Una de las grandes pasiones de mi vida es el futbol, pocas cosas disfruto tanto como ir a jugar, y cuando no se puede, ver futbol. He transitado del fanatismo irracional a disfrutar verdaderamente del deporte, independientemente de los colores de los equipos que se enfrentan; sin dejar de lado el disfrutar las victorias de mi equipo, pero ya con la serenidad de poder admirar el espectáculo independientemente de los protagonistas. Y, en mi más de medio siglo de vida, no he disfrutado más de ver en acción a un futbolista, que a Diego Armando Maradona. Y justamente, el pasado 30 de octubre se cumplieron 65 años del nacimiento del gran Maradona. Océanos de tinta han corrido escribiendo sobre el Diego, sin embargo, no quiero dejar pasar la oportunidad de aportar un pequeño homenaje a la persona, más allá del personaje.
Me parece muy injusto que muchas críticas se hayan centrado en los evidentes defectos que Diego tuvo en vida. Las adicciones a sustancias, los amoríos, los excesos, las actitudes hacia la prensa y a veces hacia algunos aficionados no son cosas que se puedan ocultar. Pero es hasta indigno que se trate de opacar su leyenda haciendo visibles sus errores humanos y terrenales.
En lo futbolístico, he visto algunos jugadores con más magia que Maradona, que eran verdaderos prestidigitadores del juego, como Roberto Baggio, Platiní, Ronaldinho, Zidane, Messi. Y ni hablar de Pelé. Nunca lo vi jugar, pero viendo videos y leyendo y escuchando testimonios de sus contemporáneos, no me queda duda de que no ha habido (y tal vez no habrá) ningún jugador que sea tan completo y perfecto para jugar este adictivo juego. Pero Maradona era simplemente un jugador diferente. Diego era un jugador que tenía una pasión indescriptible por el juego, y que no necesitaba estar rodeado de jugadores extraordinarios, sino que él se ponía el equipo en los hombros y convertía a jugadores ordinarios en superlativos. Era un líder dentro de la cancha, un líder que hacía que sus compañeros lo siguieran hasta donde él los arrastraba y obligaba a dar más, al grado de alcanzar lo que sin él sin duda no podrían haber logrado. Era el tipo de líder que su compañero Jorge Valdano en alguna ocasión describió en su libro sobre liderazgo. Valdano decía que el líder es un seductor, que hacía que los demás lo siguieran con los ojos cerrados. Diego jugaba con una pasión por el juego, como no he visto a nadie más hacerlo.

Mucho se ha hablado de que había una gran diferencia entre Maradona, el personaje y Diego, la persona detrás de ese personaje. Sin embargo, esa dualidad es lo que lo hace, desde mi punto de vista, irrepetible.
Como futbolista Diego no era perfecto, la pierna zurda era mágica, pero la derecha no tenía el mismo hechizo (tanto así que las llamativas rabonas que realizaba eran más un recurso técnico para patear la pelota con la pierna izquierda cuando el balón quedaba a perfil derecho, que un recurso estético), no era un letal cabeceador, le vi fallar penaltis en momentos decisivos, con el paso de los años dejo de ser tan veloz. En más de un equipo fracasó. Sin embargo, más que demeritarlo, esto lo hace más grande. La imperfección que lo hizo tan perfecto en el campo de juego.
Como persona, ya mencioné algunas de las características que hicieron del Dios del futbol una deidad humana e imperfecta.
Confieso que, en mi juventud, con la inexperiencia que solo los años curan, caí en la tentación de juzgar a la persona, dejándome llevar por lo que las masas asumían “era correcto”. Y si, evidentemente hay cosas que no me parecieron en ese momento, como no me parecen ahora; como el consumo de sustancias ilícitas. Sin embargo, hubo cosas que en el pasado critiqué, y que con el paso de los años y con los ojos de un hombre de más de cincuenta años, hoy día valoro y admiro. Como, por ejemplo, aquella cercanía con Fidel Castro, Hugo Chávez y los gobiernos de izquierda latinoamericanos, y el eterno conflicto con la FIFA y sus dirigentes.
La juventud e inexperiencia me llevaron a pensar que Maradona estaba errado en lo que hoy día comprendo no era otra cosa más que estar en contra de los intereses de los grupos de poder, que no buscan otra cosa más que su propio beneficio.
Maradona fue un líder y un revolucionario, y no solo en los campos de futbol. Sin embargo, desde la grama deportiva, cual obra literaria de realismo mágico, Maradona nos dejó en su etapa con el Napoli un reflejo casi irreal de su pensamiento socialista y subversivo: los oprimidos contra los poderosos. El Napoli era un equipo pequeño del sur de Italia, con más penas que gloria. Un sur italiano, que al igual que otros sures del mundo era sinónimo de pobreza y marginación, y el norte era lo opuesto, lo industrial, lo rico, lo poderoso. Los equipos del norte de Italia eran un reflejo de lo que la desigualdad social establecía: los poderosos, los ricos, los que tienen a los mejores jugadores y por ende los que siempre ganaban.

