La impresión de lo rápido que transcurre el tiempo de nuestras vidas y la cercanía del final que nos espera a todos los mortales, a veces nos juega la mala pasada de ocultarnos verdades existenciales que pueden perturbar nuestras vidas si no somos consecuentes con su existencia y con el rumbo que adquiere el movimiento existencial. Hablo de movimiento existencial, porque la vida es una expresión básica del movimiento de la naturaleza.
Se define que el movimiento y su resultante que determina a la vida, constituye, un verdadero peregrinaje existencial de los seres humanos, por su nacimiento, desarrollo y muerte en el que la espiritualidad es un atributo esencial a partir de la capacidad de ejercer el pensamiento abstracto y la acción como especie diferenciándonos de los demás animales, así como de lo vegetal y lo material-mineral.
La espiritualidad, es precisamente nuestro atributo existencial básico que nos caracteriza como seres humanos, lo que en la naturaleza dentro la cual existimos e incluso morimos nos diferencia como únicos, mientras no descubramos la existencia de otros seres inteligentes “alienígenas” en el Universo infinito que nos acoge con la posesión por nuestra parte intrínseca de los dones del pensamiento abstracto y la creatividad.
Precisamente desde el punto de vista teológico, específicamente la planteada “imagen y semejanza de Dios” que como don básico de la vida poseemos en nosotros como seres humanos inteligentes, en mi criterio muy personal, está determinada por nuestra capacidad de ejercer el pensamiento abstracto y de ser eminentemente creativos con la conciencia plena de lo que hacemos y de lo que investigamos.
Además, la espiritualidad constituye el don esencial de la existencia y de su expresión, así como del intercambio de nuestros sentimientos delimitados en sus extremos conscientes e identificados por el amor y su antítesis y contraparte esencial que es el odio.
Mediante nuestra espiritualidad intrínseca es que en el tiempo hemos sido capaces de desarrollarnos civilizadamente desde las cavernas a la época actual; en que estamos decididos a explorar el universo para explicarnos sus misterios existenciales con el propósito de un día cada vez más cercano en que lo recorramos seamos capaces de habitarlo en los otros espacios y planetas en que sea posible vivir.
La cultura y la idiosincrasia que caracteriza y específica a los pueblos y a las etnias que habitamos nuestro planeta tierra, constituye un resultado existencial básico que debemos desarrollar e incluso defender contra todos los peligros que lo amenazan en el tiempo; y, que especialmente en la actualidad son muchos y muy peligrosos.
Los egoísmos, las ambiciones desmedidas y la perversidad que los seres humanos somos capaces de expresar, amenazan seriamente al pensamiento abstracto, a la cultura y a las idiosincrasias propias que caracterizan a la diversidad de etnias y pueblos que habitamos nuestro planeta tierra; que, por cierto, estamos explotando más allá de sus posibilidades y maltratamos intensamente por encima de la conciencia que por esos caminos seremos responsables de su destrucción apocalíptica.
Son muy comunes en la actualidad; y creo muy importante describirlas para su conocimiento y enfrentamiento más efectivo, las inconsecuencias espirituales que niegan y maltratan a los resultados del pensamiento abstracto e inteligente, que endurecen nuestro accionar en la vida, que nos “animalizan” por expresarlo de una forma que sea entendible universalmente; y que nos “materializan” brutalmente con los egoísmos, los odios, las ambiciones de conquista y sojuzgación que determinan el desenvolvimiento de la “explotación del hombre por el hombre” que tanto daño le ha hecho en el tiempo a la humanidad y que en esta época tienen las más disímiles expresiones que incluso por lo general aparecen públicamente con una imagen edulcorada que esconde sus verdaderas perversidades.
En consecuencia, la valoración más efectiva de la importancia determinante que tienen la espiritualidad y su creación esencial que es la Cultura, constituye algo que tenemos que ser capaces de inculcar en nuestros programas educativos formales e informales.
Por otra parte, existen y se ejercitan como tales otras manifestaciones sutiles y/o abiertamente públicas, de destrucción y amenazas de nuestra espiritualidad intrínseca como son la banalidad, la materialización extrema de la vida, las groserías manifiestas y los descreimientos burdos que algunos expresan en su accionar diario y que vienen a ser como unos cáncer enfermizos, que nos corroen día a día y que van desvirtuando nuestra cultura, nuestra idiosincrasia y por ende nuestra espiritualidad básica.
Una expresión concreta de lo que expreso son discriminaciones “raciales” y de género que algunos ponen en práctica para hacer prevalecer sus concepciones esclavizadoras e imperialistas, así como sus modos de vida específicos por sobre los demás que se manifiestan con los menosprecios de etnias y géneros que se consideran “inferiores” y que, por tanto, deben ser “dominados” y/o “esclavizados” en beneficio de élites que se consideran superiores.
En nuestra América, sus pueblos originarios durante cientos de años, han sido y aún son en buena parte víctimas de estas concepciones colonizadoras e imperialistas que amenazan con la destrucción de la espiritualidad. Constituyen en sí ejemplos cercanos a nosotros que tenemos que enfrentar decididamente en pos de la verdad, la justicia y la paz.
En mi opinión muy personal, nunca deberíamos de ver esos crímenes como historias de un pasado que ya han sido superadas, porque quizás esa forma de ver los hechos de la Historia constituye uno de los mayores peligros latentes que nos asechan en un presente en que el Imperialismo y sus aliados con sus centros de pensamiento difunden una cultura “light” que banaliza y neutraliza nuestro espíritu de lucha y de justicia social.
En conclusión, quiero llamar la atención, precisamente desde LECTÁMBULOS de los peligros latentes que en nuestro complicado presente acechan a la espiritualidad a la cultura de los pueblos, en especial los de Nuestra América considerada por el Imperialismo como su traspatio en el que según ellos la supremacía del hombre blanco debe imponerse por sobre todos los demás. Así lo pienso.







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