El autoencierro de Emily Dickinson

Emily Dickinson (1830-1886) se aisló por voluntad propia. Cuando apostó por plasmar sus ideas en tinta sobre papel, inició la aventura interior que la convirtió en una de las voces más representativas e inquietantes de la lírica en lengua inglesa de la modernidad.

Era la hija del medio del matrimonio entre Edward y Emily Norcross Dickinson y nació el 10 de diciembre de 1830 en Homestead, distrito de Amherst, Massachusetts. Sólo dos meses antes, sus padres y su hermano mayor Austin se habían mudado para vivir con los progenitores de Edward.

La educación formal de Dickinson fue excepcional para las niñas a principios del siglo XIX, aunque no para la comunidad puritana de Amherst. Después de un breve tiempo en una escuela distrital asistió a la Academia Amherst durante unos siete años, antes de ingresar al seminario femenino Mount Holyoke, donde permaneció un año, el tiempo más largo que pasó fuera de casa.

“¡Me estoy volviendo guapa muy rápido!”, escribió en una carta antes de cumplir 17. “No dudo que tendré multitud de admiradores a esa edad”. Se deleitó en numerosas amistades femeninas, incluidas las que tenía con Abiah Root, Abby Wood, Emily Fowler y Susan Gilbert, quien más tarde se convirtió en su cuñada. Aunque Dickinson nunca se casó, tuvo varios amigos varones importantes, entre ellos Benjamin Newton, de quien recibió una copia de los poemas de Emerson, y Henry Vaughn Emmons, con quien compartió algunos de sus primeros poemas. Hay pruebas de que recibió al menos una propuesta de matrimonio, de George H. Gould, un graduado de Amherst College, que fracasó.

Los años de juventud de Dickinson no estuvieron exentos de confusión. La muerte de amigos y parientes, incluida su joven prima Sophia Holland, generó preguntas sobre la muerte y la inmortalidad. Desde la casa de Pleasant Street, ubicada cerca del cementerio de la ciudad, Dickinson no pudo haber ignorado los frecuentes entierros que luego proporcionaron poderosas imágenes para sus poemas.

A los veinte años, la escritura se volvió cada vez más importante para ella. En una carta a su hermano Austin, que le había confesado a ella escribir poesía, algo que consideraba vergonzoso, reveló algo más significativo sobre sí misma: “Yo también he tenido el hábito de escribir algunas cosas, y me parece que te estás escapando…, así que será mejor que tengas algo de cuidado o llamaré a la policía”. Sus primeros escritos se publicaron de forma anónima durante este período. Las cartas de Dickinson a su hermano también afloran un creciente sentido de «diferencia» entre ella y los demás: «¿Qué nos hace a unos pocos tan diferentes de los demás? Es una pregunta que me hago a menudo”. Esta percepción distintiva se hizo más pronunciada a medida que envejecía y maduraba su sensibilidad poética.

El caso fue que Dickinson cada vez se fue encerrando más. Una teoría del aislamiento apunta a la crianza por padres extremadamente protectores. Otros piensan que se vio afectada por trastornos mentales o incluso por la muerte de personas cercanas a ella. Su reclusión fue el resultado de un mundo privado intensamente vívido que ella sentía que nadie podía compartir o comprender. Llevó su aislamiento al extremo. Llegó incluso a asistir al funeral de su padre desde la privacidad de su dormitorio. Todas estas acciones le permitieron permanecer en propia casa, con escasos contactos con el mundo exterior, durante los últimos veinte años de su vida. De la sala de estar a la cámara personal, donde escribió sin parar ni pensar en el público lector. Eso sí, tenía conciencia de las limitaciones que cercaban a una mujer poeta en la sociedad puritana de la época.

Pedro de la Hoz
Nació en Cienfuegos, Cuba, en 1953. Escritor, periodista y crítico. Premio Nacional de Periodismo José Martí 2017 y Premio Nacional de Periodismo Cultural 1999. Ha publicado una decena de libros de ensayos, crónicas y entrevistas sobre temas políticos y culturales. Colabora habitualmente con medios de prensa de Cuba y México. Pertenece al capítulo cubano de la Red En Defensa de la Humanidad y se desempeña como vicepresidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.