Ann Tickner: leer el mundo en clave feminista

Siguiendo a Goldstein y Pevehouse (2012), la disciplina de las Relaciones Internacionales se refiere al estudio de las relaciones entre gobiernos del mundo que no pueden entenderse de forma aislada ya que intervienen distintos actores (organizaciones internacionales, multinacionales, individuos) que se encuentran interconectados y donde el contexto de dichas relaciones se halla condicionado por estructuras de políticas públicas, económicas y culturales y en las que la influencia histórica y geográfica son indispensables para explicar ciertos fenómenos.

No es raro que en su evolución disciplinar las teorías explicativas de las Relaciones Internacionales entren en debate dialéctico, el que se comentará a continuación es el debate entre realismo y feminismo.  

En términos generales, el realismo es la teoría que explica las dinámicas de las Relaciones Internacionales en términos de poder. Para el realismo, el poder es definido como la habilidad que tiene un actor para lograr que otro haga algo que de manera voluntaria no haría, también puede entenderse que un actor es más o menos poderoso dependiendo lo mucho o poco que le afecten las acciones del otro.

Como síntesis de este paradigma, Hans Morgenthau, en su obra “Política entre las Naciones: la lucha por el poder y la paz”, formuló los seis principios del realismo político en 1948, presentados a continuación:

  1. La política, al igual que la sociedad, se rige por unas leyes objetivas basadas en la naturaleza humana, la cual es invariable, lo que hace posible elaborar una teoría racional que plasme estas leyes objetivas.
  2. El elemento principal del realismo político es el concepto de interés definido en términos de poder. Éste proporciona un orden racional permitiendo la comprensión teórica de la política.
  3. El interés entendido como poder es una categoría objetiva de validez universal pero no inmutable. El poder consiste en el control del hombre sobre el hombre a través de cualquier medio.
  4. El realismo político es consciente del significado moral de la acción política y la ineludible tensión existente entre la moral y las demandas de la acción política exitosa.
  5. El realismo político rechaza asimilar las aspiraciones morales de una nación concreta con las leyes morales universales. El concepto de interés es lo que permite evitar los excesos morales en los que puede incurrir una nación al tratar de enmascarar sus objetivos particulares mediante su identificación con la moral universal.
  6. El realismo político defiende la independencia del ámbito político. A pesar de que esta corriente de pensamiento está basada en una concepción pluralista de la naturaleza humana, considera que para poder elaborar una teoría autónoma del comportamiento debe centrarse en el estudio del «hombre político», el cual es carente de cualquier tipo de limitación de carácter moral.

Así, de acuerdo con Esther Barbé (2007), la mejor manera de caracterizar el paradigma realista, a partir de lo expresado por Morgenthau es por los siguientes tres puntos:

  • La unidad de análisis para los realistas es el Estado racional y unitario;
  • La problemática de estudio está centrada en la seguridad nacional; y
  • La imagen del mundo se define gráficamente como “bolas de billar” que chocan entre sí, en referencia a que los estados unitarios se encuentran en conflicto constante.

En los ochentas se suman diversas alternativas explicativas de las Relaciones Internacionales, cuestionando directamente al mainstream- también llamado malestream- de la disciplina. Se integran entonces nuevos temas de la agenda internacional que obligan al análisis de coyuntura internacional desde la óptica feminista.

Se examinará la participación de las mujeres en el proceso de toma de decisiones logrando que otros temas torales, como la desigualdad salarial, el trabajo no remunerado, la pobreza, el analfabetismo y la prostitución, sean por fin discutidos.

Ante la diferencia de acceso a la justicia, las autoras feministas observan la existencia de una jerarquía tácita que permite que los derechos de las mujeres sean habitualmente negados (Sarmiento, 2013), haciendo imperiosamente necesario el cambio.

Ann Tickner

En este sentido, Ann Tickner, desafía el marco de análisis realista al comprobar que se encuentra pensado desde una perspectiva estatocéntrica, masculina y excluyente. Así, la autora, en 1988, reformula los seis principios antes comentados en los siguientes términos:

  1. La objetividad, tal y como es definida por Morgenthau, está asociada con la masculinidad, de manera que las supuestas leyes objetivas de la naturaleza humana se basan en una concepción parcial y masculina de la misma. La naturaleza humana es tanto masculina como femenina, por lo que es posible apreciar elementos de dominación, pero también de cooperación y cuidado (1988, p. 437).
  2. El concepto de interés es multidimensional y contingente ya que varía en función del contexto, por lo que no puede determinarse únicamente en términos de poder (1988, 438).
  3. La definición de poder, entendido como dominación y control, no puede ser considerada como universalmente válida ya que privilegia la masculinidad obviando las posibilidades de empoderamiento colectivo a menudo asociadas a la feminidad. En el mundo contemporáneo se requiere la cooperación, en lugar de soluciones suma-cero, en un juego de problemas globales que incluye guerra nuclear, bienestar económico y degradación medioambiental (1988, 438).
  4. Se debe rechazar la separación de política y moral. La búsqueda de poder a cualquier precio en la que el realismo ve el comportamiento característico de los estados proporciona un marco que pretende a toda costa la comprensión de la realidad, priorizando la búsqueda de orden frente a la justicia, lo cual es intolerable para el feminismo (1988, 438).
  5. Reconociendo que no pueden igualarse las aspiraciones morales de naciones particulares con principios morales universales, una perspectiva feminista puede encontrar elementos morales en aspiraciones humanas que podrían volverse la base para desactivar conflictos internacionales y construir la comunidad internacional. (1988, 438).
  6. Una perspectiva feminista niega la autonomía de lo político. Desde que la autonomía es asociada a la masculinidad en Occidente, los esfuerzos disciplinarios por construir una visión mundial no descansan en una concepción pluralista de la naturaleza humana, sino que es parcial y masculina. Los límites construidos alrededor del reino de lo político son estrechos y excluyentes de las preocupaciones y las contribuciones a la mujer. (1988, 438).

En síntesis, es a partir del fin de la Guerra Fría, la crisis de los Estados-nación y la falta de herramientas novedosas de análisis de lo internacional, que Tickner será acompañada por Cynthia Enloe y V. Spike Peterson como las trazadoras de las principales ideas feministas en la disciplina de las Relaciones Internacionales.

Mujeres bolivianas tomando el control de las redes políticas

Es gracias a ellas y muchas más, que el mundo empieza a comprenderse en clave feminista: conceptos como el poder, la guerra y la paz, las desigualdades, la seguridad y los derechos humanos serán reexaminados.

El poder en lugar de ser entendido como dominación, será entendido como la capacidad de concertación; la guerra no será más una alternativa legitima para resolver el conflicto; la seguridad no será lo que los militares entienden, sino que estará enmarcada en la necesidad de abolir las estructuras patriarcales en el escenario internacional… la revolución feminista había llegado.

Referencias:

Barbé, Esther (2007). Relaciones Internacionales. Tercera Edición. Tecnos: Madrid.

Goldstein, J y Pevehouse, J. (2012). International relations. 6a ed. Pearson.

Morgenthau, Hans (1986) Política entre las naciones. La lucha por el poder y la paz, Grupo Editor Latinoamericano, Buenos Aires.

Tickner, J. Ann (1988). “Hans Morgenthau’s Principles of Political Realism: A Feminist Reformulation”. En: Millennium: Journal of International Studies, Vol. 17, Nro. 3, pp. 429-440.

Ronald Ortiz García
Licenciado en Relaciones Internacionales por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), Maestro en Gobierno y Políticas Públicas por la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY), Master en Técnicas Modernas de Dirección en la Administración Pública por la Escuela de Negocios Formato Educativo y la Universidad de Cádiz (becario de la OEA) y doctorando en Política Pública por el Centro de Investigación, Docencia y Análisis de Política Pública (CIDAPP). Tiene diversos diplomados y especialidades entre las que destacan Certificado en Sistemas Integrados de Gestión (Universidad de Cádiz), Diplomado en Evaluación de Políticas y Programas Públicos (Secretaría de Hacienda y Crédito Público), Certificado en Administración Pública y Fiscal (Banco Interamericano de Desarrollo), Diplomado en Derecho Parlamentario (Poder Legislativo del Estado de Yucatán- UNAM) y Diplomado en Teología, terrorismo y fundamentalismo religioso (Universidad de Salzburgo-ITESO). Se ha desempeñado en diversos cargos públicos destacando su experiencia en diseño, implementación y evaluación de políticas públicas. Asesor y consultor externo en proyectos educativos, culturales y empresariales. Docente universitario y promotor del estudio de las Relaciones Internacionales y las Políticas Públicas en diversos medios de comunicación. Fundador y Director General de Gestión y Vinculación Académica del Centro de Estudios Internacionales del Mayab (CEIM).