a irrupción en nuestras vidas de la COVID-19, nos ha obligado a repensar cómo romper las barreras imaginarias de las fronteras y las formas de poder continuar la vida en medios de tantos sobresaltos. Desde hace ya más de un año hemos tenido que expandir la frontera de nuestro pensamiento, justamente para hacer desembocar muchas de nuestras ideas en otros planos.

Durante estos últimos meses, ya sea conscientemente o de manera algo forzada, hemos ido reconectado con aquella parte que nos une hacia los demás seres vivos que viven dentro y fuera de nosotros. Al mencionar los seres que viven dentro de cada uno, mi intención no es leerme de manera poética; sino que me refiero a bacterias, virus y hongos que forman parte de nuestro organismo.

Cómo combinar las fiestas decembrinas de manera saludable, pues el 24 y el 31 de diciembre son días que compartimos con la familia la cena y alimentos que no consumimos todos los días...

Iniciamos este año con la firme convicción que la arquitectura y sus diseños crearían nuevos referentes históricos y tecnológicos, que los espacios a nivel individual y colectivo conformarían una mejora en las condiciones de habitabilidad y estabilidad emocional, creíamos, como humanidad, que estábamos preparados para sobrevivir a este mundo.

¡Qué año este que está por concluir! Cada evento que ha sucedido ha marcado pauta de una manera especial en cada uno de nosotros. Pudiera pensarse en un sin fin de problemas no resueltos, en la calamidad de una pandemia que aun azota nuestros tejados o en la valentía de muchos que hoy son el escudo poderoso contra ese virus.

Debemos armar una alternativa de pensamiento donde, los fundamentos de autocuidado, autogestión y Educación para la Salud con concepto de calidad, sean pilares básicos para establecer un enfoque actual de cómo debemos preservar nuestra vida, ya que somos necesariamente actores de la problemática, y además responsables de la solución.

¿Es posible en los tiempos que corren educar fuera del entorno de las redes sociales en Internet? ¿Habrá oportunidades para la aplicación tradicional de la enseñanza en un contexto donde la expansión de la COVID-19 obligó al cierre obligatorio de centros educativos y a la paralización de las actividades docentes en múltiples lugares del planeta?

¿Cómo contrarrestar estos efectos negativos del encierro? La respuesta es muy sencilla, debemos aprender a vivir en esta nueva normalidad e incorporar el ejercicio a nuestra vida diaria y la realidad es que es mucho más fácil de lo que pensamos.