No había mejor escenario: el sur de los pobres contra el norte de los poderosos. La revolución de los oprimidos contra los opresores (norte y sur, que igual en nuestro país, o nuestro continente refleja una amarga similitud). Y Maradona estuvo ahí para enarbolar las causas de los débiles, y con él se sintieron con el derecho a soñar, con el derecho a ganar, con el derecho a restituir lo que la historia les había negado una y otra vez: a ser los mejores. Es por eso por lo que el napolitano siente tanto amor por Diego, no solo por las proezas deportivas que les hicieron ganar por primera vez un campeonato nacional de la Serie A (fueron dos de hecho) y un único título Europeo (la copa UEFA), sino porque Maradona les dio voz y los hizo sentirse valiosos y con la fuerza de dejar de ser los oprimidos a los cuales la historia parecía tenerlos eternamente condenados.
Con la selección argentina de futbol vivió grandes hazañas, no exentas de esta dualidad deportiva-social. Pero el momento culminante fue uno que pareciese que el destino decidió armar una puesta en escena fantástica donde se representase, cual narrativa épica, la nueva emancipación de los conquistados contra los conquistadores, así definió aquel inolvidable juego del mundial de México 86 contra Inglaterra.
Tan solo unos cuantos años antes había ocurrido la guerra de las Malvinas, donde en un intento de recuperar el territorio, el ejército argentino tomó las Malvinas, recibiendo una respuesta militar desproporcionada del gobierno británico que trajo luto a muchos hogares argentinos. Realmente era un enfrentamiento entre David y Goliat, pero en este caso David no tenía ni siquiera una piedra, mucho menos una honda. Intentar pelear contra los ingleses en el plano militar y ganar era una cosa verdaderamente imposible. Pero enfrentar a los ingleses y ganar, para recobrar el honor y tener una emancipación del orgullo cautivo… eso sí que era posible.
Y caprichoso, como solo el destino sabe serlo, decidió que fuera Maradona quien lo hiciera posible. El contexto completo del juego que no solo recobró el honor argentino, sino que inició la leyenda del D10S del futbol.
No podía ser de otra manera: el equipo desde un inicio enfrentó las peripecias que eternamente el desvalido tiene que, creativamente afrontar para salir adelante. Las camisetas oficiales de la marca que vestía a la selección argentina no consideraron algo importante: el clima en la ciudad de México jugando a medio día. El material de aquella camiseta de visita parecía confabular contra el ánimo pampero. Pero cuando los astros se alinean, la magia surge donde menos se imagina. Parte de la leyenda de aquel juego fue que el cuerpo técnico de la albiceleste fue enviado por el entrenador Bilardo a conseguir una alternativa, que fue encontrada en el barrio bravo de Tepito, donde consiguieron camisetas no oficiales (ni originales) más livianas y cómodas, y aprovechando la disposición de las empleadas del Club América, (en cuyas instalaciones estaban hospedados) quienes se dice cosieron a mano los escudos y los números de un día para el otro, se presentaron al juego listos con la primera prueba de que nada podría salir mal ese día.
Y ya en el desarrollo del juego se dio continuidad a aquel libreto escrito con letras doradas por las caprichosas deidades del futbol, donde el héroe alcanzaría la apoteosis y dejaría el plano humano para convertirse en inmortal. Primero con aquella jugada que siempre será recordada como La Mano de Dios. Aquella jugada que en posterior conferencia de prensa donde Diego insistía en que remató el balón con la cabeza y un reportero le dijo “entonces habrá sido la mano de dios”, a lo que Maradona respondió: habrá sido. Aquella mano de dios que levantó grandes reclamos y que, hasta hoy, hay gente que sigue afirmando que fue un gran robo; pero yo me pregunto ¿no es un mayor robo ocupar un territorio que geográficamente ni te pertenece ni se encuentra cerca de tu nación? Un pequeño hurto que vino a resarcir un gran atraco previo.

