¡La Bienal de la Habana va!

Cuando en 1984 se convocó por primera vez la Bienal de La Habana, comenzó a tejerse una historia que situaría a la capital cubana en el mapa de las ciudades cruciales para mostrar, tomar el pulso y debatir los avatares del arte contemporáneo a escala internacional.

La décimo cuarta Bienal está a la vista. Sus primeros compases transcurrirán a partir del 12 de noviembre próximo y se extenderán hasta el 30 de abril del año entrante, bajo principios estructurales y organizativos novedosos y en medio de circunstancias en las que llevar adelante un encuentro de tal naturaleza implica desafiar el mito de Sísifo, para impedir que la piedra, una vez en la cima, nos caiga en la cabeza.

Digo esto porque la 14 Bienal no estará ajena a las precariedades de un país hostilizado, agredido, al que su enemigo histórico ha hecho lo posible e imposible por asfixiarlo material, económica y financieramente, fracturar el consenso nacional y atraerlo nuevamente a la órbita neocolonial. Un país en el que lo anteriormente dicho se torna mucho más grave en tiempos de pandemia. Y ello ha tenido un impacto en la vida cultural, interrumpida por momentos, intermitente, donde los artistas y el arte, y la Bienal misma, han estado en el foco de atención de las campañas mediáticas asociadas a la desmedulación de la nación.

Pero también la 14 Bienal se dará en un país resistente, con núcleos culturales a toda prueba, donde la formación artística no se ha detenido, por el contrario, se ha multiplicado, donde las instituciones culturales funcionan, donde la abrumadora mayoría de los artistas renuevan su compromiso con su entorno social, la ética ciudadana y con la creación misma. Un país donde el pueblo interactúa con las creaciones y exige, goza y se identifica con los procesos artísticos, como lo han probado las Bienales de la Habana.

Al margen de otras consideraciones, el hecho cierto es que la Bienal va, y eso es expresión de la voluntad de una política cultural sólida y en permanente reactualización, de la vocación de servicio de las instituciones culturales y del interés de la comunidad artística cubana compartido con colegas de otras partes del mundo. A esto se refería hace pocos días el poeta Alpidio Alonso, ministro de Cultura al subrayar que “lo más significativo es que cuando nosotros estábamos pensando si hacer o no la bienal, los propios artistas, en varias reuniones, nos exigieron realizarla, porque estábamos dudando si posponerla como ha ocurrido en otras ocasiones por otras razones. Pero los propios artistas pidieron hacerla a como diera lugar; respondemos a ese reclamo”, fueron las palabras de Alpidio.

Ahora, la estructura de esta Bienal en tres experiencias, eufemismo tras el cual se disimula su segmentación en tres etapas, plantea interrogantes en cuanto a su articulación sucesiva. A estas alturas, cuando apenas faltan tres semanas para su apertura, la agenda puntual de cada etapa solo comienza a encontrar asidero público. Ya se sabe que unos 300 artistas y especialistas no cubanos concurrirán al menos a una de las tres etapas del evento.

Tendrá que clarificarse mejor para las audiencias cómo, dónde y qué acento colocar para que los nobles propósitos de la Bienal  no se conviertan en humo y encarnen en discursos y proyectos artísticos palpables y concretos. No hace falta competir con otras Bienales, ni ganar nombres de famosos, pero tampoco se pueden diluir los empeños en proyectos menores, ni en pensar la contemporaneidad como un saco en el que todo cabe. Recuerdo que Lillian Llanes, fundadora de la Bienal, insistía en crear un foco de interés alternativo a los ya existentes, destinado a aquellos artistas que no pasaban por los filtros del establishment internacional. Y que el mayor reto era, la identificación paulatina de los problemas que esto conllevaba, sin pretender resolverlos todos de una vez, sino de forma escalonada.

La 14 Bienal va, es lo importante. El pretendido boicot solo funciona a nivel mediático porque es favorecido por la campaña anticubana que Washington y Miami han impulsado en los últimos tiempos. Los organizadores y los creadores cubanos residentes en la isla valoraron la declaración firmada por intelectuales y artistas de 10 países que apoyan su celebración. Bajo el título  ¡Sí a la Bienal de La Habana!, en el documento, que puede leerse íntegro en el diario mexicano La Jornada,  aparece “el llamado a los creadores de todo el mundo a sumarse en apoyo a este evento que propicia el intercambio respetuoso, solidario y enriquecedor entre culturas y pueblos”, firmada por personalidades como Germaine Gómez Haro Desdier, directora general de Casa Lamm; Claudia Gómez Haro Desdier, directora académica de Casa Lamm; Rafael Pérez, director de Museo MACAY Mérida, Norman Bardavid Nissim, director de Galería 10/10, arquitecto Carlos Véjar, director de revista Archipiélago; y Joel Corrales, Mario Gallardo, Félix Beltrán: artistas visuales cubanos residentes en México.

También han estampado su rúbrica los integrantes del Movimiento Internacional de Muralistas capítulo México, Movimiento de Muralistas Mexicanos; Brigadas Plásticas, México; Claudia Valente, Julio Flores y Pablo Cosentino: artistas, docentes e investigadores argentinos participantes en la Bienal; Pablo González Casanova, Elena Poniatowska, Armando Bartra, Lorenzo Meyer, Gilberto López y Rivas, Bertha Luján, Ifigenia Martínez, Héctor Díaz Polanco, Paco Ignacio Taibo II, John Saxe Fernández, Luis Hernández Navarro, Josefina Morales, Adalberto Santana, Ariel Rosales, Pedro Salmerón, Alicia Castellanos, Laura Esquivel, Elvira Concheiro, Enrique Semo, Abraham Nuncio, Carlos Fazio, Enrique Dussel, Rafael Barajas «El Fisgón», Paloma Saiz, Gabriel Vargas Lozano, Héctor Parker, José Reveles, Iván García Solís, Asa Cristina Laurell, Tatiana Coll, Nayar López Tania Álvarez, Esperanza Lira Saade, Belinda Bernal, Ángel Guerra Cabrera, Consuelo Sánchez, Raúl Díaz, Victoria Guillén, Teresa Castro, Florence Toussaint, Arturo Alcalde, Beatriz Luján, Leopoldo Rodarte, Yuriria Iturriaga, Mercedes Pedrero y Óscar Menéndez.

Siempre habrá que reinventar la Bienal, sin dejar de lado la que sí es una verdadera experiencia, la de los fundadores.  

Pedro de la Hoz
Nació en Cienfuegos, Cuba, en 1953. Escritor, periodista y crítico. Premio Nacional de Periodismo José Martí 2017 y Premio Nacional de Periodismo Cultural 1999. Ha publicado una decena de libros de ensayos, crónicas y entrevistas sobre temas políticos y culturales. Colabora habitualmente con medios de prensa de Cuba y México. Pertenece al capítulo cubano de la Red En Defensa de la Humanidad y se desempeña como vicepresidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.