En las tradiciones pedagógicas que el magisterio yucateco resguarda en sus anales hay una característica particular que lo distingue, y esta es el hecho de que han sido las maestras y maestros a lo largo del proceso histórico educativo los actores fundamentales que guiaron y guían el rumbo de la enseñanza. La toma de decisiones y, sobre todo, la repercusión directa en los contenidos a enseñar ha encontrado siempre en Yucatán la activa participación de las mujeres y hombres comprometidos con el derecho de saber y conocer que todos los seres humanos tenemos.
Ideas, sueños y proyectos se han reflejado en una vasta tradición escrita, que hoy conocemos como cultura escolar y que diferencia de manera sobresaliente la actividad docente en nuestra entidad, pues la edición de revistas, de métodos de lecto-escritura, de técnicas de enseñanza de las ciencias sociales-humanidades y las llamadas ciencias exactas, entre otros temas, así como de libros y periódicos pedagógicos han dado pie a una producción permanente de obras cuya repercusión en las aulas es tangible si se revisa con minuciosa precisión las historias de vida del profesorado y de los centros escolares.
Para ella, sus ejemplos naturales fueron don Aristeo Vázquez Delgado y doña Julia López, destacados miembros del magisterio, así la maestra Effy Luz Vázquez López era profesora desde mucho antes de graduarse en la Escuela Normal de Educación Primaria “Rodolfo Menéndez de la Peña”. Con sacrificios aprendió los menesteres del quehacer del profesor, cuando acompañaba las labores de enseñanza que ejercían sus familiares, así como en los diferentes meses y años en que radicó junto a ellos en los pequeños cuartos que ocupaban anexos a las escuelas donde realizaban sus labores profesionales.
Ella conoció ese gran sacrificio que significa dejar de lado las comodidades y el pretendido bienestar basado en la materialidad, para dedicarse a la noble misión de llevar el conocimiento y la oportunidad de crecer espiritual e intelectualmente como la educación ofrece a los infantes, ella junto a sus familiares recorrió las más importantes poblaciones de Yucatán, para el cumplimiento de los mandatos de la Revolución Mexicana. En especial el establecido en el artículo tercero constitucional que estipula como un derecho y una obligación: el mandato de la educación.
Nos congregamos en torno a esta tradición, representada por quien, a mi juicio, es una de sus principales exponentes; la maestra Effy, quien nos regala un poco más de su conocida producción literaria y pedagógica, y nos permite reafirmar que son los maestros y las maestras quienes marcan el rumbo educativo de Yucatán.
Pero no pretendo repetir lo que en otros espacios y momentos he dicho de la maestra Effy, no repetiré que hace ya más de 25 años escuché por primera vez de ella, en una de las tantas tardes y noches que pasé junto a sus nietos Arón y Fausto, y otros amigos, en la casa de la calle 69 con 76 del Centro Histórico de nuestra querida Mérida. Mucho menos redundaré en que pude constatar cada una de las referencias a su humanidad, alegría y bonhomía que a diario ofreció a quien convivió con ella.
Tampoco viene al caso decir que predicó con el ejemplo, que su andar por la vida lo hizo con desapego material y mucho apego sentimental, repartiendo afecto a propios y extraños, haciendo suyos a las hijas e hijos de quienes laboramos con ella, al igual que hizo suyos los problemas que nos aquejan. Lejos de tener una fórmula mágica para restaurar la armonía espiritual de quien sufre, nos ofreció siempre la sabiduría de quien ha caminado todos los senderos que esta vida nos pone enfrente, y siguió tan alegre como la primera vez que la escuché reír en alguno de los muchos cafés que visitamos a lo largo de estos años, no hay en ella rasgo de desánimo ni esperanza fallida. Y sé que dije que no diría lo que ya dije, pero hay que reiterar que la maestra Effy es merecedora de cada una de las medallas y homenajes que se le confirieron, sobre todo, la medalla de la vida, que le otorgamos quienes aprendimos y aún aprendemos con su ejemplo a ser un poco más humanos cada día.
El libro “El magisterio y la vida en verso y prosa”(publicado por el SNTE en su colección Palabra de maestro, en 2023), recopila una parte de la producción literaria y pedagógica que en sus últimos años de ejercicio docente y escritura la maestra Effy creó con el único fin de comunicarse con las y los estudiantes de todos los niveles educativos y, principalmente, con sus compañeras y compañeros docentes, para que en el ejercicio de la profesión, puedan circunscribir en sus planes de trabajo un poco de humor, identidad y regionalismo, incluidos en los textos reunidos en la obra referida. Algunos de ellos fueron publicados en la prensa local o en revistas culturales y educativas, otros más esperaban el momento justo de salir a la luz y ser compartidos, y de todos los textos podemos decir que sus temáticas van desde el trabajo del docente, la mujer, la economía y sus repercusiones familiares, la migración, la familia, la educación, la lengua, la cocina, la oralidad, la historia, la infancia, el teatro regional, las costumbres, los protagonistas históricos y las referencias personales de la maestra Effy sobre sus influencias literarias, entre muchos otros temas.
