En la memoria de la rosa, eco poético de Irene Duch Gary*

* Texto leído durante la FILEY en la presentación del libro En la memoria de la rosa, antología de la obra de Irene Duch Gary compilada por Rubén Reyes Ramírez.

Recuerdo a Irene y viajo hacia adentro, sonriente, con el abrazo de su mirada gentil; con su voz, fresca brisa de buen humor, y sus palabras, un regalo espléndido con mucho sentido para esta vida compleja, a veces rota, a veces transformadora

Marcela Montero

Irene, mi entrañable amiga, fue una maestra y compañera de muchos viajes filosóficos y poéticos. Desde el corazón quiero mostrarles algunas reflexiones que solíamos hacer, en un intento de interlocución con diversos pensadores que nos inspiraron.

En la poesía de Irene me encuentro en familia, me siento bienvenida; con ella empecé a sentir esa sensación de no solo vivir prosaicamente, como la describe Morin: “la poesía, que forma parte de la literatura y, al mismo tiempo, es más que la literatura, nos introduce en la dimensión poética de la existencia humana. Nos revela que vivimos no sólo prosaicamente –sometidos a la utilidad y a la funcionalidad- sino también poéticamente la Tierra, entregados al deslumbramiento, al amor, al éxtasis. Nos comunica, por medio del poder del lenguaje, con el misterio, que está más allá de lo decible”.

Un tema que destaca en la poesía de Irene es la esperanza, no solo mística, sino activista y crítica de la que nos inspira Freire cuando menciona que la esperanza en sí no transforma la realidad, es necesario educarla y no caer en un optimismo ingenuo y alienado.

La esperanza nace precisamente cuando la sociedad se vuelve sobre sí misma y se descubre inacabada, y empieza a activarse, a tomar conciencia y donde las personas se vuelven agentes de su propia recuperación. La esperanza nos pone en una posición conscientemente ética frente a nuestros problemas.

Les comparto un fragmento del poema “En el fusil atrincherado del crepúsculo,” de Irene pensando en Nicaragua y escrito entre 1982 y 1986.

Iracundo paisaje de universo herido,
arrancado del abismo transparente
en el rostro de los siglos.
 
Amanecer de un camino
en el fusil atrincherado del crepúsculo
 
Atalaya de heroísmos y raíces
sobre la cúpula de tu nombre hecho esperanza.

También encuentro en la poesía de Irene varias veces el elemento de la trascendencia. Y es que la trascendencia (de la que tan profundamente habla Boff) está unida a la esperanza, como un estado permanente de conciencia que nos impulsa a tomar decisiones en terrenos desconocidos y aceptar la angustia de nuestra condición humana.

La trascendencia amplía nuestra libertad, nos proporciona energías para afrontar los desafíos de la cotidianeidad, nos hace más compasivos, generosos y solidarios.

Fragmento del poema de Irene.” Mi palabra se cristaliza” (1982-1986):

A veces, en un inesperado
Intento de trascender
los espacios agredidos
por el silencio de profundas voces,
adquiere vocación.
de luz y de horizonte.
de acompañante etéreo de las sombras
en el amanecer obscuro del camino.

Para Irene la niñez y la juventud eran grandes temas de reflexión desde una visión de justicia, de derechos humanos, de dignidad humana, de solidaridad y sobre todo una reflexión desde la educación liberadora. Ella realizó diversos proyectos educativos con este propósito. Y con sentido holístico para percibir la realidad y actuar frente a ella sin fragmentarla, más bien considerando la complejidad del todo.

Y hablando de proyectos educativos, les quiero comentar que Irene, junto con Rubén Reyes y Paco López, grandes amigos y poetas, coincidieron en diversos espacios laborales y de creación poética. Y fue ahí en las puertas del Olimpo, entre poetas, humanistas y locos y muchas personas valiosas que se fue concibiendo la personalidad de la Escuela de Humanidades de la Universidad Modelo que ha tenido una vida duradera y fértil.

