Envejecer es un proceso de adaptación a un nuevo entorno

Envejecer es una tarea obligada para todos, pero no existen escuelas que te preparen para asumir ese complejo proceso. La juventud se impone con todos sus encantos y atributos: creatividad, ímpetu, control de la tecnología, entretenimiento, moda, productividad: en fin, modernidad, juventud y éxito van de la mano.

Envejecimiento y población es un tema complicado para cualquier nación, pero para los países subdesarrollados es mucho más complejo, pues la edad adulta trae consigo retos que dependen, en buena medida, de soportes económicos fuera del alcance de la mayoría en esas sociedades.

En el caso cubano, según datos oficiales, alrededor del 20% de la sociedad sobrepasa los 60 años, con una tendencia al crecimiento de esa realidad.

Las causas son diversas: el sistema de salud de la mayor de las Antillas, pese a la grave crisis que vive la nación, sigue siendo gratuito y accesible, a lo que se suma un esfuerzo extraordinario de las autoridades para conservar la atención primaria a todo lo largo y ancho del país —incluso en zonas de difícil acceso—, que resultó en el aumento de los índices de esperanza de vida.

Otra razón es la migración masiva de jóvenes y adultos en edad laboral, con un incremento nunca antes visto en los últimos dos años, lo cual no solo ha afectado el balance poblacional sino también la estructura básica de la sociedad: la familia.

Atrás quedan madres, padres, abuelas y abuelos, lo que significa menos brazos para hacerse cargo de los adultos mayores y por tanto menos disponibilidad de apoyo y cuidado a este sector.

A ello debe sumarse la endeble infraestructura para dar atención a esa gran masa poblacional (entiéndase hogares de ancianos, casas de abuelos, instituciones de atención al adulto mayor), que además de verse resentida en sus condiciones estructurales, no son suficientes para acoger a todos aquellos que por diversas causas han quedado solos y necesitan en el ocaso de sus vidas sentirse amados y recompensados.

La otra causa es una notable reducción de la natalidad en el país.

Los que nacimos en el pasado siglo vamos ya pintándonos de blanco el cabello y directo hacia esa curva que lleva a la tercera edad. Veinte y 21 son dos centurias completamente distintas. La diferencia: la misma que entre el teléfono fijo y los celulares. Nacimos análogos para luego ser rebautizados digitales.

A muchos nos agobia la dependencia de la tecnología, megas y gigas, híbridos, teléfonos y televisión inteligentes. El cambio fue violento, sin márgenes para pestañear. Te adaptas o te adaptas.

Detrás quedó lo que conocimos como grandes avances: el teléfono, soportes como el Beta, VHS… los carteros, las cartas y muchas otras cosas más.

Envejecer es un proceso de adaptación a un nuevo entorno. Implica desafíos sin ventajas aparentes para quien lucha contra el tiempo. Si bien el mito de la juventud realza lo nuevo, a la vejez se le asocia con pasividad, dependencia, debilidad, disminución cognitiva, aislamiento social y otras muchas características negativas.

La discriminación por concepto de edad existe tanto en términos individuales como en barreras sociales que limitan las oportunidades de acceso a recursos. Es importante promover acciones que signifiquen inclusión y respeto hacia las personas mayores.

El verdadero valor de un ser humano no está en su apariencia sino en su aporte a la sociedad y sus logros.

Experiencia y sabiduría es algo que se adquiere con el tiempo. Son muchos los ejemplos de individuos cuyas obras cumbre fueron realizadas en edades avanzadas: músicos, pintores, literatos, arquitectos, como también es verdad que un grupo de ellos alcanzó la fama cuando ya no pudieron saborear el éxito de sus realizaciones.

Cada edad tiene sus pro y sus contras y cada etapa de la vida puede ser maravillosa si sabemos entenderla. Juventud es también una actitud, un estado mental que incluye la disposición individual a seguir creciendo, a continuar creando, a acariciar el tiempo y hacerlo un aliado.

Iván Torres Díaz
Graduado de Periodismo en 1988 por la Universidad de La Habana. Trabajó como reportero en la emisora radial Victoria de Girón, en la occidental provincia cubana de Matanzas y en la COCO, de la capital del país, donde recibió diversos reconocimientos por su destacada labor como reportero en esa planta Seguidamente, laboró durante varios años en la revista de los universitarios cubanos Alma Mater, donde abordó sensibles temas de la vida de las casas de altos estudios en Cuba. Igualmente laboró en el Centro de Información para la Salud del Ministerio de Salud Pública cubano, en el cual encabezó varias campañas de comunicación de bien público destinadas a crear conciencia en la sociedad sobre cómo desarrollar una vida saludable. Fue coautor del proyecto Para la vida, de la UNICEF, por el cual recibió diplomas de reconocimiento de esa organización de las Naciones Unidas, debido a sus aportes en la estrategia de publicidad y comunicación de la campaña, dirigida a sensibilizar a la sociedad en el cuidado de niñas, niños, adolescentes y adultos. Trabajó como editor web en la Agencia Latinoamericana de Noticias Prensa Latina. Actualmente labor como Gestor en la embajada de Trinidad y Tobago en Cuba.