritura. Su sonrisa y sencillez la caracterizan. Es una de las voces y figuras más activas de la vida cultural en Cancún. En esta entrevista, Alejandra comparte sus inicios con las letras, su formación como escritora y sus emblemáticos talleres que profundizan la libertad de la palabra. Nació en la Ciudad de México, y ha radicado por tres décadas en la Ciudad de Cancún. Llegó al Caribe para plasmar sus palabras en la arena.
Karla Poot: ¿A qué te dedicas actualmente?
Alejandra Flores: Bueno, creo que hay cuatro etiquetas. Soy escritora, editora, periodista y gestora cultural. Nací en la Ciudad de México y llegué a Cancún hace casi 30 años. Llegué jovencita, no tenía hijos, todavía no tenía una pareja. Prácticamente aquí es donde he hecho mi trayectoria.
KP: ¿Se puede decir que tu vida comenzó en Cancún?
AF: No, la vida comienza en la infancia. Con los primeros miedos, con los primeros desafíos, con las primeras pasiones. Y creo que desde ahí es cuando mi alma se conecta con la escritura. Esto que digo acerca de que somos a partir de las historias que nos habitan y de las que somos capaces de escribir en papel, es real. Mi relación con la escritura comienza desde muy pequeña, quizá por ahí de los nueve años. Hago una primera obra de teatro, en un concurso que hay en la escuelita. Y gano el concurso, se monta y me convierto en directora, en escenógrafa y en vestuarista. Y eso se convierte en algo como muy importante. También antes de que saliera de la primaria, un maestro deja que me encargue del estante de los libros. Y entonces me vuelvo una pequeña bibliotecaria que al principio solo acomodaba los libros por su tamaño, pero ya después por género, ya después por autores, por subgénero, sobre particularidades de la temática, en fin. Entonces eso me convierte en lectora y ya después en la secundaria tuvimos una maestra que nos dejaba ir a museos. Cada domingo teníamos que ir a un museo diferente en la Ciudad de México.
KP: ¿Qué edad tenías cuando llegaste a Cancún? AF: Yo tenía 27 años.
KP: ¿Sigues viajando a la Ciudad de México?
AF: Sí, generalmente eso sucede, aunque cuando llego a Cancún y me instalo, pasan siete años antes de que regrese a la Ciudad de México. Hice aquí mis relaciones, mi vida, mi trayectoria. Ahora sí que “quemé las naves” y me quedé acá. No regresé a ver a mis padres, no regresé a ver a mis amigos, no regresé a todo eso que añoraba: los teatros, el cine, la danza, la música, los conciertos. Más bien me concentré en lo que estaba haciendo, que era entonces el periodismo cultural, y me involucré con un montón de proyectos. Entonces no me era necesario regresar, pero la nostalgia siempre va a ser un punto de arraigo. Ahora mi hija está estudiando en la Ciudad de México y trato de verla cada año, cada dos veces al año. A veces viene en diciembre. Nació en Cancún, entonces más bien regresa y le pasa lo mismo que a mí, pero al revés, con Cancún.
KP: ¿Te mudaste sola a Cancún?
AF: Sí, sola, pero ya vivía aquí en Cancún un hermano mío. Tengo dos hermanos, yo soy la mayor. Y entonces mi hermano de en medio ya tenía viviendo tres o cuatro años en Cancún. Él se iba a regresar a la Ciudad de México y me invita a que le ayude con su mudanza. Solo que no contábamos con que él se iba a enamorar y entonces me dijo, creo que ya no me voy a regresar, hermana. Entonces viví un poco ese momento en que no se decidía regresar, y a la vez me preguntaba cómo estaba la oferta laboral aquí. En dos semanas ya estaba trabajando en el periódico Por Esto!.
Trabajé en el periódico durante cuatro años, luego estuve otros tres en otro periódico y unos cuatro más en una revista, y también dirigiendo una gaceta cultural. Al mismo tiempo haciendo radio con diferentes estaciones, estuve en Caribe, FM, en Radio Ayuntamiento, en Pirata, colaboraba con quien me pidiera, con Mix. En Radio Fórmula estuve prácticamente 6 o 7 años.
KP: ¿En el periódico Por Esto! realizabas reportajes?
AF: Sí, fue curioso porque hice mi servicio social en un centro coordinador indigenista en la Sierra Norte de Puebla y mis prácticas profesionales en el Canal 22 en la Ciudad de México. Entonces, este viaje a la Sierra Norte de Puebla me permite conocer once municipios que estaban vinculados a ese centro coordinador; a mí me tocaba hacer el registro fotográfico de los diferentes proyectos culturales que recibían fondos, como el de los danzantes que recibían el recurso para su vestuario y tenía que constatar con imágenes que se había comprado y elaborado el vestuario. Es muy bonito porque los danzantes bailaban para mí, bailaban para que les tomara fotografías.
