A medida que fueron implantando las necesarias cuarentenas y prácticas de distanciamiento social para contener la pandemia, el mundo ha entrado en una gran recesión afectando a las cadenas de producción, al comercio global y a los mercados financieros.

Sabemos que el Covid-19 confinó aún más al ciborg. Pero, aunque confinar por definición es contrario al territorio, a pesar de que el miedo al contagio y el deseo de la inmunidad contraen al cuerpo y lo imposibilitan para hacer comunidad… la tecnología también se expresa como una oportunidad.

La discriminación contra mujeres lesbianas, hombres gays, personas bisexuales, trans e intersexuales (y el plus), se arraiga socialmente, se manifiesta a través de la historia y cultura y se perpetua con actitudes permisivas e incluso complacientes de la sociedad y del gobierno.