Antes que nada, quiero enviar un gran abrazo y desear lo mejor para este 2023 a todas las personas que amablemente se toman el tiempo de leer lo que escribo en particular y de disfrutar el maravilloso y variado contenido de LECTÁMBULOS en general; a todos ustedes mis mejores deseos y que sea una vuelta al sol llena de éxitos, paz y prosperidad. ¡Gracias!
Inicio mi colaboración de este mes con un tema espinoso, principalmente para los acólitos de la actual administración federal por el caso de la ministra Yasmín Esquivel Mossa, un caso tremendamente difundido por diversos motivos: porque es (era) una carta fuerte del presidente López, porque hubiera generado el “secuestro” del poder judicial en favor de la aprobación a ojos cerrados de las iniciativas gubernamentales y —el más grave, desde mi punto de vista— por el plagio realizado a una tesis de otro alumno de la carrera de derecho, con lo cual obtuvo la licencia para ejercer la profesión.
Este último caso me llama poderosamente la atención, porque, si bien para cuando esto se escribe las votaciones ya se llevaron a cabo y quedó la ministra Norma Lucía Piña Hernández como presidenta de la Suprema Corte de Justicia del País, el caso no puede —o no debería— quedar en agua de borrajas, ya que sentaría un peligroso precedente que afectaría directamente a la educación en México.
Más allá de la connotación ética y moral que conlleva respecto a su desempeño en el ámbito judicial, el haber sido capaz de falsear un documento tan importante como una tesis de grado, pone en tela de juicio la capacidad de ser una persona honesta, con criterio y objetividad, valores necesarios en un área de gran trascendencia social porque los errores se pagan con cárcel; es decir, una falta de ética o de moral al momento de emitir un fallo puede provocar que una persona sea señalada culpable de algún delito sin haberlo cometido o que pierda su patrimonio por una decisión errónea de un juzgador.

Pero, retomando el tema de la educación, dejar pasar un delito de esta gravedad —porque si lo vemos fríamente, el plagio es robo de propiedad intelectual— es debilitar aún más el sistema educativo mexicano, debilitado desde hace décadas por diversas situaciones que abordaré más adelante, ya que dejar este hecho sin sanción podría dar lugar a que más alumnos, principalmente de nivel superior se sintieran seguros de que mientras no sean descubiertos, podrán robar el trabajo de alguien más o peor aún: que se tome la decisión a nivel central de retirar el desarrollo de una tesis como opción de titulación, lo que desde mi punto de vista se generaría implícitamente la perspectiva de que “como hay muchas posibilidades de que los alumnos plagien un trabajo, mejor quitamos las probabilidades de un escándalo a futuro” dando por sentado el ser culpables para “evitar” que se demuestre lo contrario.
La educación actual en México por mucho que el presidente quiera presentar “otros datos” arrastra carencias y deficiencias provocadas por: escasez de infraestructura (en algunas poblaciones aún se debe entrar a caballo y no tienen energía eléctrica), falta de compromiso magisterial (algunos docentes sólo van de martes a jueves porque lunes y viernes lo emplean en trasladarse o de plano ni se presentan), falta de actualización por parte de docentes que consideran el uso de las TIC (Tecnologías de la Información y Comunicación) como una pérdida de tiempo simplemente porque no tienen las competencias adecuadas y las más graves: la barrera del lenguaje y los usos y costumbres pues hay poblaciones donde no se habla español, sino alguno de los diversos dialectos originarios que aún sobreviven en el país y poblaciones donde además de ello los niños a determinada edad deben dejar la escuela para ponerse a trabajar y las niñas “no necesitan estudiar porque su marido las va a mantener”… argumentos terribles en pleno siglo XXI pero muy reales en este México que es la suma de “muchos Méxicos”.

Luego entonces, dar educación de calidad comenzando por la honestidad de los profesionistas, maestros normalistas y docentes en general debería ser la columna vertebral si es que “aspiramos” aunque le moleste al presidente, ser una nación fuerte a nivel social y económico porque todo parte de la educación… sin educación adecuada no hay sociedad que se distinga, por ello me parece que sería un desatino dejar pasar el caso de la ministra Esquivel, como se dejó pasar el caso del ex presidente Enrique Peña Nieto —también acusado de plagio—: en lo oscurito y que se convirtiera en algo más anecdótico que legal.
Habrá que esperar como procede el caso en las instancias educativas correspondientes, porque los de “no robar, no mentir y no traicionar” se enfrentan a una situación donde sí se robó: la tesis de otro alumno; sí se mintió; porque la ministra presentó un documento donde el abogado plagiado aseguraba que la víctima había sido la ministra y no al revés y sí se traicionó: no sólo la confianza del pueblo sino la de “la constitución y de las leyes que de ella emanen” como rezan los juramentos de casi todos las instituciones… ¿Entonces?
El mesías y sus acólitos han tenido muchas oportunidades de hacer valer sus mandamientos, sin embargo, la realidad es que los han amoldado a su gusto y conveniencia dependiendo de quien sea el involucrado y si está dispuesto o no a arrodillarse frente al cacique, en cuyo caso todo sería perdonado.

Aún no dimensionamos o no queremos darnos cuenta del daño tan grande que ha sufrido la educación en México desde inicios del siglo pasado ya que por un lado muchos gobernantes y dirigentes fomentaron un clientelismo y una fuerza electoral de alumnos y profesores procedentes de escuelas de formación, donde la manera más rápida de obtener el título era a través de cerrar carreteras, secuestrar autobuses, realizar plantones y demás actos que no deberían corresponder a profesionistas de esta clase, porque en ellos se forman los futuros ciudadanos, en otras palabras ¿Qué podrían enseñar quienes decidieron no aprender? Quiero aclarar por supuesto que esto afortunadamente no se aplica de manera general, porque hay muy buenos egresados de escuelas normales que han dado todo por la educación y sus alumnos, pero tristemente los que se salen de la norma (de ahí el nombre de estas escuelas) son los que se recuerdan y queda de ejemplo para las generaciones venideras. Mientras no entendamos el efecto mariposa que implica un sistema educativo desatendido, no podremos aspirar a ser mejores de lo que somos hoy en día en el concierto mundial, seguiremos siendo considerados un “país bananero” como quedó de manifiesto en la reciente Cumbre de Líderes de América del Norte 2023, pero esa reunión será motivo de otro escrito.
Hasta la próxima entrega.








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