Cuando llego a Por Esto!, pienso que voy a trabajar en el área de política, y estaba muy entusiasmada, pero en realidad estaban buscando a un reportero de “Sociales y Espectáculos”; entonces dije que no, porque yo hacía reportajes de cultura. Pero me dice quien era mi jefe: “Bueno, en realidad no necesitamos que vayas a hacer fotos de sociales ni tampoco hay como muchas cosas de espectáculos. Queremos que nos ayudes con los reportajes diferentes cada día de la semana. El lunes, por ejemplo, vas a entrevistar a los chefs ejecutivos de los hoteles cinco estrellas de Cancún. Les vas a preguntar sobre su vida y les vas a solicitar una receta. Eso es lo que vamos a publicar en sociales. Bueno, y después queremos que vayas y visites los spas de los hoteles cinco estrellas de Cancún,
que vivas una experiencia en cada uno de esos spas y que luego nos hagas una crónica de cómo fue tu experiencia”.
Decidí que sí me quedaba. Empiezo a trabajar y fue una época hermosa. Viví cosas increíbles en ese periodo. Pero cada vez que me tocaba esperar en cualquier lobby del hotel, estaban los músicos tocando lo que tuvieran que tocar. Y entonces yo aprovechaba y les hacía una entrevista. Son músicos de cover. Son músicos que tocan siempre las mismas canciones todo el tiempo. Son historias tristes porque eventualmente perdieron sus sueños.
El fenómeno fue muy bonito porque les preguntaba lo siguiente: si no tuvieras que tocar covers, ¿qué tocarías?: Recordaban sus propios proyectos musicales, sus composiciones propias, los grupos donde sí tocaban la música que les gustaba tocar. Entonces el periódico creó una página de espectáculos para esos músicos, donde yo contaba sus historias. Con el tiempo, el director de la Casa de la Cultura de Cancún, que entonces era Juan José Morales, empezó a leer las historias de estos músicos y decidió invitarlos para los jueves de concierto. Los músicos no dejaron de tocar en el lobby porque era su chamba, pero tocaban lo que a ellos sí les gustaría tocar en la ciudad. Esto me conectó directamente con la comunidad de músicos y ya después de artistas plásticos. Como entrevisté a muchos artistas plásticos, entonces ya mis notas empezaron a pasar a la página de Cultura.
KP: ¿Cómo ha sido construir una carrera cultural en una ciudad turística como Cancún?
AF: Por fortuna, Cancún no solo es turismo; tiene una ciudadanía que requiere también de servicios culturales, entonces el problema es el tiempo libre, hay que mirar a Cancún como una ciudad que trabaja veinticuatro horas y tiene horarios quebrados, no todo el mundo trabaja ocho horas, pero a veces un día descansa y otro no, y les cambian los horarios y a veces trabajan en la noche y a veces en el día, pero es una ciudad que trabaja muchísimo. Y cuando tienen tiempo libre, ¿a qué lo dedican?, ¿a dónde van?, ¿cuánto dinero tienen para invertirlo en ese tiempo libre? Nosotros, por ejemplo, en LibréLula Editores, hemos vivido de los talleres de escritura durante casi quince años, entonces, ¿es tan difícil? Sí, es difícil llenar un grupo, pero no es imposible.
KP: ¿Podrías compartir sobre los talleres que impartes?
AF: Bueno, empiezo diciendo que Librélula Editores nació en 2012, un proyecto poético de un compañero que se llama Ernesto Vargas, que se acercó a mí para que le ayudara a hacer un libro, y cuando terminamos de hacerlo, me dijo, “¿y por qué no generas un sello editorial que acompañe a otros autores, igual que me ayudaste a mí?” Así que decidí poner en práctica esta idea, entonces nació Librélula Editores.
El taller El Abrelatas nació en 2008, antes que el sello editorial. Yo empecé a dar el taller en la Escuela de Piano de Marcela Battaglia. En aquel tiempo ella me dice: “Oye, ¿por qué no das clases de escritura?” Me dice que escribo muy bien, y que debería de compartir mis secretos. He impartido El Abrelatas en Casa de Cultura, en Fundación Olympus, en Plaza Kukulcán, en el Planetario, en mi casa de manera itinerante, en otras casas. Luego generé un taller que se llama Doce horas para bocetar tu libro, porque ya que tienes toda tu experiencia y tu mano suelta, entonces ahora puedes escribir un libro.
Y después pasas por el taller El ABC escritura, en donde te enseño a escribir un libro, pero ya con técnica. Así es como pasas por El Abrelatas, luego viene Doce Horas y después el ABC. También tengo otro taller que se llama Jacarandas, un espacio femenino para reescribir nuestra historia. Este es un taller que nació hace cuatro años. Jugamos con la ficción y atravesamos con una historia, pero no para que nos derrumbe, sino para que nos empodere. Diseñé una metodología para atravesar ese proceso, y Jacarandas sigue funcionando todos los martes de manera virtual. Puedes compartir, no compartir, escribir, no escribir. Ahí vamos a reflexionar y vamos a compartir cómo está el alma de cada una.
