Esta historia tan vieja, tan larga y tan absurda

Paco Ignacio Taibo II

(…) Desde fuera habían seguido con interés el parto de la leyenda. Una historia que tenía como principal protagonista a un escritor mexicano nacido en Asturias. Un gordo bonachón que aterrizó en la aburrida Habana de finales de los ochenta, con espíritu provocador y ganas de hacer algo por Cuba. Paco Ignacio Taibo II —su nombre para las redacciones, universidades y barras de bares intelectuales— trajo a la isla una mochila abarrotada de libros de Tom Wolfe, Norman Mailer, John Reed y Rodolfo Walsh. Con ellos cortejó a un grupo de periodistas para que incursionaran en la corriente del Nuevo Periodismo, bendecido desde los años sesenta como arma de los cambios sociales y culturales en los Estados Unidos. Tras dos semanas de talleres creativos, aparecieron los reportajes que cambiaron de golpe la experiencia entre los lectores y el diario de papel. De la fusión entre técnica periodística y recursos narrativos emergió una forma de decir innovadora, que puso alma a unos textos más creíbles. Al lado de tantas notas sosas y mal escritas, los más osados en el experimento se abrieron camino.

Pero era demasiado novedoso y divertido para ser verdad. Días antes de que Antonio y Marcelo se graduaran comenzó la estampida de los pioneros del periodismo literario. Remontaron vuelo en varias direcciones. Y se llevaron sus antológicas crónicas de viaje y los reportajes de exquisita factura. Quienes intentaron imitarlos y mantener vivo el legado se atascaron en un engendro que fue clasificado en tiempo real como «brujería poética». El ejercicio fallido de reseñar reuniones de gordos con guayaberas, trabajos voluntarios y campañas políticas con un lenguaje de pretensiones literarias. Era obvio que los recién llegados habían apostado por la corriente periodística más efímera en la historia de la prensa cubana. No encontrar ni rastros de esos colegas se convirtió en la primera decepción.

—Me hacía ilusión escribir cerca de Leonardo Padura —se lamentó Marcelo asomado a la redacción de Cultura.

—Se largó en su mejor momento. ¿No te parece extraño? —le preguntó Antonio.

—A lo mejor en esa frase del mexicano nos dejaron una pista.

Marcelo señaló el mensaje de Paco Ignacio Taibo, que algún colega colgó en una pared del Equipo de Cultura, junto a pensamientos, fotos y carteles de cine: «Cuba es el país con mejores periodistas y con el peor periodismo que alguien pueda imaginar».

Antonio observó la galería naíf que tenían ante sus ojos y le respondió a Marcelo:

—Prefiero quedarme con la cita de Wolfe que está justo al lado. La que dice «dejemos que el caos reine… Más alta la música, más vino… Al diablo con las categorías…». Si todo iba tan bien, ¿por qué crees que abandonarían la fiesta?

—Salieron a buscar oxígeno o migraron a la literatura. Leonardo Padura ya estaba listo para dar ese salto —especuló Marcelo.

—En la hemeroteca quedaron sus historias magistrales. Pero fíjate que ninguna toca la actualidad ni con el pétalo de una rosa. No es lo mismo desembrollar la vida de Alberto Yarini, el sultán de los prostíbulos de San Isidro en 1900, que contar la historia de un proxeneta habanero en 1994, con los detalles de esa cloaca sórdida y censurada de la prostitución de estos días —dijo Antonio, para barajar más dudas.

—¿Crees que el periodismo literario sólo vale para narrar el pasado y es inservible para la realidad y la política?

—Yo no dije eso. El problema no es solo de forma. El periodismo es bueno o es malo y punto —respondió Antonio.

(…)

(Fragmento de un libro en preparación que les regalo después de ver un resumen del encuentro de un grupo de periodistas de medios públicos cubanos con el presidente Díaz Canel. Todos me hacen recordar, por su honestidad y valor, aquella observación de Taibo. De manera especial Cristina Escobar-Cris Domínguez y Armando Franco Senén, a quienes les queda más tiempo para darle de una vez la vuelta a esta historia tan vieja, tan larga y tan absurda).

Félix López
Escritor y periodista con más de 20 años de ejercicio en medios de Cuba y Venezuela. Como redactor, investigador y editor de publicaciones como El Caimán Barbudo, Juventud Rebelde, Granma, Patria Grande. Profesor de redacción de textos publicitarios en el Instituto Superior de Diseño de Cuba y de un Taller de Formación de Periodistas en Caracas, Venezuela. Con más de 10 años en Venezuela, dedicado a la investigación periodística, autor de una decena de libros, entre ellos "Dos siglos de mitos mal curados", premio de Investigación Rómulo Gallegos (CELARG, 2010).