Salvar el amor, a pesar de 2020

Si de algo puede estar segura esta generación, es que nunca vamos a olvidar a 2020. Ha sido este un año, cuando menos, cataclísmico.

Puedo parecerle tremendista, alarmista, y todos los “-ista” que quiera agregar. Pero lo vivido hace que ni siquiera nos hayan parecido meses los de este 2020, sino años dentro de un año.

A lo mejor ahora mismo no lo recuerde, pero enero comenzó con una alta tensión entre Estados Unidos e Irán, y no fueron pocos los que se preguntaron si estábamos a las puertas de una nueva guerra.

Mientras la ONU llamaba a la cordura luego del asesinato el 3 de enero del general iraní Qasem Soleimani por parte de Estados Unidos en un ataque aéreo perpetrado en Irak —que derivó en una respuesta con misiles por parte de Irán a dos bases militares yanquis en el país vecino—, el SARS-CoV-2 ganaba fuerza en China.

El 20 de enero se reportaba el primer caso de COVID-19 en Estados Unidos, y el 11 de marzo la Organización Mundial de la Salud declaró a esta enfermedad como una pandemia. Desde 1918 la humanidad no ha vivido algo similar.

Más de 55 millones de casos confirmados y un millón 300 mil muertos después, el mundo ha cambiado, muchos afirman que para siempre. Veamos algunas claves de este razonamiento:

2020 es el año de la cancelación de eventos. Por sólo mencionar uno, nos han faltado las dosis de adrenalina que sólo unos Juegos Olímpicos pueden regalar. La postergación de la cita de Tokio para el verano próximo fue un mazazo a la cordura del movimiento deportivo global.

2020 es el año en el que nos quedamos sin conciertos, estrenos globales de películas, óperas, obras de teatro, galerías de arte, ferias de libros. La cultura toda se ha estremecido.

2020 es el año en el que cambiamos nuestra nariz, boca y barbilla por una mascarilla o nasobuco. Este aditamento, de uso común en algunos países de Asia, acompaña ahora a la mayoría de la humanidad en sus salidas en público. Unos sienten que se sofocan, otros lo asumen con naturalidad. Las marcas han hecho lo que mejor saben hacer y aprovecharon la situación para sacar un dinero extra.

2020 es el año de la pérdida masiva de empleos y una sensible contracción de la economía mundial. Sectores como la aviación esperan recuperar los niveles que tenían en 2019 sólo en el año 2023, con optimismo. Es sólo un ejemplo de la recesión que vivimos y muy pocos se han atrevido a admitir… o asimilar.

2020 es el año en que los fenómenos meteorológicos que conocemos como huracanes o tifones se han exacerbado. En Centroamérica soportaron dos huracanes categorías 4 y 5 en la escala Saffir-Simpson en menos de dos semanas. En Asia, Filipinas quedó arrasada por un tifón y Vietnam se vio partido en dos, ahogada con el agua que le trajo el cielo. Han sido tantas las tormentas tropicales que el alfabeto latino se terminó y tuvimos que emplear el griego.

2020 es el año en el que, siguiendo con un mundo climáticamente más languidecido, el polvo del Sahara se manifestó con una fuerza tal que fue visible en el ambiente durante varias jornadas en naciones como Haití, República Dominicana y Cuba.

2020 es el año de las elecciones más traumáticas que ha vivido Estados Unidos en toda su historia. No sólo resultaron extremadamente reñidas, sino que a tres semanas de celebradas el perdedor todavía no reconocía su derrota, con todas las consecuencias que ello implica. Es este también el año en el que el MAS, en Bolivia, recuperó en las urnas el poder arrebatado por los golpistas en complicidad con la OEA, y en el que hemos visto a Perú nuevamente estremecerse ante una silla presidencial que no acaba de mostrar estabilidad bajo el manto de la sempiterna corrupción.

2020 es el año en el que las nuevas tecnologías salvaron distancias en un mundo socialmente distanciado, a pesar de que las fake news fueron más falsas que nunca. Empero, más que conectarnos, las plataformas de internet tuvieron que acelerar su desarrollo y hasta su infraestructura para soportar un tráfico nunca antes visto. Algunos estudiosos indican que al menos el 80 por ciento de las empresas en el mundo modificaron sus patrones tradicionales para adaptarse a la “nueva normalidad”.

2020 es el año que nos ha mostrado que el bien más preciado es la salud, y que acceder a ella es más complicado de lo que parece. La humanidad ni de cerca cuenta con soporte para atender una situación como la que ha creado un virus de 140 nanómetros de diámetro. El mundo necesita de sistemas de salud más resilientes, y ello sólo se alcanzará con la voluntad de cada gobierno.

2020 es el año de las carreras por unas vacunas que nos devuelvan al mundo de 2019, sin mascarillas, desenfrenado. Los científicos, en cambio, han sido más prácticos: quizá contemos con algunas de ellas en 2021 —Sputnik V y Pfizer se perfilan como las primeras de uso masivo—, pero no van a garantizar que el virus desaparezca.

A pesar de todos estos pesares, no debemos perder la esperanza. Si bien el dolor se extiende todavía en los estadios que nos regalan espectáculos a gradas vacías, los deportistas han hecho de todo por mantenerse en activo.

La cultura ha tomado las redes sociales por asalto para aliviarnos el alma. Los maestros convirtieron sus hogares en aulas, y conexión mediante imparten saberes a quienes hoy empiezan a comprender el mundo.

Quizá la situación política no mejore mucho, pero los meses de confinamiento han puesto a pensar a cerebros que antes estaban demasiado absorbidos por la trepidante rutina diaria. Hoy somos, quiero creerlo así, más capaces de discernir el bien del mal. Hechos recientes, urnas mediante, así lo atestiguan.

La humanidad estaba menos preparada en 1918 y superó esa pandemia de gripe. Quizá la enseñanza que nos deja este 2020 es que lo esencial no está en lo material, que debemos replantearnos nuestro paso por la vida con una mirada más en consonancia con la naturaleza, y querernos más. Hay que salvar el amor, a pesar de 2020.

Licenciado en Periodismo por la Universidad de La Habana. Ha sido reportero deportivo y jefe de la Redacción Multimedia del periódico Juventud Rebelde. Actualmente es el subdirector de Desarrollo de Juventud Rebelde. Como corresponsal del diario ha dado cobertura a los Juegos Panamericanos Guadalajara 2011 y los Juegos Centroamericanos y del Caribe Barranquilla 2018. Fue consultor de medios digitales en la campaña presidencial que dio la victoria a Salvador Sánchez Cerén en El Salvador en 2014. Ha sido conferencista y tribunal de tesis en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana. También ha oficiado como miembro de jurado en varios premios periodísticos de Cuba, como el Premio Nacional 26 de Julio, y el Premio por la Obra del año Juan Gualberto Gómez. Ha sido premiado en varios de estos concursos. Actualmente edita la sección Código Fuente, del diario Juventud Rebelde, dedicada a temas de informática y nuevas tecnologías.