Irene desde el humanismo pudo transitar en todo su potencial, en la otredad, la conciencia despierta, la comprensión sensible y trascender más allá del encuadre, los sistemas y los esquemas, abriendo nuevos y sorprendentes caminos. Si la comprensión es crítica también lo es la acción.

Como dice Montaigne “vale más una cabeza bien puesta que una cabeza repleta”  y es que desde la educación humanista, Irene también sostenía que era fundamental la educación problematizadora, crítica, reflexiva, transformadora y liberadora. Es desde ahí que las personas se educan entre sí, mediatizadas por el mundo, idea profunda de Freire.

La paz, activa, positiva y transformadora es un concepto, un valor que también se proyecta en la poesía de Irene y un rasgo sensible de su personalidad. También la paz del contacto con la naturaleza, de la contemplación, del encuentro colectivo, la paz del agradecimiento.

Quiero también evocar algunas narrativas, frases relacionadas a este libro con las que me siento sensiblemente identificada y me parece que están relacionadas con las ideas que he expuesto. En principio menciono unas palabras que me encantan de Nicole Oms del 13 de enero cuando se presentó este libro por primera vez: “Y su vida es la de una peregrina habitada por un anhelo incesante de abrazarlo todo, un ser sediento de claridades, de palabra desnuda, un ser a quien nada le es ajeno pero que sin embargo sí sufre de saberse, en cierta forma, ajena al mundo y necesitada de bálsamo para atenuar el dolor que esto le provoca. Irene y el mundo; el mundo: un poema, una canción que tiende sus velas blancas hacia la luz”.

Santa laica así dijo Paco López un día saliendo de su casa. Y sus palabras en este libro: “Ella era un ser que traslucía paz y un equilibrio entre su existencia práctica y su tarea de escribir poemas siempre sencillos pero hondos”.

Y también hacen resonancia las palabras de su hijo Manuel que escribe sobre su mamá en este libro y les comparto un breve fragmento: …”siempre de buen humor, transmitía una paz y una serenidad envidiables, era inmensamente cercana, tremendamente humana y generosa con todo y con todos, sabía escuchar a los demás e interesarse en sus cosas de una manera tan especial y agradable que te hacía sentir bien, y además luchó contra las injusticias….”

Y las palabras de Rubén en su estudio introductorio “… ella asumió la experiencia poética, en la vida y la escritura, como territorio íntimo de expresión de los destellos de su vivencia personal de comunión humana y cósmica.  Y agrega Rubén: Por tanto para Irene, según decía, escribir poemas era “una forma de cuidar el alma”

Y finalizo con la segunda parte de mi pequeño texto dedicado a Irene en este libro:

“Mujer, texto y contexto, filósofa, madre cósmica. Santa laica como te dijo Paco alguna vez. Sabia conductora. El trabajo por la educación liberadora, incluyente, la justicia y la paz seguirán siendo nuestros lazos vivientes. También tu poesía, sobre todo tu poesía y la de aquellos a quienes tanto admiraste.

Amiga entrañable

Acaso sobre el arduo bregar de la jornada.
Se adivina, incontenible, la bienaventurada paz
Que nos espera en el límite del tiempo.
Y nos prepara para el encuentro definitivo…
(Fragmento del poema “La señal de nuevas vidas”, Irene Duch Gary. Marzo 1998).

Marcela Montero
Licenciada en Ciencias de la Comunicación con estudios de posgrado en psicología, educación e investigación. Es coordinadora de desarrollo de proyectos en la Escuela de Humanidades de la Universidad Modelo. Se desempeña en áreas de docencia a nivel licenciatura y maestría; diseño curricular, consultoría y capacitación; proyectos de investigación en las áreas de comunicación, y cultura de paz. Co-conductora del programa radiofónico: Versar y Conversar. Realiza voluntariado como coordinadora del Círculo de Pedagogías y Culturas de Paz en la organización GAMIP América Latina y el Caribe, así como en otras asociaciones y grupos ciudadanos. También ha publicado algunos artículos de investigación, textos académicos y narrativos.