La identidad y la memoria son dos elementos primordiales en los escritos copilados en la obra que nos reúne, y la maestra Effy lo asumió así, al caracterizar sus obras, en el marco general de la identidad yucateca, con el toque especial de elementos como el bilingüismo. Y es preciso recordar que la literatura es un reflejo de la identidad, no es en sí la identidad, pero resguarda manifestaciones específicas que permiten identificarla según la región o país donde se produce; es decir, expresa los rasgos particulares que las prácticas, el lenguaje y las ideas que se tienen en determinadas geografías, dando lugar a lo específico que las distingue. “El magisterio y la vida en verso y prosa”, contiene estos aspectos y los recrea mediante las experiencias personales de la autora, dándole un sello personal y autobiográfico.
La memoria se refleja mediante la oralidad, las tradiciones recreadas y los tiempos históricos expresados en el desarrollo de los temas contenidos, pero, en este caso, la memoria no debe entenderse en sentido negativo como algo pasado y ya sin mayor uso, sino que debe mirarse como praxis; es decir, la memoria es el motor de los pueblos que se reivindican a sí mismos, que son conscientes de su historia e identidad y, de forma consciente la defienden, reproducen y modifican en perfecta dialéctica social, confrontándose a los cambios globales que atentan contra los componentes tradicionales de una u otra sociedad.
Costumbres, comunidades, pinceladas de humor, diálogos con profundo contenido pedagógico, escritos de forma sencilla pero eficaz, nos ofrece la maestra Effy, en los más de sesenta textos que componen la obra comentada. “El magisterio y la vida en verso y prosa”,en sus páginas, posibilita adentrarnos a una diversidad de temas que ponen a la mano del lector la oportunidad de conocer concepciones y formas lingüísticas que se articularon como recurso didáctico para ser empleados en el nivel básico de educación. Aunque esto último no sea exclusivo, pues la profundidad de los mensajes es perfectamente susceptible de análisis especializado por investigadores de la literatura y el discurso, o por profesores y estudiantes de niveles superiores de educación.
La maestra Effy nos llama la atención para que recobremos el hábito no únicamente de la lectura en el aula, sino de la valoración de la literatura como un elemento formador y transmisor de experiencias y conocimientos. Implícitamente nos recuerda cuando las generaciones anteriores se formaban para ser docentes, utilizaban de manera decidida recursos literarios para su aprendizaje mediante estrategias de instrucción. Ahora esa práctica se ha relegado de las aulas, en el nivel básico no es tan común su utilización y en los niveles superiores mucho menos, por ello, la invitación de la maestra Effy es urgente, sería un error dejar pasar la oportunidad que tenemos gracias a materiales que ella misma produjo y publicó en los últimos años como “La literatura yucateca en el aula”para retomar esas prácticas docentes.
En realidad, la trayectoria de la maestra Effy ha sido permanente en este sentido, sus libros anteriores van en la misma dirección, por ejemplo, “El teatro en el aula”, que reúne obras regionales, tiene esa misma intención; la de dar a los docentes y a las y los estudiantes herramientas que les permitan poner a su servicio una serie de recursos literarios para la formación de los educandos.
La sencillez de su escritura no va en detrimento de la profundidad de los mensajes, al contrario, es precisamente esa sencillez, la que ofrece al lector o al público que pudiera presenciar una puesta en escena de estas obras, la utilización de la sensibilidad para desarrollar mediante la lectura o la actuación, una serie de críticas lúdicas, que van hasta lo más profundo de nuestras raíces. La inclusión de palabras, vocablos y otros préstamos lingüísticos, sobre todo de la lengua maya, enriquecen y ejemplifican mejor ese carácter regional y pedagógico que siempre acompañó las obras de la maestra Effy. Las expresiones bilingües, mestizas, sincréticas e híbridas dan muestra del recurso literario de la autora, al mismo tiempo, en que reflejan las expresiones cotidianas de quienes habitamos esta región del sureste mexicano, tan particular la riqueza de la cultura maya, cuya influencia es la raíz de la identidad yucateca.
Para ir terminando, quiero citar algunas de las palabras de la maestra Effy, cuando señala que: “Sin perder nuestra esencia; los maestros, fuera del aula, somos polifacéticos como todos los humanos. Tenemos nuestras vivencias, aficiones, competencias e incompetencias, nuestro círculo social, nuestra familia, grande o pequeña, etc. […] De ahí deriva nuestra imagen como ciudadanos y muchos logran destacar en algún campo de la ciencia o de las artes… En lo personal, ésta es mi cotidianidad y yo la comparto con ustedes en verso y prosa”.
Inscrita en los anales de la historia de la educación, por sus aportaciones pedagógicas y literarias, por sus tantos años de servicio, por su ejemplo basado en la acción concreta, y por muchas razones que hemos expresado en otros momentos y que muchos más han mencionado, la maestra Effy, es representante y continuadora de los mejores valores del magisterio yucateco, que sigue, a pesar de lo adverso, reconfigurándose y reconstruyéndose cada día, mientras conserva y revalora sus mejores tradiciones. Como es su habitual costumbre, la maestra Effy, con sus obras, disfrutó el placer de enseñar.









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