Pero luego de eso vino la apoteosis, justo el momento en que Diego deja de ser humano y se convierte en el D10S. Aquella jugada donde Diego Armando Maradona anota el mejor gol de la historia de los mundiales, y no solo por la belleza de la ejecución técnica, sino porque parecía que el tiempo se detuvo solo para ver las pinceladas que ese artista pintaba con los botines para plasmar una de las mayores obras de arte deportivas. Aquel gol que selló una victoria no de un juego de futbol, sino de un pueblo herido levantándose contra el imperio orgulloso, y esgrimiendo la afrenta máxima, derrotados en el juego que presumían haber inventado.
Justicia poética, un triunfo en el campo deportivo que valió una restitución de orgullo a una nación que a fuerza de fusiles le habían secuestrado la dignidad.
Ese mismo Diego que en una ocasión, por invitación de un compañero, en 1985 accede a ir a jugar un partido a beneficio de un niño de menos dos años que necesitaba urgentemente una cirugía maxilofacial para poder llevar una vida normal, pero que su familia en pobreza en un pueblo cercano a Napoli no podía pagar. El Club le prohibió asistir a participar en un juego formal, pero él no solo desobedeció al club, sino que encontró las formas de burlar las leyes a favor de los desprotegidos. Fueron a la pequeña villa y en una cancha de lodo jugaron un partido 12 contra 12 sin árbitro. No era un juego oficial, sin las medidas de seguridad, con la gente arremolinada a los alrededores del campo, nada ostentoso, pero lo suficiente para recaudar el dinero que se requería para la operación del niño. Además, Diego pagó el monto del seguro tanto de él como de sus compañeros que la aseguradora exigía. Ese es el Diego que estaba dispuesto a arriesgar su propia carrera, anteponiendo la vida digna de un solo niño a quien ni siquiera conocía, a los intereses económicos de los clubes y las aseguradoras.
Ese es el Diego que me cautivó, el que considero el jugador más influyente y generoso, y el que más admiro de todos los que he visto. El Maradona que bien pudo elegir ser un privilegiado y recibir todas las prebendas, beneficios, lujos y mimos de los poderosos, de la implacable FIFA, de los grandes corporativos, de los gobiernos de cualquier país poderoso; que tan solo necesitaba quedarse callado frente al poder y validar lo que sea que le digan que tenía que validar; eligió mejor ser el Diego, el apestado, señalado, perseguido y vilipendiado, pero que nunca calló frente una injusticia. Aquel que levantaba la voz y acusaba de ladrones y corruptos a los dirigentes de la todopoderosa FIFA, que defendía a los futbolistas, especialmente a aquellos de los clubes pequeños, que no tienen voz. Aquel que siempre fue crítico de su gobierno, que siempre señaló y cuestionó a los presidentes de su nación y que con su total apoyo a los gobiernos de izquierda latinoamericanos señalaba y cuestionaba contra aquellos embargos y presiones imperialistas que venían de los países poderosos económicamente, los nuevos colonizadores, que ahora en lugar de armas esgrimían el dinero para la conquista.
Ese es el Diego que admiro, que es mucho más grande que Maradona. Ese es el Diego que llevará un vínculo y amor eterno con los argentinos y los napolitanos. Ese es el Diego que añoro y me siento un privilegiado porque la providencia me permitió vivir en el mismo espacio y tiempo para no solo disfrutar de su magia con la pelota, sino que me permitió al final, valorar lo importante de su legado: su autenticidad y su espíritu combatiente e inquebrantable.

Muchas gracias, Diego, por toda la magia, por toda la lucha, por todas las alegrías. Muchas gracias por haber elegido mi país para elevarte al olimpo futbolero, de donde nunca bajaste a pesar de tantos que buscaban expulsarte de ahí.
Se te extraña siempre. Donde quiera que estés, feliz cumpleaños mi admirado Diego.
Fuentes consultadas
¿De Maradona u ocurrencia de un periodista? Cómo surgió la inmortal frase «la mano de Dios» https://www.lanacion.com.ar/deportes/futbol/maradona-argentina-inglaterra-mexico-86-nid2376537/
«Ladrones e ignorantes»: todas las peleas de Maradona con la FIFA. https://www.ambito.com/deportes/diego-maradona/ladrones-e-ignorantes-todas-las-peleas-maradona-la-fifa-n5150863
Maradona, el solidario: sus increíbles 27 presentaciones a beneficio. https://www.tycsports.com/al-angulo/maradona-el-solidario-sus-increibles-27-presentaciones-a-beneficio-id567525.html
Maradona y la dictadura: su cruce con Videla y el apoyo a las madres. https://www.eldestapeweb.com/deportes/serie-de-maradona/maradona-y-la-dictadura-su-cruce-con-videla-y-el-apoyo-a-las-madres-2021102910054
Maradona y la vez que utilizó una playera hecha en Tepito en pleno Mundial; conoce la historia. https://www.tvazteca.com/aztecadeportes/maradona-utilizo-playera-hecha-tepito-mundial-1986-conoce-historia-pb-notas







Excelente artículo Martín, muchas felicidades!