Ahora estoy inmersa en un proyecto que se llama Pilares. Allí creé una metodología que se llama Vuelta de Tuerca. Trabajo con adolescentes de secundaria, unos quince años. La idea es tener muchos juegos, muchas actividades de arte, escritura, lectura, pero siempre vinculado con la lectura. Es un programa financiado por Alas y Raíces, de la Secretaría de Cultura Federal. Hay muchos talleres, los tenemos los viernes; por ejemplo, el taller de ciencia ficción, el taller de cuento infantil, de terror, policiaco y romance.
Librélula Editores es un montón de cosas, un montón de talleres. Ahora son estos dos, y en coordinación con el Instituto se imparten ABC escritura y El Abrelatas.
KP: ¿Qué significa para ti crear estos espacios para escritores y lectores en una ciudad turística como Cancún?
AF: Creo que Cancún sigue siendo una ciudad de personas solas, que se sienten solas, que no tienen muchas redes, o las redes que tienen son frágiles. Personas que hoy podrán estar o sentirse en familia, tener a su esposo, su esposa, sus hijos, pero que no necesariamente se sienten entendidos, comprendidos, acompañados. Para mí la escritura es una manera de abrazar tu propia existencia en compañía de otros que también estén igual que tú.
Yo creo que de todas las personas que conoces en el mundo, las personas con las que compartes un taller de escritura son las que más te conocen, porque ellas están leyéndote, no solo tus palabras o tu corporalidad: están leyendo tu voz, están leyéndote entre líneas. Están conociendo más tu alma que las de tu propio compañero de vida, o tus hijos, o tu mamá, porque somos quienes verdaderamente somos cuando escribimos. Ahí está nuestra alma, y no necesariamente las personas que nos acompañan en nuestro cotidiano están interesadas en escuchar nuestras historias.
Yo sí creo que la palabra te hace libre, que la palabra te da un lugar en el mundo. Creo en el privilegio de la escritura como una herramienta de comunicación. Quienes escriben diarios lo saben, se tranquiliza el alma, se clarifica el proceso, se toman decisiones mucho más acertadas. Sé que también hay muchos talleres en donde se privilegia la técnica, aprender a escribir bien. Yo digo, sí, vamos a aprender a escribir bien, pero primero hay que aprender a escribir con verdad, con verdad verdadera, con honestidad.
KP: Para finalizar, ¿Te gustaría agregar algo más?
AF: Bueno, me gustaría hacer mención acerca de con quiénes haces equipo. Yo sé que mucho de lo que hoy puedo compartir, todo lo que tú ves, tiene como una figura que es Alejandra Flores, la que sale en el cartel, la que guía la clase, etc. Pero no estoy sola. Y eso también es muy importante, porque hablábamos de las soledades de las personas, y también de cuando tú haces equipo, te fortaleces. Y cuando haces una comunidad te fortaleces todavía más. Yo no sería quién soy si no supiera que hay detrás de mí, junto conmigo, de manera paralela, enfrente de mí, arriba de mí, una comunidad. Una comunidad de escritores, pero también de artistas, pero también de gestores culturales. Sé que si voy al teatro voy a abrazar a muchas personas y que esas personas son mi comunidad.
Sé que voy a dar una sesión como la que di hoy, y que voy a abrazar a muchas personas, porque son mi comunidad. Hacer equipo, por ejemplo, con Emilio Calderón, que es mi socio desde hace prácticamente diez años. O con Sariux Luna, o con Andrea de la Torre, o con mi hija, Andrea Melflor. ¿Cómo me muevo si no estuviera ese equipo sosteniéndome? Mandándome el mensaje de las reuniones que tengo, mandándome mensajes de cuáles son las tareas que tengo pendientes, recordando que tenemos citas para resolver determinadas cosas. O sea, la administración de mi tiempo juega a favor de mi trabajo en equipo, no de mi trabajo individual.
En Librélula Editores hacemos dos festivales al año. El festival de El Trompo de Sor Juana Fest, que es en noviembre para celebrar el Día Nacional del Libro en el marco del aniversario del nacimiento de Sor Juana. También hacemos el festival PalibrArte, palabras, libros y arte en Libertad, para celebrar el Día Mundial del Libro, que es el 23 de abril. Ambos proyectos no podrían ser realidad si no hiciéramos un equipo. Tengo un equipo para el festival PalibrArte y un equipo para Librélula Editores.
Siempre hay un equipo con el que trabajo y siempre hace que brillemos, porque los demás también brillan en su momento, en eso que tengan que hacer.










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