Tetas, Terra y SloMo

“No sé porqué dan tanto miedo nuestras tetas”, cantaba Rigoberta Bandini el 29 de enero en el escenario del Benidorm Fest. Un festival creado por la cadena de televisión pública, RTVE, que tenía como objetivo “democratizar” la elección de la/él las/los artistas que representarían a España en el festival de Eurovisión. Los criterios de esta elección se supone que serían la calidad de producción de la pieza musical y de la puesta en escena, así como el contenido de las canciones y si este es representativo de la cultura española. Un criterio seguramente difícil de ajustar a la objetividad, entendiendo que España y su complejidad cultural y social, no se dejan representar en una pieza de 3 minutos.

Pero aun siendo este último criterio subjetivo, lo que sí se leía por parte de la dirección de RTVE, era un intento de dejar que un grupo representativo de la sociedad española, hiciera de su subjetividad una voz influyente sobre aquello que creemos que nos puede representar mejor encima del escenario. Los votos se dividían entre un jurado profesional compuesto por 5 miembros (50%); un voto demoscópico formado por una muestra de 350 personas (25%); y el televoto, que registró un total de 192.000 votos a través de mensajes sms y llamadas (25%), durante la emisión de la gala.

Las finalistas fueron, Rigoberta Bandini con su Tema “Ay mamá”, el grupo gallego Tanxugueiras con “Terra” y Chanel con “SloMo”, siendo esta última la ganadora. Su victoria desató una gran polémica mediática que no ha dejado indiferente a nadie, ni siquiera a partidos políticos y sindicatos. Y es que, aun siendo la favorita del jurado, tres votos a favor y dos en contra, el voto popular definía con claridad -y una diferencia abismal en puntuación- a las gallegas y la catalana como las ganadoras. He aquí la indignación de la opinión pública que creyendo tener esta vez algo que aportar, vieron cómo sus voces quedaban una vez más aplastadas por el establishment, por aquellos que tienen la sartén por el mango.

Esta polémica ha llevado a la cadena a revelar los resultados de todas las votaciones y analizándolos, se entiende perfectamente porqué se desató todo este lío. 

Las gallegas consiguieron el 70% del televoto, el 14,5% del demoscópico, y ningún primer puesto por parte de los miembros del jurado profesional. Rigoberta Bandini se colocó primera para dos de los 5 miembros del jurado, tercera en el jurado demoscópico, aunque por una diferencia de tan solo un 0,36% respecto al segundo puesto (13,52%), y segunda con un 18% en el televoto. Y Chanel, la ganadora, que solo obtuvo un 3,97% del televoto, y quedó segunda en el demoscópico con un 13,88%, se llevó la estatuilla, ya que tres miembros del jurado la votaron como favorita. Si hiciéramos las cuentas tomando en cuenta solamente el voto popular, las Tanxugeiras se hubieran llevado la victoria, no por los pelos, sino con una grandísima diferencia.

¿Qué pasó entonces para que ganara Chanel? La pieza que representó la cubana-española, venía promocionada por la discográfica multinacional BMG que no escatimó en gastos a la hora de crear un producto aparentemente redondo. La letra y la música fue compuesta por 5 compositores muy reconocidos en la industria del pop, muchos de ellos trabajando principalmente en Estados Unidos. Y la coreografía fue compuesta por Kyle Hanagami, con una cartera de clientes entre los que se encuentran Jennifer López o Justin Biber entre otros. Todos estos sueldos pagados por una discográfica que se aprovechará sin duda de los derechos que SloMo genere, ya que este año RTVE ha decidido renunciar al 50% de la recaudación que por derecho le correspondería. 

Que este tema me lleve a escribir sobre las mujeres impías, no es casualidad. Si vemos el contenido y la exhibición de las tres piezas, no cabe duda de que SloMo, defendido por Chanel, con una exhibición impoluta y un esfuerzo y talento indiscutibles por parte de la artista, es un producto generado para el mainstream y la victoria. Es un salmo en tiempos de religión, un canto a las reglas del sistema hegemónico, una oración a todo aquello que el patriarcado y el capitalismo nos hacen desear: “la reina, la dura, una bugatti; si tengo un problema, no es monetary; yo vuelvo loquito a todos los daddies; yo siempre primera, nunca secondary.” Una canción que se resume en el poder de una mujer de excitar a los hombres. Y hasta ahí. Y luego por allá vienen las impías, dos piezas que quisieron llevar a Eurovision dos temáticas claras, originales, compuestas por sus cantantes y muy diferenciadas de lo que escuchamos normalmente en la radio. Temáticas que no temen desafiar, que reclaman un mundo que también les pertenece y que no ven representado en la normalidad de su industria. Unas nos traían un canto a nuestras tradiciones y ancestros, mostrando que España goza de una riqueza cultural envidiable gracias a su diversidad, creando un grito en galego en el que se demostraba que nuestras diferencias nos unen y no lo contrario. La otra mostrando una teta gigante en escena, en honor a todas las “mamás” del planeta, dando a reconocer que sin ellas “no habría humanidad, no habría belleza”. Alzando la voz por un género históricamente discriminado, generando la posibilidad de que tal vez, pueda representarse a España con un canto feminista en lugar de con la condición de “siempre estar ready”.

Y esto, a mi parecer, es lo que decepcionó profundamente a los seguidores del Benidorm Fest. Que por una vez teníamos la oportunidad de ser diferentes y mostrarle a Europa que hay mucho potencial en este país, potencial de alzarse por la igualdad y la diversidad, por los valores que nos hacen humanos, por no seguir solo los dictados del más fuerte, sino la posibilidad de forjar nuevas sendas que aspiren a un mundo mejor. Y permítanme este final de canción… ¡Que vivan las mujeres impías!

Nació en Terrassa, España, en 1985. Se licencia en arte dramático en 2010 en el Institut del Teatre de Barcelona y se traslada a Berlín donde trabaja con grupos como Familie Flöz, TheaterAmTisch o Anderplatz Kollektiv. Su última producción es una performance entre el documental social y testimonio personal, Porn Is On, indaga en el mundo de la pornografía en internet, y se convierte en uno de los espectáculos más visitados del festival Temporada Alta en 2019. Paralelamente, trabaja en varios proyectos audiovisuales que le llevan a trabajar con directores como Athanasios Karanikolas y Edward Berger. Su amor por el cine y el teatro surgen en la niñez, convirtiéndola en una ferviente espectadora.