Cuando nacemos y nos abrimos al mundo de la realidad que nos rodea, siempre venimos con una verdad existencial presente. La vida terrenal es efímera y tiene un final seguro que es que vamos a morir y comenzar el tránsito hacia una nueva realidad. En consecuencia, alcanzar una vida larga e intensa de 83 años que cumpliré el día 28 de este mes de julio 2021 que me convierte en un Leo, es un privilegio existencial que, en mi criterio, debo utilizarlo con modestia y generosidad hacia mis coetáneos y principalmente hacia los que vienen detrás, compartiendo experiencias, logros y todo lo que hemos alcanzado en nuestras vidas. En definitiva, nada material nos vamos a llevar porque nacemos sin nada y morimos con nuestra experiencia, con el prestigio logrado y con la sabiduría del estudio y del tiempo transcurrido; y, precisamente no ser egoísta, es traspasarlo a los demás, no llevarnos nada en exclusiva a nuestra tumba que no nos será e de utilidad alguna, porque toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz.
De niño pequeño, mis padres que formaban una familia habanera acomodada y con recursos materiales holgados, me pusieron un preceptor para que me educara, pues nací con una naturaleza enfermiza y caminaba con dificultad. Recuerdo pues que en 1947 un día 28 de julio de mi cumpleaños, mi preceptor que era un maestro normalista de la época, Pastor Bautista, poeta, sabio y un hombre negro cristiano y egregio, escogido por mi padre que era un masón libre pensador contrario a cualquier discriminación racial que abundaba en la época, me hizo un regalo muy singular que todavía conservo un libro: CORAZÓN de Edmundo de Amicis, el “Diario de un Niño”, que fue el primer libro que me leí completo en mi vida; contentivo de las experiencias y vivencia de un niño que nunca olvidaré.
Aquel regalo, ha sido una lección existencial para toda mi vida, primero por el contenido apasionado y humano de aquel libro cargado de realidades existenciales y de un humanismo verdadero. En mi opinión escrito con emoción y realismo, que recomiendo a quienes me lean que le busquen y lo lean; de seguro me lo van a agradecer.
Y en segundo lugar, por la hermosa dedicatoria que mi maestro me escribió, una sencilla y breve lección de vida que nunca he olvidado; y cito textual:
| A mi estimado alumno Félix Sautié Mederos, en el día de su natalicio, José Cabrera Rico. “Un buen corazón vale más que en un tesoro” Por esto creo que este pequeño regalo, era el mejor que podía hacerte. “Por la vida se debe pasar como una humilde mariposa, sin hacer ruido, pero haciendo bien.” José Cabrera Rico. |
Meses después mi maestro del alma, me dio otra lección de vida que incluso tuvo una especial incidencia en mi vivir. Un día cuando llegó, recuerdo que me dijo Voy a hablar hoy con tu padre. En esencias, lo que le dijo a mi padre era que no iba a continuar educándome aislado en una probeta del mundo que me rodea y que debía ponerme en un colegio en contacto con los demás alumnos. Mi padre le hizo caso y en el curso 1947-1948 me matriculó en el colegio habanero de los Hermanos Maristas de la Víbora. Allí comencé hasta el bachillerato; y aprendí a crecerme en mi caminar dificultoso hasta que lo logré controlar plenamente
El egoísmo es un mal existencial, cuyas tentaciones nos asaltan en todo el tiempo que enmarca nuestra existencia terrenal; y, por tanto, debemos rechazarlo, apartarnos de cualquier manifestación. Mi maestro se perjudicó económicamente, en una época muy especial como era La Habana de los años 40 del Siglo pasado; pero hizo lo que su conciencia le dictó; y a eso le debo especialmente. No fue egoísta.
Mucho ha llovido desde entonces y con el tiempo, mucho aprendí con aquellas lecciones que recuerdo con gratitud especial en este período de tiempo final de mi peregrinaje terrenal. Desde entonces a la época tuve muchos maestros en mi vida, pero el recuerdo agradecido de mi Preceptor nunca podré olvidar.
En consecuencia, quiero expresar algunas consideraciones de vida en mis 83 años:
He aprendido que el ejemplo personal debe acompañarnos siempre en todo lo que pretendamos que los demás hagan. Un ejemplo de vida como el que mi maestro del alma me dio en 1947, me ha sido de gran ayuda en todo el tiempo que he vivido.
Ser consecuente siempre, con la generosidad es una norma que se aprende en la educación primaria, pero lo más importante de todo es el ejemplo personal.
No endiosarnos con lo que aprendemos que puede hacernos más sabios, es una prevención constante, porque a veces el saber puede ser errático, cuando nos creemos que somos los únicos ungidos o consagrados. Aquella expresión de que “Por la vida hay que pasar como una humilde mariposa, sin hacer ruido, pero haciendo bien”, puede cambiar definitiva al mundo cruel y egoísta en que estamos insertados.
La cuarta edad, en que me encuentro, también puede ser hermosa y aleccionadora si somos capaces de compartir lo que hemos aprendido y pensar en los demás que nos rodean; pero hacerlo bien en todo momento con el bien existencial por delante.
Estoy agradecido de mi vida y confieso que, aunque siempre le tengo respeto al final definitivo, un cierto miedo, pienso que la nobleza de vida, la lucha por la verdad y la justicia, el compartir con los demás.
He sido un hombre de fe y mi fe me ha dado paz y ánimos para la lucha. Tengo fe en Dios y tengo como José Martí, a quien parafraseo: tengo fe en la virtud y en el mejoramiento humano.
Así he tratado de vivir y así quiero terminar; porque así lo pienso y así lo expreso en mi derecho a opinar con mis respetos por el pensamiento diferente y sin querer ofender a nadie en particular.







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